3/11/10

La Vida Futura



Things to comeWilliam Cameron Menzies, 1936, GB, Raymond MasseyEdward ChapmanRalph Richardson.

La colaboración de una de las personalidades más importantes de la historia del cine británico, Alexander Korda, con uno de los escritores más notables del siglo XX, H. G. Wells, tuvo como fruto esta película, auténtico hito de la Ciencia-Ficción al que el reputadísimo director artístico William Cameron Menzies puso la guinda con su excelso concepto visual en su debut como realizador.

Para entender La Vida Futura es necesario mencionar la figura de Wells, autor del guión que basó en una novela y en un ensayo propios, pues en el filme vuelca todo el ideario que desarrolló a lo largo de su vasta y significativa obra. El control sobre el proceso de rodaje que tuvo el escritor fue tan amplio que hasta se permitió despedir a Ernest Thesiger por no estar satisfecho con la interpretación de éste como Theotocopulos. Sin embargo, no podemos asegurar que su concepción sobre lo que debería haber sido la película coincida con el resultado final puesto que el metraje inicial de 130 minutos se vio reducido a poco más de hora y media. Sin duda este hecho lastra el desarrollo del filme que queda deslavazado por momentos y falto de ritmo, con una evolución argumental episódica y fragmentada y unos personajes carentes de progresión alguna, más bien se limitan a exponer ideas sin llegar nunca a presentar una necesidad dramática y, por tanto, tampoco cierta identificación del espectador con ellos, efecto que se amplifica con las poco atractivas interpretaciones (quizás se salve Margaretta Scott) del reparto, explicando en parte, por ello, el fracaso comercial del film y su relativo olvido.



Los méritos indudables de este filme se mueven en un contexto bien diferente al del desarrollo argumental o interpretación y se sitúan en la prodigiosa fuerza visual que denota y en su mensaje antibelicista y en favor del progreso como instrumento del que la humanidad se puede/debe hacer servir para alcanzar la felicidad. El profético filme que anticipa la II Guerra Mundial comienza con una hermosa secuencia en la que el montaje es utilizado de manera sublime y que tiene continuidad en las excelentes escenas de bombardeos aéreos (Wells también adivinó la importancia de la aviación en las contiendas bélicas) provocando tensión extrema. Después, el relato presenta dos partes bien diferenciadas: en la primera podemos observar la sociedad apocalíptica en la que se organiza la humanidad como efecto de la contienda, un regreso a la Edad Media que se constituye como auténtica distopía. Y en la segunda, encadenada a la anterior con una sucesión de planos en los que el montaje vuelve a ser utilizado de manera práctica y funcional, llegamos a la utopía futurista de la civilización humana. Es en ésta parte dónde más destaca la refinada estética visual de Menzies: los imaginativos decorados de Vincent Korda, la presentación de "gadgets" tecnológicos y los efectos especiales con trucos de fotografía meritorios firmados por Georges Périnal como colofón al desarrollo y al progreso científico-tecnológico de la humanidad pero al servicio del bienestar de la especie, evolución que no debe generar ansiedad y no debe derivar en miedo a que el impacto tecnológico sobre nuestras vidas sea descontrolado o negativo, más bien si los expertos son los encargados de llevarlo a término en una estricta tecnocracia es necesario para nuestra felicidad, según nos indica Wells.

Es en este último sentido como debemos entender la catalogación de La Vida Futura como obra extremadamente importante en el devenir del género de la Ciencia-Ficción en particular y del cine en general: su diseño visual es notable y su mensaje optimista claro (incluso hace referencia a la interacción del ser humano con el Medio Ambiente) a pesar de la inocente y algo tosca exposición del mismo. Producto visionario, no sólo por anticipar la conflagración sino por profetizar los viajes al espacio, el uso del helicóptero, el poder de la aviación en las guerras, los "trenes urbanos", medios de comunicación audiovisuales, etcétera, cuyo estatus de cima y pionero del género está fuera de toda duda.

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