12/11/10

El Bazar de las Sorpresas



The Shop Around The CornerErnst Lubitsch, EEUU, 1940, James StewartMargaret SullavanFrank Morgan.

Exquisita comedia romántica y ejemplo en su máximo esplendor del indefinible pero reconocible Toque Lubitsch: una manera de hacer cine elegante, irónica y sugerente cuya influencia es notoria en gran número de cineastas (Wilder, Bogdanovich) y que se muestra vigente en la actualidad.

Con ritmo fresco y dinámico y apoyándose en su colaborador habitual Samson RaphaelsonLubitsch nos cuenta una historia de gente corriente plagada de sutileza y delicadeza en la que las emociones afloran sin necesidad de recurrir al viso manipulador y almibarado de su innecesario "remake" (Tienes un e-mail, 1998). El gran Lubitsch no tenía que recurrir a semejantes tretas para componer un relato romántico al que las diferentes subtramas dan consistencia y empaque mediante la extraordinaria composición de los diferentes personajes (el fuera de campo es utilizado para definir a Pirovitch, por ejemplo) todos ellos con entidad propia (los conocemos y los entendemos con lo cual despiertan nuestra simpatía o animadversión -el repelente Vadas-), caracteres que exudan humanidad y sinceridad a raudales.

Con una apariencia ligera y una prodigiosa atención al detalle la película avanza con naturalidad fascinante y excepcional buen gusto, consiguiendo que el espectador dibuje una sonrisa en su cara a pesar de narrar temas durísimos como el suicidio o el fin de una relación de pareja y la soledad. El tono optimista del filme resulta conmovedor y mueve a que nos emocionemos, efecto que se amplifica con las magníficas interpretaciones de todo el elenco (Frank Morgan está espléndido, Sullavan da réplica perfecta a Stewart -en la que sería su tercera colaboración-, BressartSchildkraut y Tracy descollan en sus respectivos papeles).

El perfeccionista y meticuloso Lubitsch (llegó a hacerse con un inventario de una tienda de artículos cómo la que reproduce en el film en aras del realismo) firma una obra "navideña" protagonizada por gente de la calle y con evidente aroma teatral (prácticamente toda la acción transcurre en un escenario: la familiar tienda en la que se descubren las relaciones entrañables entre los personajes), auténtico CINE. Ésta pequeña historia que el director esperaba que tuviera encanto es un tesoro cinematográfico a reivindicar y/o a descubrir. Con cada nueva revisión se disfruta más al revelarse la finura en el tratamiento del detalle y en la descripción del medio en el que viven los personajes siendo imposible encontrar ese matiz etéreo que la hace tan excelsa, quizás un cúmulo de ellos, sin duda el Toque Lubitsch.


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