2/10/10

El Secreto de Vivir



Mr. Deeds goes to townFrank Capra, 1936, EEUUGary CooperJean HarlowLionel Stander.

Tildado de blandito y sensiblero por algunos pero con una legión de innumerables seguidores a Frank Capra no se le puede negar el tocar la fibra sensible de los espectadores, como demuestra en esta película. Este mérito que no descrédito para el que suscribe cobra más valor en el momento que contextualizamos su trilogía idealista-americana que comienza con esta obra, prosigue con Caballero Sin Espada y concluye con Juan Nadie; unos ideales sencillos y rectos que forman el corpus del cine del director y que entroncan con el tuétano de la cultura ideológica de los EEUU y cuya exposición se ve salpimentada de comentario social, hecho muy importante para el momento histórico de la Gran Depresión en el que se concibió y produjo la trilogía mencionada. Tampoco hay que olvidar el resto de la filmografía "Capriana" en la que estos temas son recurrentes y tienen un peso importante, aunque elaborados de manera diferente (aparición de elementos sobrenaturales) y en otro contexto, concretamente post-bélico, como puede ser el caso de ¡Qué Bello Es Vivir!.

Los buenos sentimientos, el optimismo y la ilusión (tan importantes y necesarios en aquella época, como se ha resaltado más arriba) se dan cita en este film y la filantropía y los valores constituyentes del ideal de buen americano se encarnan en Longfellow Deeds, un tipo sencillo perteneciente a una comunidad rural, interpretado por un correcto y apuesto Gary Cooper, elección personal del director empecinado en que este actor tuviera el rol principal. Es indudable que este empeño es un valor añadido del film ya que obviando las mayores o menores dotes interpretativas del actor, todos asociamos la imagen de Cooper con el hombre bueno y/o con los valores americanos, digamos, positivos y todo ello bajo una apariencia común (como él mismo comentó "soy un tipo medio del centro de los EEUU"). Una decisión acertada y ello a pesar de que a la productora le costó una cantidad de dinero importante puesto que Cooper estaba inmerso en otros proyectos profesionales y el inicio del rodaje se retrasó hasta que los concluyó.

Con unas cuantas nominaciones a los Oscar y la consecución de la estatuilla por el mismo Capra la película se ha visto refrendada no ya solo por el público de la época (superó en taquilla a Sucedió Una Noche) sino por los espectadores de décadas posteriores que gracias a las sucesivas reposiciones televisivas hemos tenido la oportunidad de disfrutar de este clásico en el que es fácil derramar alguna lágrima. Dos aspectos que quiero pensar son los que hacen adjetivar a Capra como populista, comercial y sensiblero desde determinados sectores, dejando de lado otros aspectos más políticos.

En cualquier caso, y para bien o para mal, en El Sentido de Vivir el mensaje "Capriano" es diáfano y, apoyado en un guión elaborado a partir de una obra seriada de periódico por su colaborador habitual hasta Juan Nadie, Robert Riskin, nos llega en clave de comedia la bondad natural del ser humano, la importancia de su individualidad, el papel clave y activo que debe jugar en las sociedades democráticas y la contraposición explícita entre un mundo rural regido por los principios sencillos del ideario "Capriano" y la ciudad dirigida por valores opuestos. A este respecto Deeds ejemplifica la honradez, el idealismo y el sentido común que son enfrentados con la avaricia, la ambición, frivolidad y falsedad que demuestran los personajes urbanos. Es clave en el devenir de la historia la transformación de la periodista "Babe" Bennett (Jean Arthur y su perfil izquierdo, en el papel que la lanzó al estrellato) quien a través del enamoramiento del inocente heredero comprende lo que este representa y sabe ver más allá de la fachada o del estereotipo que manejan los personajes urbanos frente al pueblerino nuevo rico que parece no entender nada pero que sin embargo resulta ser un tipo que demuestra más sentido común y unos sentimientos más humanitarios que aquellos (a pesar de no dudar en repartir mamporros cuando se siente ofendido o los demás no atienden a razones).

Todo este mensaje moral, idóneo para los años 30, se adereza con una sobria y eficaz dirección apoyada en un buen guión, un diálogo ágil y un ritmo fluido además de unas correctas actuaciones que bajo el manto del cine clásico nos deparan un producto entretenido, para mí lo mejor de Capra con sus virtudes amplificadas, y una excusa ideal para darse un baño de optimismo e ilusión.

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