5/7/08

Y el Mundo Marcha...




The CrowdKing Vidor, 1928, EEUU, James MurrayEleanor Boardman.

Obra maestra del cine rodada en el periodo final (y de madurez) del mudo por  King Vidor que un par de años antes al realizar El Gran Desfile había conseguido el crédito necesario cara a los estudios para poder desarrollar una película precursora del neorrealismo italiano, impregnada, por tanto, de realismo social (es la primera película americana en mostrar un cuarto de baño con su taza correspondiente) y que, en parte, anuncia la Gran Depresión de los años 30.

Con una influencia estilística notable del expresionismo alemán (puesta de relieve en la escena de la muerte del padre del protagonista) e influyente, a su vez, en la filmografía de otros directores (visible en Billy Wilder y El Apartamento, no en vano este director consideraba The Crowd como una de sus películas favoritas), Vidor traza una historia de gente corriente a la que le suceden cosas totalmente cotidianas y en la que emplea una forma técnica de mostrar el anonimato antológica en las escenas de la multitud, el trabajo o los edificios y a través de todos estos elementos nos demuestra que las personas sólo importamos a nuestro círculo más cercano: el conjunto de la sociedad marcha y/o avanza igual a pesar de los problemas individuales de cada uno en lo que deviene una deshumanización progresiva y constante.

Obra de contenido social sin final feliz, ya que a pesar de la insistencia de los jefes de la MGM Vidor mantuvo su criterio e impuso un final lógico, así como también acertó en la elección de actores desconocidos para enfatizar la normalidad de la vida de los personajes y hacerlos más creíbles (es curioso el paralelismo entre James Murray y su personaje de John Sims, puesto que este actor no consiguió ningún papel destacable  más y terminó ahogado en el río Hudson), que no cosechó los favores del público, quizás debido a la implantación casi simultánea del sonoro y a la búsqueda de escapismo que se demandaba por el público en los albores de la crisis económica que llegaría poco después de su estreno.

La película constituye un hito en la historia del cine, alcanzando la madurez el por aquel entonces joven arte con obras como ésta, y es un golpe al sueño americano con la aceptación por parte del protagonista de su pertenencia anónima a la gran masa, a la multitud del título original.

El guión del propio Vidor y de John V. A. Weaver contrapone constantemente la multitud y el individuo y el director es capaz de reforzar el "leit-motiv" del film con la perfecta integración de los decorados y elementos en la estructura narrativa: los bloques de edificios, las hileras interminables de trabajadores con sus mesas alineadas de manera perfecta, la masa ingente de personas que va y viene por las calles de la ciudad (Vidor utilizó cámaras ocultas entre los ríos de gente para filmar estas escenas de la muchedumbre).

Escenas sublimes como la de la escalera cuando fallece el padre del niño John Sims, con la cámara situada en lo alto de la escalera mientras el pequeño la sube lentamente separándose de la multitud que queda al fondo, contienen una fuerte carga del expresionismo alemán y una enorme fuerza narrativa (separación individuo/multitud) y/o como la de un hundido John Sims que deambula por las calles (utilizadas como espacios vacíos para realzar la soledad del individuo frente a la multitud) pidiendo a la masa de gente que se pare y se ocupe de él y de su familia tras la trágica muerte de su hija pequeña siendo engullido por la manada a la que parece no afectarle el suceso tan triste que los Sims están viviendo, y/o quizás la más famosa de todo el film, cuando la cámara sube por la pared de uno de tantos rascacielos, se introduce por una de tantas ventanas y después de pasearse por las innumerables encrucijadas de mesas se para en una de tantas y nos presenta de este modo magistral al personaje adulto de John Sims y todo el mensaje del film: el poder narrativo y expresivo del cine en su máxima amplitud, una de las situaciones visuales más poderosas de la historia del séptimo arte. Por último, la escena final también es remarcable, en ella la familia va al cine y después de disfrutar de la obra, queda inmersa entre el gentío como una más de tantas familias anónimas...John Sims ha aceptado que es parte de esa multitud.

Es remarcable el uso de las repeticiones de las situaciones para retratar el desarrollo psicológico de los personajes y el dramatismo de las acciones a modo de efecto "boomerang". En la cúspide de esto nos encontramos con el personaje del payaso publicitario del que John se burla despectivamente al principio del film, acabando al final haciendo él mismo este trabajo (y aceptando su rol en la sociedad como un elemento anónimo más) o, también, la irrupción del hijo en el matrimonio que pasaba por una época difícil, acontecimiento que une más a la pareja aunque con el paso de los años el dinamismo de los mismos hijos es la principal causa de discusiones entre los progenitores. Asimismo, las relaciones padre-John/John-hijo son muy importantes en la progresión psicológica del protagonista: su padre le inculca el deseo y la necesidad de destacar y ser alguien, su hijo lo acepta tal como es, ayudándolo a aceptarse a su vez aunque sea como elemento mediocre de la multitud...la maestría de Vidor es tal que aceptamos con los ojos cerrados a John Sims, un tipo arrogante y antipático a veces pero tan humano aun lleno de defectos como está (o precisamente por ello) y nos identificamos con él pero, a la vez, dada la sutilidad y el trabajo reflejado en el film y a pesar de esta empatía que tenemos con John, comprendemos perfectamente que Mary Sims decida o se plantee dejarlo.

Vidor tocó el cielo cinematográfico con esta obra precisa desde el punto de vista técnico y antológica desde el plano formal, tanto visual como narrativo y expresivo, corroborando las maneras que apuntaba en El Gran Desfile y que confirmaría en Duelo al Sol, por ejemplo. Cabe decir que el mismo realizador dirigiría una especie de continuación en el año1934, El Pan nuestro de cada Día, anticipándose en una década a las películas fundacionales del neorrealismo italiano.

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