7/7/08

Los Muelles de Nueva York


The Docks of New YorkJosef Von Sternberg, 1928, EEUU, George BancroftBetty Compson.

1928 es el año en que el cine alcanza su madurez y su cenit artístico con películas como The Crowd o esta del director austríaco Von Sternberg u otras como La Pasión de Juana de Arco de Dreyer. El cine se hace adulto y alcanza su máxima pureza.

Esta película ofrece un tratamiento visual extraordinario y muestra una estilización exquisita con una soberbia puesta en escena en la que destacan los juegos de luces y sombras influenciados por el expresionismo alemán que constituyen el embrión del futuro cine negro.

Si dejamos de lado la historia, quizás la parte más endeble del film, una trama mínima en la que un robusto fogonero, Bill, llega a Nueva York para pasar su noche libre del mes y rescata del agua a una prostituta, Mae, que se intenta suicidar entablándose una relación entre los dos, la película es una obra maestra y Von Sternberg crea una impresionante y sórdida atmósfera por la que se mueven unos oscuros personajes, duros, descarnados y reales. Cinematografía que se pone de relieve tanto en la parte del film que transcurre de noche (llena de niebla y humo) como en la que sucede de día (con esa especie de velo que amortigua la luz diurna) y que destaca sobremanera en dos escenas en particular: una, el intento de suicidio de Mae en el cual vemos en la ondulante agua un reflejo invertido de una mujer que dobla las rodillas y salta, mostrándonos en la siguiente imagen como salpica el agua y se forman unas ondas y, segunda, el asesinato de Andy, un ingeniero del barco de Bill, que es sugerido de manera maravillosa sin mostrarse con el vuelo de las palomas.

Si a la impresionante estética visual y a la tremenda atmósfera creada ya desde la escena inicial en la caldera del barco, con su oscuridad iluminada por el sudor de los fogoneros, pero también pasando por el local lleno de humo, estridente y desbocado en el que los portuarios dan rienda suelta a sus instintos y llegando a la habitación modesta y desvencijada en la que Mae se recupera, unimos las extraordinarias interpretaciones de Bancroft y Compson con unos personajes crueles, brutos pero llenos de humanidad, obtenemos como resultado una auténtica obra maestra del cine.

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