16/10/10

Código del Hampa



The KillersDon Siegel, 1964, EEUU, Lee MarvinJohn CassavetesAngie Dickinson.

Obra teñida del personal estilo de uno de esos directores que no dejan impasible, el gran olvidado de la "Generación de la Violencia" Don Siegel, hombre de cine con un gran bagaje en el medio desde sus comienzos como montador y ayudante de Walsh y Hawks, entre otros, y al que el éxito actual de su actor-fetiche Clint Eastwood le ha servido como revalorización de su interesante filmografía, desplegada a través de cuatro décadas con obras personales, productos de encargo y colaboraciones en series de TV.

Precisamente, esta película fue concebida para su emisión en la pequeña pantalla, hecho que ya se constata en la elaboración del guión por Gene L.Coon, afamado creador televisivo, y en ciertos elementos visuales como los planos aéreos o el uso de un estridente colorido pero la violencia explícita exhibida a lo largo del metraje hizo reconsiderar la conveniencia de su estreno en ese medio (el magnicidio de Kennedy aún estaba muy presente en la sociedad norteamericana) y se optó por la Universal en exhibirla directamente en cines.

Cima del género -post- "noir", el filme de Siegel es un proyecto largamente anhelado por el director, considerado en 1946 para dirigir la primera adaptación del relato corto de Hemingway en que se basa, finalmente fue Robert Siodmak el elegido para dirigir aquella película que se constituyó, a su vez, en un hito del cine negro, Forajidos. Así pues, estamos ante una nueva interpretación de la historia de Hemingway Los Asesinos pero no visionamos un "remake" sino una re-interpretación del antedicho relato corto que por mor de la verdad ocupa únicamente la secuencia inicial de ambas películas pues a partir de ella se construye una nueva narración gestada por los respectivos creativos.

Ciñéndonos a ésta Código del Hampa, rodada con ferocidad por Siegel, cabe resaltar la exposición de la violencia, una violencia que es consecuencia lógica de la amoralidad de los personajes y que explota en el impactante desenlace...anticipando un nuevo modo de filmar y exponer la realidad para el cine norteamericano que otros directores siguieron desarrollando (el recientemente fallecido Arthur Penn, por ejemplo). Pero no sólo este virulento exabrupto violento es subrayable sino que la película desarrolla un atrayente estilo visual desde esos planos aéreos citados más arriba, el empleo del zoom o las escandalosas transparencias hasta los colores vivos o los encuadres inclinados sin olvidar la utilización de material de archivo para las escenas del circuito de carreras que dota a las mismas de un tono semi-documental. Hay que añadir a este ejercicio de estilo visual otros aspectos del filme como la sugestiva banda sonora de un joven John Williams (incluye un tema de Mancini cantado por Nancy Wilson), la soberbia composición de Lee Marvin en particular y la buena interpretación de todo el reparto en general: el televisivo Clu Gulager, la eficaz pero discreta DickinsonJohn Cassavetes -cuyo personaje es el único que no se mueve por ambición y cuya muerte/no huida al inicio del filme da pie a la investigación, perfectamente resuelta: ya estaba "muerto"o Ronald Reagan en su último papel -dos años más tarde sería elegido Gobernador de California- y el único como malo-malísimo (sólo por esto ya vale la pena) y eso sin contar con dos actores que se hicieron famosos en la pequeña pantalla (Norman Fell -Señor Roper- y Claude Akins -Sheriff Lobo- años más tarde.



Pero la abrupta claridad en y por la que se nos muestran las implacables acciones llevadas a término por los protagonistas ofrece una importante aportación con la traslación de la autoría de la investigación que, en este caso, es conducida por los mismos asesinos, exponiendo su punto de vista que conforme a sus motivaciones los lleva a comportarse de manera despiadada...circunstancia que justifica plenamente el duro final y la violencia expuesta. Charlie y Lee son dos tipos dotados de normalidad gracias a determinadas escenas (comen hablando sobre las aportaciones de las proteínas de los platos, limpian sus camisas y hacen flexiones) pero que se conducen de manera despiadada y amoral, comportamiento que desemboca en la violencia expresada en el relato, relato narrado sin preocuparse del origen de esa manera de conducirse: aquí se expone en aras del ritmo trepidante el efecto de esa conducta. De tal modo que es con los fríos -también por la estética- asesinos profesionales con los que el espectador avanza en esta historia "noir" estructurada en tres "flashbacks", con presencia de una "femme fatale" clásica en su devastación y con el peso del destino que en este caso es una terrible venganza como elementos de género.

El estilo apasionado, enérgico, crudo y fiero de Siegel, el tratamiento dado a los personajes (cuya presentación es magistral, para ello sólo hay que observar la secuencia inicial), la justificada -según la narración- exposición de la violencia y el envoltorio visual del filme hacen de éste una joya a descubrir para quien no lo haya visto y sin duda que directores como el venerado Tarantino tomaron buena nota del libro de estilo de Siegel que aquí escribe una de sus más brillantes páginas.

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