18/9/08

¡Viva la Libertad!



À nous la LibertéRené Clair, Francia,1931, Raymond CordyHenri Marchand.

Sátira social que refleja el choque entre el individuo y la sociedad y que generó una gran polémica por las similitudes que se encuentran en algunas escenas de Tiempos Modernos...a principios del sonoro el cine francés no contaba con patentes de sistemas de sonido propias y tuvo que financiarse con capital extranjero (americano o germano) y la productora alemana del filme -la Tobisque pasó a manos de los dirigentes nazis- denunció por plagio a Chaplin cuando se estrenó la obra de éste en 1936. Un proceso judicial del que el mismo René Clair, gran admirador de Chaplin, se desmarcó comentando que si su película realmente había inspirado o influenciado a éste, ello era un honor para él.

A pesar de las dificultades financieras el cine francés de la época surgió con fuerza gracias a directores como VigoRenoir o el propio Clair, cineasta éste con amplia experiencia en el período mudo que prosiguió su carrera en Hollywood y que con su trilogía del principio del sonoro (Bajo los Techos de París -primer largo sonoro del cine francés-, El Millón y ésta ¡Viva la Libertad!) definió un estilo propio cuya clave era seguir las pautas del silente añadiendo piezas musicales.

Es por esto que esta fresca comedia está inmersa en la estructura del cine mudo a pesar de ser sonora, mezclándose en ella los interludios musicales con diálogo y partes del silente más clásico (por ejemplo, base de "slapstick" en las escenas de la fábrica con las tradicionales persecuciones) pero consiguiendo la integración del sonido y la música en la construcción visual del filme superando la función de la banda sonora la de mero instrumento al servicio de la perspectiva visual.

Este canto a la libertad, enfrentada ella a la mecanización que la encierra y la estrangula y de la que se puede salvar mediante la automatización (no como herramienta de reducción de costes sino como instrumento para que el trabajador disponga de más tiempo libre, según los principios del socialismo reflejados también en El Hombre Con la Cámara, por ejemplo), constituye una crítica al materialismo bajo una capa de humor "slapstick". En este sentido, la parábola final es admirable enfrentando el discurso en el que se enaltecen valores como honor, libertad e incluso, patriotismo con la actitud de los oyentes del mismo: todos se lanzan en pos del dinero que está volando a su alrededor.

Clair sabe combinar la comedia con la visión socio-económica poniendo el mensaje ideológico al servicio de la historia y no al revés y converge con Chaplin y su Tiempos Modernos en la descripción de los efectos deshumanizadores de la mecanización y de las técnicas de producción basadas en los trabajos rutinarios y monótonos de las cadenas de montaje, deshumanización que según el cineasta francés sería solucionada con la automatización: como en Metropolis la industria y su proceso productivo están en el centro de la historia.

En definitiva, el personaje del preso convertido en rico potentado aplica lo que ha aprendido respecto a las cadenas de montaje en las que trabajaba en la cárcel a las de sus propias fábricas y las peripecias de su ex-compañero de celda en las mismas son claro exponente de esa pérdida de identidad humana que se deriva de su rutina y monotonía. Todo ello es presentado dentro de un contexto de vida ordinaria en el que las individualidades son víctimas de unas instituciones que ejercen un poder coactivo sobre ellas, por una parte y, por la otra, hablándonos de temas reales. Esas instituciones están representadas mediante grandes decorados Art Decó, hecho que las dota con un carácter artificial, no real, y hace parecer perdidas a las personas que se mueven por ellas. El papel central que juega la mecanización en la idea que transmite el film es palpable en la utilización de los decorados influenciados en esta corriente como, por ejemplo, la fachada de la tienda de discos y el exterior de la factoría que transmiten conceptos como progreso o maquinaria.

René Clair consigue una comedia de ritmo dinámico en la que utiliza la música como sustitución del diálogo en determinados momentos (en algunas escenas el sonido es la música) y construye una sátira social que enaltece valores como la amistad o la libertad, de manera optimista y liviana gracias a la creación de una atmósfera un tanto irreal o artificial concebida a partir del uso de una iluminación clara o de la misma manipulación del sonido (valga como muestra la escena en la que parece que cantan unas flores).

Con su mensaje cercano a posiciones progresistas  y su temática tratada con fina elegancia y disfrazada como comedia ligera e inocente la película consiguió ser la primera en lengua no inglesa en ser nominada a los Oscar (Dirección Artística en concreto). La siguiente en alcanzar tal honor sería La Gran Ilusión que optó al Oscar a Mejor Película en 1938 (el Oscar a Mejor Película en Lengua no Inglesa se instauró en 1956).

¡Viva la Libertad! es una deliciosa comedia "muda" y musical que revela la importancia de valores como el de la amistad y critica las sociedades industriales con sus alienantes cadenas de montaje (en este sentido es reseñable el paralelismo que nos muestra que las de la cárcel y las de la fábrica son idénticas).

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