15/3/09

Las Locas Vacaciones de Una Chiflada Familia Americana en Europa




National Lampoon's European Vacation, Amy Heckerling, 1985, EEUU, Chevy ChaseBeverly D'AngeloDana Hill.

La película de Harold Ramis Las Locas Vacaciones de Una Chiflada Familia Americana originó tras su gran éxito comercial toda una serie dedicada a la familia Griswold. En ésta su segunda entrega -para la mayoría de seguidores de la saga la peor de todas- el clan se traslada a Europa después de conseguir ganar el premio principal en un programa de TV; una vez en el Viejo Continente los desastres se suceden sin gracia ni ritmo ninguno.

Con un reparto encabezado por Chevy Chase, cómico salido del famoso programa televisivo estadounidense Saturday Night Live que recientemente ha sido estrenado en formato nacional por una cadena privada en nuestro país, además de por la atractiva Beverly D'Angelo y por el que desfilan Eric Idle (antiguo miembro de los geniales Monty Python, totalmente desaprovechado), John Astin (su presentador del show televisivo es de lo poco salvable de la película) y Moon Zappa, la hija del rockero Frank Zappa, y con un guión comenzado por John Hughes, basado en una historia corta propia publicada en la revista cómica National Lampoon (de la que era colaborador también Chase), la directora Amy Heckerling realiza una comedia lenta y sin ritmo, con unos gags previsibles, la mayoria de ellos mal resueltos, en la que ni tan siquiera la persecución final motivada por una subtrama con secuestro incluído resulta entretenida, más bien todo lo contrario, es bastante sosa. Si a esto añadimos la mala elección de los actores que interpretan a los hijos Griswold, en especial la malograda Dana Hill, y el desaprovechamiento de algunos elementos potencialmente interesantes como los decorados por los que transcurren las peripecias de los protagonistas, y el inexistente nexo de unión entre los diversos acontecimientos narrados, al contrario la película es una sucesión de "sketches" sin trabajar y con poca o ninguna gracia (alguno aislado quizás consigue alguna sonrisa), tenemos como resultado final una comedieta plana y aburrida que solo disfrutan los fans de la saga y/o de Chevy Chase, quien, por cierto, está bastante correcto.

Por salvar algo la banda sonora es aceptable y, como curiosidad, el novio de la hija (que llega a ser en algún momento bastante odiosa) está interpretado por el malo de otro éxito ochentero (Karate Kid) Billy Zabka...en resumen, la película carece de interés y la mayor preocupación del espectador es discernir el motivo por el que Ellen Griswold llegó a unir su vida con la de Clark W.Griswold.

11/3/09

La Parada de los Monstruos



Freaks, 1932, EEUU, Tod BrowningHarry EarlesOlga BaclanovaWallace Ford.

Definición de película de culto por antonomasia, obra perturbadora y fascinante a la par que incomprendida y mutilada en su momento, esta cinta de Browning supone para el espectador la radical exposición a sus miedos atávicos, una inmersión en las profundidades de su conciencia y una re-definición de los conceptos de belleza, amor y (a) normalidad.

Tod Browning, autor de una interesante filmografia que empezó a forjarse como actor en producciones de Griffith después de dejar sus trabajos en su amado circo que fueron desde payaso a hombre-bala, consigue tejer una suerte de documental psicológico y realista con la deformidad como eje central del mismo, una exposición de las relaciones de los"freaks", de sus sentimientos y de su código de conducta que resulta aterradora en este proyecto personal que elaboró durante un lustro y que contó con el apoyo de Irving Thalberg y un equipo de guionistas que se basaron en la historia Spurs, de Tod Robbinsescritor que ya habia colaborado con Browning en el guión de alguno de los filmes que el director realizó con Lon ChaneySr.

Vilipendiada por la crítica de la época por entender como gratuito el desfile de seres deformes y rechazada por el público que salía escandalizado de las salas de proyección (todo lo cual da muestras de la hipocresía de la sociedad puesto que en aquellos mismos años estaban en boga los circos en los que se reclutaban y exhibían a estas personas), así como vendidos sus derechos para desmarcarse de ella por la Metro al distribuidor Dwain Esper para su explotación en circuitos para público adulto con esloganes referentes al sexo ("¿Hacen las hermanas siamesas el amor?") y títulos alternativos, La Parada de los Monstruos tras su pre-estreno sufrió cortes (sobre los 26 minutos y entre los que se incluye la escena en la que Hércules canta con voz de "falsetto" tras su castración) que redujeron su metraje a poco más de una hora y añadidos de prólogo y final feliz, además de suponer el fin de la carrera de Browning que nunca se pudo rehacer del fracaso de esta obra y se retiraría pocos años después.

Esta inclasificable obra maestra, muestra del intento que la Metro (el estudio del" glamour" y de los musicales) hizo para entrar en el género del horror que tan buenos dividendos estaba dando a la Universal a principios de los años 30, traza unas lineas difusas sobre la normalidad y moralidad y es un acercamiento franco hacia personalidades humanas ordinarias y con sentimientos comunes al resto de la especie aunque presenten ciertas alteraciones físicas: la propuesta de Browning consigue la reflexión del espectador mediante el replanteamiento que se hace el mismo de la"normalidad" social y ello a través del uso de la exposición de la anormalidad física así como de la contraposición del honor y el respeto que impulsan la vida de los "freaks" frente a la corrupción moral de Cleopatra y Hércules (es de suponer que los nombres de los personajes no fueron escogidos al azar).

Cronológicamente enmarcada en el inicio del género de horror, uno de cuyos elementos principales es el maquillaje empleado para caracterizar a los monstruos (FrankensteinLa Momia), aquí el "monstruo" es gente real lo cual da lugar a unas interpretaciones de un realismo brutal, de absoluta pureza (puesto que no existen) ya que las personas deformes que salen en pantalla se comportan como son, quedando retratadas como seres humanos que se enamoran, que juegan (magnífica la escena en la que están correteando en el bosque bajo el manto protector de su "madre") y que son poseedoras de una capacidad de superación enorme.

Browning, maestro de de lo macabro y de lo mórbido, con este estudio sobre la moralidad humana con toques de humor negro (el parto de la mujer barbuda, los flirteos amorosos de las hermanas siamesas) hace que nuestros sentimientos viren desde la simpatía y comprensión respecto a los "freaks" hasta el horror y la repulsión que nos generan mediante el clímax final que supone la escena de inusitada tensión y violencia en la que que se nos obliga a cambiar nuestra interpretación moral ya definida durante el filme cuando comprobamos la cruel venganza llevada a término; en definitiva los "freaks" como humanos que son tienen claroscuros (es notable en este sentido la comparación que se puede hacer entre la bucólica escena en la que se nos presentan y la de la terrible venganza cimentada en su código de protección frente al mundo exterior).

Una de las películas más controvertidas de todos los tiempos (en el Reino Unido estuvo prohibida por más de treinta años), re-descubierta en los años sesenta, sigue siendo objeto de debate y no ha perdido ni un ápice de su tremenda capacidad de impacto a pesar de que el recorte cercano a la media hora afecta al desarrollo de los personajes y de algunas situaciones (el antagonismo entre la pareja Frozo-Venus y la que forman Cleopatra y Hércules). Una obra que nos deja un mensaje meridiano y rotundo: los deformes tienen derecho a la misma dignidad y al mismo respeto que los "normales" y son iguales en sentimientos a estos (aunque los auténticos monstruos parecen ser la bella Cleopatra y el forzudo Hércules). Un film de un poderoso magnetismo que nos enfrenta a nuestros prejuicios y emociones haciéndonos sentir compasión y repulsión, perturbándonos al reconocer nuestro rechazo hacia estos seres, algo que nos incomoda y nos causa desasosiego e inquietud en grado extremo...quizá la reacción de Cleopatra en esa bellísima e impactante escena de la ceremonia nupcial, en ese ritual de iniciación en el que se ve inmersa, no sea tan diferente de la que podríamos ofrecer la mayoría de nosotros.



17/2/09

Noche de Miedo



Fright NightTom Holland, 1985, EEUU, William RagsdaleChris SarandonRoddy Mc Dowall.

Homenaje con altas dosis de humor al cine cásico de terror de la Hammer que se convirtió en un tremendo éxito comercial (sólo superada en la taquilla norteamericana por la segunda entrega de Pesadilla en Elm Street considerando únicamente las películas de terror estrenadas en 1985) dando pie a una segunda parte e innumerable merchandising, además de una serie de cómics. Asi, el debut de Tom Holland en la dirección consiguió estatus de obra de culto y fue recompensado con galardones tan prestigiosos como los tres premios Saturn (los Oscar de la Ciencia-Ficción,Terror y Fantasía) que conquistó.

Con un aroma a película de Serie B y a esas otras de terror que se acaban emitiendo a altas horas de la madrugada, Noche de Miedo es una revisión/modernización del mito de Drácula que presenta a un vampiro actual, parodiando (siempre desde el respeto) los clichés del personaje y dotando de un significado contemporáneo a otros, ofreciendo, en definitiva, una nueva imagen del famoso Conde.

Las intenciones de rendir tributo a este tipo de cine son claras desde el inicio del film: se escucha un diálogo fuera de campo mientras la cámara avanza desde un jardín colindante a una casa hasta el interior de ésta, introduciéndose en ella por la ventana de una habitación en la que vemos como una pareja de adolescentes tiene encendida la TV (aunque no le hagan demasiado caso en ese momento) en la que están emitiendo una película de terror a la que pertenece el diálogo. Una película que por el color, la estética y la temática nos hace recordar a esas obras míticas de Corman de bajo presupuesto o a las de la misma Hammer. Por si esto fuera poco, el personaje que podríamos equiparar con el álter ego original del vampiro (Van Helsing) aquí es un actor acabado de nombre Peter (por CushingVincent (por Price), todo un guiño cinéfilo que rinde pleitesía al cine que antes se ha mencionado.

Precisamente, este personaje consigue llevarse el film en su segunda parte merced a una portentosa interpretación de Roddy McDowall, antiguo actor juvenil que consiguió proseguir su carrera artística en edad adulta y que es recordado por los amantes de la ciencia-ficción por su aparición en El Planeta de los Simios. También resulta solvente Chris Sarandon encarnando al vampiro moderno y atractivo.

En fin, producto digno con una banda sonora, vestuario y maquillaje (Robert Enlund realiza una buena labor) "ochentero" y un aire a la típica "comedieta" juvenil americana tan en boga en aquellos años...afortunadamente sólo es un aire ya que evita el sexo gratuito y el tema gore tan característicos de las cintas rodadas en aquella época tanto en supuesta clave de humor como de terror. Decente película que combina miedo y risas y que nos deja una frase contundente respecto a las ideas del director y guionista, puesta en boca de ese gran personaje magníficamente interpretado por McDowall: "Nadie quiere ver vampiros hoy en día, la gente sólo quiere ver maníacos con máscara persiguiendo vírgenes" o algo parecido, palabras que retratan la evolución del mismo género de terror a lo largo de los años.

3/2/09

El Expreso de Shanghai





Shanghai ExpressJosef Von Sternberg, 1932, EEUU, Marlene DietrichClive BrookAnna May Wong.

La cuarta de las siete colaboraciones que rodaron la simbiosis en que se constituyeron el director de origen austríaco Josef Von Sternberg y uno de los primeros mitos del cine, Marlene Dietrich, fue la más exitosa en la taquilla de la época y es, quizá, la más famosa de todas ellas, prueba de ello son los dos "remakes" filmados.

Se trata de una película romántica y de aventuras que se debe entender bajo dos aspectos clave en su concepción: primero, la preocupación habitual del director en poner énfasis en el diseño visual de sus filmes y, segundo, la presencia de Marlene Dietrich, mito erótico por antonomasia, creado y dirigido por el propio Von Sternberg a través de varios factores como el juego de luces y sombras, el vestuario o los personajes que le hizo interpretar y avivado por ella misma con su mirada y, por supuesto, la publicidad sobre su vida privada plena de ambivalencia sexual (sus relaciones sentimentales con personalidades de ambos sexos eran -parece ser- frecuentes y vox populi en aquellos tiempos).

Con un guión que presta mayor atención al estilo visual que a la historia y que sirve para mostrar al mito Von Sternberg construye un vehículo para el lucimiento de la Dietrich, de elevada factura técnica -Lee Garmes su habitual director de fotografía consiguió el Oscar por su brillante esfuerzo con las luces y las sombras, utilizadas, entre otras cosas y  sobre todo, en beneficio de la estrella y su personaje de prostituta de renombre en China-con unos decorados exóticos y trabajados y una aceptable tensión romántica y ello contando con que la acción -casi en su totalidadtranscurre en un ambiente cerrado como es el interior de un tren.

Destaca en el reparto la primera estrella de origen asiático que alumbró la gran pantalla, Anna May Wong, quien prosiguió su trayectoria artística en Europa mayormente y que como curiosidad incorporaba en la versión de 1924 de El Ladrón de Bagdad un personaje masculino y que aquí confiere a su papel de prostituta una sensualidad notable. Asimismo, cabe mencionar a Ward Oland como el villano de la aventura, actor sueco famoso por su personaje de Charlie Chan en las diversas adaptaciones que de este personaje se llevaron a la pantalla en los años 30 y a un flemático Clive Brook que cumple en su papel de Doctor del Ejército Británico que vive una intensa historia de amor con el personaje encarnado por Dietrich y a quien le toca, por tanto, dar réplica a la estrella.

28/1/09

Sospechosos Habituales

The Usual SuspectsBrian Synger, 1995, EEUU, Gabriel ByrneKevin SpaceyChazz Palminteri.

Película de culto presentada en el Festival de Cannes con buena recepción crítica que posibilitó su estreno comercial, Sospechosos Habituales es la segunda obra del director Brian Synger quien se dio a conocer dos años antes con un film independiente que ganó en el certamen de SundancePublic Acces. Para el film que nos ocupa Synger contó con los colaboradores de su ópera prima, Cristopher McQuarrie (un antiguo detective) y John Ottman en la partitura musical; precisamente en el primero recae buena parte del mérito (y demérito) del film al elaborar un artificioso y complejo guión (ganador del Oscar) que, eso sí, consigue enganchar al espectador en un primer visionado pero no soporta posteriores revisiones de la película.

Famosa por su engañoso y efectista final, la película juega con el espectador que aturdido ante tanta complejidad argumental se pierde en los entresijos de la historia y es incapaz de atar cabos, cabos que por otra parte ni el mismo guionista ni el mismo director son capaces de atar. No obstante, la obra fue galardonada con innumerables premios y fue bien recibida por el público, convirtiéndose en un producto muy rentable al haberse rodado con bajo presupuesto.

Al rebufo del primer TarantinoSynger construye un ejercicio de manierismo muy estudiado que juega con los claroscuros, las sombras y el humo y hace alarde de virtuosismo técnico con fundidos, planos cortos y movimientos de grúa, logrando mantener una correcta tensión narrativa prestando mayor atención a cómo contar la historia en lugar de prestársela a la historia en sí. Son destacables las infinitas pistas visuales y no visuales que nos va dejando, desde el nombre del personaje interpretado por Kevin Spacey ("Verbal" Kint, un estafador de poca monta), pasando por el apellido del legendario Keyser Söze (que al parecer significa algo así como parlanchín en turco, un personaje inspirado en John List, autor de los, posiblemente y con permiso del secuestro y muerte del hijo del célebre aviador Charles Lindbergh, asesinatos más famosos de la historia de New Jersey,  y un personaje, en definitiva, acertadamente presentado consiguiendo un efecto de mitificación importante y capital en el desarrollo del film) hasta la frase clave ("El mejor truco que inventó el Diablo es convencer al Mundo que no existía").

Antes de caer en el juego de los trucos para confundir, sirva como ejemplo paradigmático de ello la escena inicial en el barco que vemos tres veces a lo largo del metraje (la que comienza el film, en la narración de Kint con su punto de vista subjetivo y cómo se la imagina el Agente de Aduanas Kujan tras escuchar el relato del estafador), la película discurre de manera muy correcta por el marco del cine negro clásico, utilizando resortes típicos como los "flashback", la voz en "off" para contar la narración, escenarios tan comunes al género como la comisaría y su interrogatorio, todo ello sin dejar de lado la presencia de la corrupción policial (encarnada por el siempre correcto Gabriel Byrne en su personaje Dean Keaton, único personaje con entidad ya que los demás son estereotipos).

Esta historia de hombres duros, cimentada en un guión efectista pero efectivo, con tics manieristas que sirven de hábil envoltorio y una más que aceptable interpretación de ByrneSpacey (también ganador del Oscar al Mejor Actor de Reparto por su trabajo) y Palminteri cuyo personaje se empeña en oír lo que quiere oír cayendo como el espectador en el engaño urdido, y todo el reparto en general (mención especial para Benicio del Toro con un personaje que tiene una forma de hablar premonitoria de la del que interpreta Brad Pitt en Snatch), resulta fresca, entretenida y recomendable pero con posteriores visionados va perdiendo interés y dista mucho de convertirse en el homenaje al cine negro que parece ser en un principio al estilo de Muerte Entre Las Flores, por poner un ejemplo que comparta actor principal.

8/1/09

Scarface,El Terror del Hampa


ScarfaceThe Shame of The NationHoward Hawks, EEUU, 1932, Paul MuniAnn DvorakGeorge Raft.

La mejor película de gánsteres, mucho más violenta, cruda y dinámica que El Enemigo Público y, por supuesto, que Hampa Dorada, junto con las que conforma la trilogía del principio del género, fue rodada con anterioridad a las otras dos (en 1930) pero estrenada posteriormente por sus múltiples problemas con la censura, fundamentalmente, aunque la disparidad de opiniones entre los dos Howard (Hawks, el director y el multimillonario Hughes, productor) también tuvo parte de culpa al respecto...privada del honor de ser la primera, le cabe el de ser la mejor.

Hawks, director encumbrado en los años 60 por la Nouvelle Vague que sabía dotar al cine comercial de su impronta personal, firma un film violento (cerca de la treintena de asesinatos desfilan en la pantalla), potente y ágil, con un ritmo alto (incluye hasta persecuciones de coches) no exento de alardes en el trabajo con la cámara o en descubrir hallazgos visuales (la famosa X que anticipa la muerte), un film homenajeado por Wilder en Con Faldas y a lo Loco, por Donen en Cantando Bajo la Lluvia y por De Palma en su famosísimo remake El Precio del Poder.

Siguiendo el modelo clásico de ascensión y caída, basándose de manera lejan en una novela de Armitage Trail sobre el célebre gánster Al Capone y recreando episodios reales de la época de la Prohibición (la Matanza del Dia de San Valentín, el asesinato de Deanie O'Bannion en una floristería) o haciendo referencia a hampones verdaderos (Johnny TorrioBig Jim Colosimo), Scarface sufrió innumerables cambios para poder ser estrenada y se convirtió en la excusa ideal para la entrada en vigor dos años después del Código Hays. Ni el añadir el subtítulo (La Vergüenza de la Nación), ni incluir el texto moralista y ejemplarizante inicial, ni la desaprobación del personaje de la madre del protagonista hacia su hijo, ni los discursos moralistas en boca del policía o el editor del periódico (escenas rodadas por Richard Rosson ante la negativa de Hawks a hacerlo), ni rodar un final alternativo en el que Camonte es ahorcado (en algunos estados de USA se estrenó con este final, en otros fue boicoteada y en otros prohibida), ni la auto-censura que el director se impuso (cortó algunas escenas que trataban el incesto entre los Camonte) pueden disimular la violencia que domina el mundo de Tony Camonte, primer gánster que utiliza una ametralladora en la pantalla, homicida brutal y despiadado, rudo y simiesco, maníaco que mata sin compasión (como vemos un personaje unidimensional y amoral) y que es retratado mediante su propia sombra de manera directa, clara y contundente a las primeras de cambio como un tipo capaz de matar a cualquiera. Tales problemas tuvo con la censura que el propio Hughes la quitó de la distribución al poco de empezar a proyectarla, no siendo hasta 1979 (!) cuando la Universal la volvió a poner en circulación con menos metraje.

Escrita por un equipo de guionistas con el mítico Ben Hecht a la cabeza y entre los que se encontraba WR Burnett (escritor de las novelas que originaron Hampa DoradaLa Jungla de Asfalto y El Último Refugio), con una destacada fotografía de tinte expresionista de Lee GarmesScarface lanzó a la fama tanto a Paul Muni, actor con una sólida trayectoria teatral, como al gran George Raft, nacido en el barrio La Cocina del Infierno de Nueva York y cuyo estilo de vida real era cercano al de los gánsteres, no en vano tenía amigos cercanos entre ellos ya desde su infancia, e intérprete que rechazó los papeles principales de El Último RefugioEl Halcón Maltés (Bogart le estará eternamente agradecido) y Perdición, nada más y nada menos. Si a estos mimbres unimos la costura de uno de los mejores directores de todos los tiempos, un "todoterreno"que podía pasar de un género a otro con una facilidad pasmosa, que sabe encontrar hallazgos como el de la susodicha X o construir escenas como la de la recreación de La Matanza del Día de San Valentín que combina de manera magistral iluminación (sombras) y efectos de sonido o mediante un alarde de planificación sugerir la brutalidad de Tony Camonte sin mostrarla vía el avance de las hojas de un calendario y una metralleta abriendo fuego, se obtiene una obra que no debe dejar de visionarse para entender el cine...y si seguimos ciertas teorías sobre la representación de la violencia en la pantalla que expresan que el espectador sufre una catarsis al identificarse con el personaje que comete actos vandálicos, de tal modo que su carga violenta se consume en este proceso sin llegar nunca a ejecutarla en la realidad, obtenemos una lectura diferente a la de los censores.

Es curioso como precisamente a la censura se le escapó el tema del incesto entre Tony y su hermana, quizás estaba tan atareada en intentar disminuir la carga de violencia del filme que no se dio cuenta del aspecto sexual implícito en esta relación en la que Tony intenta proteger a su hermana de manera obsesiva de todo contacto con el mundo en el que él vive.

La imagen se ha encontrado en la Red y se utiliza únicamente con fines de ilustración. Los derechos están reservados por sus creadores.

3/1/09

Cuando Éramos Reyes



When We Were Kings, Leon Gast, EEUU, 1996, Muhammad Ali, George Foreman.

Ganador del Oscar al Mejor Documental y Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance, Cuando Éramos Reyes se articula en torno a la personalidad arrolladora de, probablemente, el deportista más político de la historia moderna, Muhammad Ali, y acabó por originar una biopic sobre el mismo protagonizada por Will Smith unos años más tarde.

Combinando deporte, cultura y política, Gast quien ya había realizado documentales musicales sobre el bluesman BB King o la mítica compañía neoyorquina de salsa Fania, entre otros, consigue captar con gran sentido del ritmo el intenso ambiente que se vivió en el Campeonato del Mundo de Pesos Pesados disputado en Kinshasa en 1974 entre Ali y George Foreman....más que un combate de boxeo. Todos los puntos del evento quedan destripados: la pelea en sí, el festival musical organizado en torno a la misma, las negociaciones entre el promotor del asunto, Don King, y el gobierno zaireño del dictador Mobutu Sese Seko, entre muchas de las eventualidades que rodearon el mítico evento pugilístico. Gast, originalmente contratado para grabar los conciertos por una productora de Liberia que se quedó sin fondos en la post-producción y cuyos miembros desaparecieron en el golpe de estado que se perpetró en ese país en 1980, consiguió los derechos sobre los centenares de horas grabados tras varios litigios legales y hasta 1986 no pudo asociarse con el productor musical David Sonenberg quien, por fin, le financió el proyecto. Proyecto que se completó en 1994 con la aportación de Taylor Hackford a la hora de incluir las intervenciones del premio Pulitzer Norman Mailer (el cual escribió un libro inspirándose en la pelea) o del periodista George Plimton, testigos de primera mano del acontecimiento que se narra y amigos personales de Ali.


Consolidado como figura más allá del deporte por su conversión al Islam en 1964 y su negativa a combatir en Vietnam en 1967 así como por su posicionamiento político y defensas de los Derechos Civiles, Muhammad Ali, desposeído de su cetro de campeón y suspendido durante tres años y medio tras los cuales volvió para caer derrotado frente a Joe Frazier en 1971 en otro combate histórico disputado en el Madison Square Garden, parecía un boxeador para el que había pasado su momento de esplendor cuando llegó la hora de este nuevo intento por hacerse con el título que le arrebataron por motivos políticos en la cima de su carrera. Y más difícil parecía el desafío cuando se pensaba en el rival que tendría en el ring: una fuerza de la naturaleza imponente llamada George Foreman, un joven boxeador, un pegador terrible que había aniquilado en 1973 en Kingston, Jamaica al mismísimo Frazier. Precisamente, la contraposición de la personalidad de los dos púgiles queda contrastada para dar mayor relieve a lo que Ali significaba para los afroamericanos e, incluso, para los mismos africanos: un símbolo anti-sistema capaz de desafiar a las potencias mundiales representadas en los EEUU -allí estaba su objeción de conciencia para atestiguarlo- que los habían subyugado a lo largo de su historia. Ali, con su carisma desprende seguridad y liderazgo y, por momentos, recuerda a un predicador dirigiéndose a su congregación, mientras Foreman es un tipo poderoso, intimidatorio y lacónico al que los nativos anfitriones ven como el "establishment", como a un blanco a pesar de ser más oscuro de piel que Ali, aunque él mismo no lo comprenda y lo intente evitar. Sin embargo, el documental también nos desvela aspectos interesantes del pensamiento de Foreman: no está de acuerdo con la instigación de la violencia que, según él, su rival está provocando al hacer cantar a los niños que lo persiguen por las calles el famoso "Ali, Bomaye! "(Ali, mátalo!") o, al contario que su contrincante, ni se plantea regresar a EEUU para disputar el combate tras producirse la demora del mismo por seis semanas al cortarse en una ceja durante un entrenamiento. Es definitorio el contraste cuando somos testigos de los vuelos de ambos boxeadores hacia el país africano donde deben disputar el titulo. En el momento del aterrizaje mientras uno hace una perorata sobre la negritud, el otro intenta chapurrear alguna frase en francés (Zaire, el actual Congo, había sido colonia belga: el Congo Belga). El recibimiento multitudinario del que es objeto Ali deja muy a las claras con quien estaba el pueblo africano y es muy interesante la constante interacción de Ali con la gente frente a la autoreclusión que Foreman se impone en su hotel.


El documental se erige en crónica del histórico combate bautizado como Rumble In The Jungle y combina la explicación de algunas técnicas y estrategias boxísticas que utilizó Ali, gracias a los entendidos comentarios de Mailer, con la música y algo de historia para plasmar la cultura y la política afroamericana de la época y para mostrar la pelea y el festival musical de tres días de duración en el que actuaron figuras de la talla de James Brown, BB King, Miriam Makeba o The Spinners. Un acompañamiento musical del combate presentado como homenaje a las raíces de la música y la cultura africanas que los artistas y, en general, el pueblo afroamericano estaban redescubriendo y reivindicando por aquellos años en su búsqueda de identidad.

Si bien es cierto que la película se sustenta en la tremenda figura de Ali y sus ideales, también da testimonio de la irrupción del promotor Don King, un controvertido ex-convicto que no duda en utilizar para su propio beneficio el afán del dictador del país africano en hacerse publicidad, y/o las maniobras que el mismo autócrata empleó para conseguir el reconocimiento de la opinión pública internacional. No obstante, como quedó dicho es Ali quien eleva el documental con su arrebatadora presencia: un Ali boxeador, showman y representante de todo un colectivo, de todo un pueblo cuyos miembros lo acaban elevando espiritualmente para derrotar a su oponente común.


Con el transcurso de los años el documental ha adquirido una nueva perspectiva al comprobar la diferente evolución de las personas protagonistas tanto por la terrible enfermedad que Ali padece (Síndrome de Parkinson) y su extraordinaria entereza en sobrellevarla -quizá sea éste uno de los motivos más notorios por los que ahora es uno de los personajes públicos más queridos de su propio país o, quizá por fin, se han dado cuenta de los valores que representa su convicción y la defensa de sus ideas - como por la metamorfosis de Foreman en un jovial predicador estrella de la televisión (y además consiguió ser el campeón más viejo de la historia con 45 años), sin olvidar las andanzas del propio Don King organizando otros famosos combates o pululando alrededor de otros célebres púgiles.

La combinación de la pelea, capturada como brillante colofón a la película con toda su textura física, y las entrevistas o testimonios que se han desarrollado a lo largo del metraje junto con el material de archivo referente a la preparación tanto del combate como del festival musical (los viajes, conversaciones entre artistas, entrenamientos de los contendientes) resulta dinámica y hay que añadir el hábil uso del montaje y la estupenda banda sonora (con canciones "ex-professo" de The Fugees o Busta Rhymes y segmentos de los conciertos celebrados alrededor de la pelea) que junto con las imágenes a pie de calle nos sirven para conocer el país anfitrión y su situación. Otro punto a favor del documental consiste en la auto-presentación que hacen los personajes ya que éstos hablan y se nos muestran sin datos externos de tal modo que el espectador se conforma su propia idea sobre la personalidad de cada uno de ellos.


Testimonio de la búsqueda de identidad de los afroamericanos, de su reencuentro con África personalizado en un Ali que encarna valores como coraje, convicción y constancia, Cuando Éramos Reyes es un documental que narra mucho más que una pelea de boxeo que transcurrió en una metrópoli africana el 30 de Octubre de 1974. Narra un capítulo escrito por el carisma de un hombre en la historia de la lucha de su comunidad por alcanzar la dignidad.