15/1/12

El Increíble Hombre Menguante



The Incredible Shrinking ManJack Arnold, 1957, EEUU, Grant WilliamsRandy StuartApril Kent.

Absoluto clásico de la ciencia-ficción que traspasa los limites del género para constituirse como verdadera obra maestra del cine, imperecedera y de total vigencia. Una demostración de la capacidad para superar las limitaciones presupuestarias que posee la serie b a las que trasciende a través de la imaginación y la creatividad combinadas con el dominio de ciertos elementos técnicos, y que, en ocasiones, permite concebir y acabar filmes tan grandiosos como este desde sus modestos parámetros.

La confluencia de dos de las personalidades más reconocidas en el campo de la fantasía científica cinematográfica, el director Jack Arnold y el escritor Richard Matheson, posibilitan sin duda el éxito final del producto. El primero, digno heredero en la década de los 50 en la Universal del mismísimo James Whale, firmó además de esta cima del género otras películas de culto (La Mujer y El MonstruoTarántula) y respecto al segundo...Richard Matheson es una figura legendaria y de magna influencia en el ámbito de la ciencia-ficción, uno de los grandes creadores del campo cuyo genio está detrás de algunas obras capitales en el devenir de este género, como la que nos ocupa, por ejemplo, y esto sin olvidar sus contribuciones en el campo del terror. A este respecto no hay más que recordar sus novelas Soy Leyenda o La Casa Infernal, su colaboración en series míticas de la TV (En Los Límites de la Realidad) o hacer referencia a sus guiones cinematográficos (El Diablo sobre ruedas -Spielberg le estará eternamente agradecido-, La Comedia de los Terrores). Para El Increíble hombre Menguante, el mismo escritor se encarga de adaptar su novela, obviando algunos aspectos más o menos relevantes de la trama, cuento terrorífico con reminiscencias kafkianas que a través de la lente de Jack Arnold se convierte en una alucinante y extraordinaria aventura de ciencia-ficción especialmente en su segunda parte. Antes, en la primera, la recreación del paranoide miedo a la era atómica que se sentía en aquella época en el seno de la sociedad estadounidense sirve para mostrar la fragilidad de la clase media americana y desnudar su espectro psicológico, funcionando el empequeñecimiento del protagonista como metáfora de emasculación y representación de pérdida de funcionalidad -productiva- para la comunidad. La conclusión metafísica del relato que en la película se enmascara, por expreso deseo de Arnold, bajo un manto religioso, incluye la sensación de peligro, antes citada, respecto a la radiactividad que experimentaba la sociedad americana; sin duda, esta neurosis unida a la histeria frente al comunismo fue pilar fundamental en el desarrollo del género "fantacientífico" el cual vivió entre las décadas de los 50 y 60 su momento de máximo esplendor.



En la cúspide de este género se sitúa la historia de Scott Carey cuya aventura se construye desde una asombrosa puesta en escena y está repleta de notables trucos de fotografía (aunque es cierto que hoy en día el espectador está acostumbrado a niveles excelsos de FX y puede detectar en demasía las exposiciones) y un grandioso juego con las perspectivas de los objetos y decorados, si bien en este aspecto, en cierto momento del filme quedan un tanto desproporcionadas (detalle que se agrava con el doblaje al castellano puesto que existe una diferencia importante -alrededor de 30 centímetros- en la estatura que mide el protagonista según la versión doblada respecto a la original), pequeño desliz que se compensa por la excelencia que alcanzan los elementos que aparecen en la segunda parte del relato. El diseño de producción, desde los mencionados elementos hasta el característico blanco y negro conseguido, pasando por la eficiente partitura, logra un acabado maravilloso que eleva aún más la calidad del guión de Matheson.

El relato que parte de una premisa argumental totalmente alejada de la realidad y que se inscribe dentro del subgénero de las mutaciones (radiactivas), contiene temas morales básicos y universales como la relación del ser humano con su entorno o la posición que las personas ocupamos en o respecto de la Naturaleza. La increíble peripecia del hombre que mengua el cual sufre la pérdida de su lugar en la sociedad, consecuencia de su privación funcional-productiva al no poder trabajar y, por tanto, dejar de ser el cabeza de familia, emplazamiento social que solo parece poder recuperar como especie de atracción de feria, se ha entendido en su primera mitad como radiografía de la clase media (blanca) norteamericana pero es su espectacular y excitante segunda parte la que la catapulta hacia su condición de Obra de Arte y deviene en una de las mejores aventuras de la ciencia-ficción jamás rodadas.




Sirve de corolario al sólido y consistente guión y a la eficaz narración cinematográfica, la ejemplar descripción de los estadios mentales por los que atraviesa el protagonista tras su contaminación, claves para comprender su odisea y evolución. Dichas etapas se deslizan desde la extrañeza inicial, la negación posterior, el aislamiento voluntario y/o forzado dominado por la resignación que desemboca en ira, hasta su término en la segunda mitad del relato, después de un breve paréntesis de esperanza -con un guiño fabuloso a Tod Browning-, consistente en el más puro horror que siente el hombre empequeñecido, abocado a una nueva condición en la que se halla despojado de toda protección posible y enfrentado a un nuevo, desconocido y hostil mundo en el que debe aprender como desenvolverse. Algo que logra, como conclusión final, gracias a una determinación que lo lleva a aceptar con un halo de esperanza el nuevo escenario de su vida y su posición en el universo. El soliloquio existencialista que concluye el filme parece afirmar el relativismo del ser humano en el cosmos y/o respecto de la Naturaleza (incluso con/a pesar de la mencionada inclusión del mensaje religioso-conservador).




En esta absolutamente imperecedera película justo es acordarse de todas aquellas personas que llevaron a término el magnífico diseño de producción en el que descollan los extraordinarios decorados pero también destacan los trucos fotográficos o la misma fotografía o la propia banda sonora. Todo el personal involucrado en el proyecto logra aumentar la calidad del ya de por sí elevado material que concibió Matheson. Asimismo es notoria la aparición, con un rol significativo en la trama, de la estrella felina Orangey, que años después repetiría con un guión del mismo autor (la citada más arriba La Comedia de los Terrores). El Increíble Hombre Menguante es una gran película de ciencia-ficción que consigue captar la atención del espectador, que deja imborrables imágenes para el recuerdo y que es reivindicada por su ingente legión de seguidores como verdadera pieza maestra de la ficción fantástica y que, por fin, podemos encontrar desde Agosto del año pasado en formato dvd. Obra de culto e, indudablemente, parada obligatoria no ya únicamente del género sino, también, del Cine.





Las imágenes se han encontrado en la red tras búsqueda con Google y se utilizan simplemente con fines de ilustración. Los derechos están reservados por sus creadores.

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