6/1/12

¿Fauna autóctona o bestiario medieval?

La noche del cazador de Charles Laughton es, sin duda, una creación fílmica sorprendente, entretenida y muy elaborada. Entre los muchos aspectos que ponen de manifiesto el cuidadoso detalle con que fue gestada, destaca el uso abundante y acertado de la iconografía cristiana. La fuerte religiosidad de su guionista y probablemente su naturaleza narrativa con un lenguaje fantástico a modo de cuento para niños (en realidad, no tan niños) dotan a esta historia de un marcado carácter moral con moraleja incluida sobre la apariencia y la autenticidad de la bondad y la maldad.

Más allá de que su protagonista, Robert Mitchum, encarne a un predicador, quien encuentra en el lado más arcaico de la religión la justificación de sus actos, y que su alter ego, Lilian Gish, represente la vertiente humana, comprensiva y filántropa propia de la verdadera moral cristiana, el filme se encuentra lleno de guiños visuales a las representaciones propias del arte y la literatura cristianas (tómese como ejemplo la imagen virginal con la que se muestra la inocencia y martirio de la madre una vez convertida en esposa del predicador).

Ahora bien, entre estos aspectos nos resulta interesante resaltar la presencia de la iconografia del bestiario medieval en la escena del viaje en barca por el río que emprenden nuestros protagonistas. Al menos, ésta interpretación tiene a nuestro parecer.

Siguiendo el modelo del Physiologus, los bestiarios medievales se concebían como narraciones reales o de ficción en las cuales se insertaba historias y fábulas a modo de las parábolas que Cristo transmitió en los evangelios. En estos libros los animales se nos presentan formando parte de un universo creado por Dios, es decir, sagrado, de manera que su aspecto físico y su comportamiento se corresponden con un significado religioso y moral. Estos animales, signos divinos, nos ayudan pues a descifrar su poder y seguir el camino de la salvación. Y es precisamente este camino el que recorren en barca John y Pearl, huyendo de la maldad encarnada por el persistente reverendo Powell y dirigiéndose, aún sin saberlo, hacia los brazos salvadores de Lilian Gish quien les enseñará los valores para crecer adecuadamente siguiendo los pasos mostrados en los textos bíblicos.

En el primer viaje, la barca se arrastra corriente abajo custodiada por seis tipos distintos de animales: la araña, el sapo, la lechuza, la tortuga, la liebre y el cordero. Frecuentemente la crítica ha observado en esta escena una simple muestra de la flora y fauna autóctona del lugar en el que se desarrolla la acción. Nosotros hemos querido echar un vistazo a la interpretación que en los bestiarios se hace de cada uno de estos animales. La araña, animal emblemático en muchas culturas y generalmente asociado a los demonios femeninos, se vincula al mundo de la magia obscura. Los sapos, seres también demoníacos, representan la avaricia, pecado que llevará al predicador hasta su fatal destino. Por el contrario, las lechuzas, así como los búhos, representan a Cristo quien adora la obscuridad de la noche porque desea que los pecadores se conviertan mientras huye de la luz entendida como vanagloria. En cuanto a la tortuga, se la relaciona con la pereza (John dormita en la barca no consiguiendo alejarse lo suficiente de su cazador) y a la liebre con el conjunto de animales impuros. Finalmente, volveríamos a encontrar a Cristo en la figura del cordero vigilante.

Por otra parte, podemos cuestionarnos si es casual que este viaje se recorra precisamente en barca, elemento simbólico básico en la mitología como nos ejemplifican Perseo, Osiris, Sargón, Caronte o Karna. También en el mundo cristiano se encuentra su paralelismo en las figuras de Noé o Moisés, este último citado varias veces por la anciana protectora como un modelo de conducta. Además, debemos tener presente que para el simbolismo, el agua representa el nacimiento y la regeneración. En La noche del cazador, a través del viaje por el río los niños, especialmente John, emprenden un camino hacia la maduración y el conocimiento, estando más preparados al desembarcar para entrar a formar parte del mundo de los adultos (no olvidemos, por otra parte, que estamos hablando de un cuento de hadas fílmico).

Pero volviendo a la idea del viaje, recordemos que tras un primer intento de huida nuestros protagonistas desembarcan en una granja, lugar en el que ven - a través de un preciosísimo plano- un pájaro,que a pesar de estar enjaulado, les invita con su canto a descansar tranquilos. Si de un jilguero o gorrión se tratase, simbolizaría según los bestiarios la esperanza. Curiosa y hábilmente el guionista acompaña la escena con la pregunta de Pearl a su hermano:"¿Vamos a volver a casa?". Ahora bien, este momento de reposo se turba cuando John otea de nuevo desde el granero acercarse la figura del predicador y, asustado, decide de nuevo huir regresando a la barca. En este segundo viaje, los niños se cruzan con una rabosa, de nuevo un animal impuro asociado a la maldad, aunque su imagen queda pronto cubierta por el canto de un gallo cuya voz matinal nos despierta del sueño como Cristo triunfante nos libera de las tinieblas de la noche.

Por fin, los pequeños llegan a la orilla donde pronto encontrarán la fuerza para vencer al mal y la paz para crecer honradamente, convirtiéndose en "discípulos" de la bondadosa y auténtica creyente interpretada notablemente por Lilian Gish, cuya visión de la mujer y su "extraña" afición por las manzanas nos darían pie para otras tantas líneas pero que, de momento, os dejamos para la reflexión y, para aquellos que todavía no la habéis visto, para el disfrute.


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