3/6/11

Le Jour se lève/Amanece



Le jour se lève, Marcel Carné, 1939, Francia, Jean Gabin, Jules Berry, Arletty.

Nueva colaboración entre el director Marcel Carné y el poeta y guionista Jacques Prévert, quienes ya habían alumbrado el Muelle de las Brumas y años más tarde concebirían los Niños del Paraíso, y que, en esta ocasión, realizan una película que se ha convertido en paradigma del realismo poético francés.

Destilada con una estructura narrativa que descansa en tres "flash-back" que enlazan con el tiempo presente y unos ingeniosos diálogos, elementos ambos de fuerte aroma "noir", la película cuenta con un halo pesimista y un ambiente claustrofóbico construidos desde unos magníficos decorados, concebidos por Alexandre Trauner. La atmósfera se completa con una interesante iluminación y el peso del fatalismo que conduce durante todo el relato a un hombre corriente atrapado por las circunstancias.



Con independencia del mensaje político (recordemos la época en la que se rodó, el albor de la II Guerra Mundial) y de los avatares consecuentes en su distribución (prohibición por el Régimen de Vichy) y no tan consecuentes con la postura social del filme, ya que la productora del "remake" americano, la RKO, años más tarde intentó destruir todas las copias para no tener competencia, Le Jour se lève es una obra significativa no ya sólo por las interpretaciones de su cuarteto principal; la antitética (y justificada) composición de los personajes masculinos cobra relevancia: un sobrio Gabin -icono del cine francés- frente al malvado Valentín, un Jules Berry sobreactuado, y también el dúo femenino integrado por la natural Arletty y la joven cándida Jacqueline Laurent se hace acreedor a los elogios. Pero el filme es relevante, también y sobretodo, por las confluencias evidentes con el territorio del cine negro, desde esa disposición -ya citada- del relato en analepsis hasta el rol que desempeña el destino en el devenir de los acontecimientos, pasando por la utilización de planos cenitales, aunque puede que más justificados que en el "noir" al ser usados como cámara subjetiva la mayoría de las veces. Y no olvidemos las escaleras "langianas" y la persecución policial con gases lacrimógenos...aspectos que hacen pensar en el cine negro más estilizado a pesar de que el elemento criminal no es el que hace progresar la ficción. Elementos, todos ellos, que se refuerzan con los expresivos decorados de Trauner para exhibir la atmósfera opresiva que domina la historia.



El filme de Carné descolla por su elevado tono visual y su cariz innovador ejemplificado en el uso de la técnica narrativa elegida, aún nada habitual en aquella época (de hecho, la explicación inicial de la condición en que se encuentra el protagonista al comienzo de la acción se incluyó en previsión para que la gente situara el relato), y/o en el empleo de fundidos encadenados. Además, la película consigue entretener a través de su historia contada bajo el prisma del naturalismo y, dejando a la curiosidad del espectador actual la búsqueda de su posible mensaje social y/o político, se confirma como pieza clave del cine francés y europeo, circunstancia que hace recomendable, cuanto menos, su visionado.

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