18/8/11

Cautivos del Mal



The Bad and The Beautiful, Vincente Minnelli, 1952, EEUU, Kirk Douglas, Lana Turner, Walter Pidgeon.

Ejercicio de cine sobre cine repleto de guiños para cinéfilos que lo convierten en un entretenido juego para reconocerlos, Cautivos del Mal se encuadra en la revisión que sobre el mundo de Hollywood realiza el propio Hollywood en la primera mitad de la década de los 50: El Crepúsculo de los Dioses (1950), Cantando bajo la lluvia (1952), la segunda versión de Ha Nacido una Estrella (1954), son ejemplos de la exposición de las entretelas o del análisis más o menos crítico que desde el interior planteaban los integrantes de la industria.



Producto elaborado con un cuidado diseño de producción en el que destaca la labor del sempiterno Cedric Gibbons en la dirección artística y un sobrio guión de Charles Schnee que adapta una historia corta aparecida en una revista estadounidense para mujeres, Cautivos del Mal es una brillante disección del universo íntimo del celuloide: las relaciones que se establecen entre los profesionales del sector, las diferentes labores de muchos de ellos quedan descubiertas, en definitiva, la atmósfera del mundillo queda retratada en esta película sobre cine. La obra avanza mediante una construcción prodigiosa del personaje central estructurada en "flashbacks", cuál cine negro clásico se tratara, a través de los cuales cada persona que se ha relacionado con aquél ofrece su visión sobre el mismo. Pero no sólo se nos completa con cada segmento la personalidad del personaje -un productor amoral capaz de todo por cumplir sus sueños pero talentoso y enérgico- sino que también se nos muestra el proceso de producción de un filme pero, eso sí, todo ello envuelto con las características del melodrama aunque por momentos la narración funciona como documento en cuánto a la construcción de una obra cinematográfica de tal modo que el tono documental parece mayoritario. En este sentido, la película deja testimonio no ya sólo de los entresijos de los rodajes sino también de las fases de pre y de posproducción así como se encarga de destapar las miserias de Hollywood en particular y de la condición humana en general mediante ese estupendo personaje central interpretado por un fantástico Kirk Douglas: su Jonathan Shields es un ser implacable, ambicioso y egoísta, megalómano, aprovechado pero también es un tipo con encanto, con mucho talento y dotado de una exuberante energía y que ¿siente verdadero amor por el cine, no?. Esta complejidad determina su presencia "ausente" en la vida de los demás, el deseo del resto de apartarse de él pero también el sentimiento de atracción hacia su magnetismo personal algo que se acrecienta con el beneficio que todo el mundo consigue al estar cerca de él. Los sentimientos del resto de protagonistas respecto al personaje central quedan determinados por la ambigüedad de este. La composición del productor, una suerte de álter ego de David O.Selznick, la estructura narrativa y la funcionalidad de las subtramas románticas, entre otros aspectos, posibilitan que el excelente guión de Schnee se convierta en propicia tierra de labranza para ser cultivada por Vincente Minnelli, posiblemente más que un "artesano" cuya trayectoria profesional es recordada, fundamentalmente, por sus musicales. El director otorga al producto final su particular estilo clásico en el que los decorados y sus elementos aportan sobre la personalidad del personaje, la iluminación juega otro papel determinante (la famosa escena del coche que repitió años más tarde en Dos Semanas en otra Ciudad y la antológica en la que Shields proclama que es mejor sugerir que mostrar) y el trabajo con la cámara y sus movimientos es relevante pero no efectista (el inicio con la presentación del director en el set de rodaje es ejemplo paradigmático).



Magnífico filme sobre Hollywood, realizado por y desde Hollywood y en el que como se apuntó al principio se puede jugar a reconocer a David O.SelznickVal Lewton y su célebre La Mujer PanteraAlfred Hitchcock (su trasunto está interpretado por uno de sus actores asiduos, Leo G.Carroll) y su esposa Alma Reville o a Von Stroheim...todo un homenaje a la industria que muestra una mirada cítrica en ocasiones pero humana la mayoría, destilando como resultado un gris símbolo de la complejidad humana representada en Jonathan Shields, un tipo al que quizá se debería odiar aunque ni sus propias víctimas parecen poder hacerlo...por algo será.

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