29/8/11

El Milagro de Ana Sullivan



The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962, EEUU, Anne Bancroft, Patty Duke, Victor Jory.

Adaptación de la autobiografía en la que Hellen Keller explica la primera parte de su vida y, en especial, el encuentro y el comienzo de la relación con su maestra Anne Sullivan, vínculo que, por otra parte, se extendería hasta la muerte de ésta. El caso de Keller, historia de superación personal, se puede encuadrar en la propuesta de inclusión generada desde el campo pedagógico y que supera la de integración y, por supuesto, la de exclusión que dominaba la época en la que vivió la activista ya que desde las posiciones inclusivas, no ya solo en el terreno educativo concreto sino en el social, basadas en el principio de igualdad de oportunidades se propugna la participación plena de todas las personas en las actividades diarias de la sociedad (educativas pero también de empleo, de ocio, etcétera). En definitiva, se defiende el derecho a participar.

A partir del material original William Gibson escribió una serie de TV que después adaptó al teatro y posteriormente al cine y que le sirve a Arthur Penn para elaborar un ejercicio cuidado desde el punto de vista técnico y que huye del sentimentalismo, consiguiendo un filme bello, de ritmo pausado y de una dureza emocional considerable. Los indudables méritos de la película se amplían con las poderosas interpretaciones de Anne Bancroft y de Patty Duke, quienes retoman sus respectivos roles teatrales con una fiereza impresionante.



El Milagro de Ana Sullivan es el segundo filme de Arthur Penn, uno de los estandartes de la nueva corriente social y política que se abriría paso en el cine estadounidense hacia finales de los sesenta, no en vano este director proveniente de la TV y con experiencia en el teatro se convirtió en "trobador" de la contracultura americana con películas como La Jauría Humana (1966), Bonnie and Clyde (1967) y Pequeño Gran Hombre(1970). Aquí, después de dirigir la obra de teatro, firma un interesante ejercicio que en determinados momentos queda frío por su excesivo manierismo (algunos encuadres y composiciones) aunque, eso sí, estos instantes quedan subsumidos por la fuerza del filme y por los valores de éste: el empleo de algunos elementos con funcionalidad narrativa como los títulos de crédito o los "flash-back" que presentan o definen a los personajes exponiéndose su situación o sus motivaciones, además de la cuidada apariencia o el buen trabajo en la iluminación en blanco y negro de Ernest(o) Caparros, o la interesante partitura de Laurence Rosenthal, sin olvidar el mismo tema tratado, complicado de exponer de manera objetiva, sin apoyarse en su vertiente sentimental, y brete del que Penn sale muy bien librado. De hecho, la película alcanza cimas de tensión física -la recordada escena de la comida- que demuestran la poca concesión a la sensiblería y el intento por mostrar el drama tal cuál es. A este respecto, la dura (auto)exigencia de la maestra Sullivan se conforma como fuerza central de la historia.



Película interesante y dura tanto por el tema como por la forma de tratarlo y que probablemente no haya nadie a quien deje insensible dado su alto contenido emocional y que constata que el principio de inclusión social continúa estando de rabiosa actualidad, a pesar del avance innegable sobre la cuestión.

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