9/2/11

Shaft en África



Shaft in AfricaJohn Guillermin,1973,EEUU, Richard RoundtreeFrank FinlayVonetta Mc Gee.

La tercera entrega de la saga del detective afroamericano creado por Ernest Tidyman, escritor y guionista , entre otras, de The French Connection y las dos primeras aventuras del personaje en la gran pantalla, es una buena muestra del cine de los años 70 por lo que respecta a la exhibición de la violencia. Nos encontramos un tipo construido a la sombra de Bullitt siendo una especie de Harry Callahan y James Bond en uno (aunque por el reguero de cadáveres que deja a su paso casi que Rambo es digno heredero suyo) que representa otro individuo capaz de tomarse la justicia por su mano y arreglar las cosas a su manera; en definitiva todos los CarterCallahan y Shaft anticipan la degeneración que suponen los justicieros vengadores que poblaron el cine posterior. En el cine de la década la presencia de la violencia explícita cobra relevancia y esta versión negra de Harry El Sucio no es una excepción.Y si la violencia es tratada sin tapujos no lo es menos el sexo: escenas de desnudos, diálogos con contenido sexual abierto y hasta un delirante personaje femenino cuyo rasgo principal es la ninfomanía.



Desde luego que el filme es cosecha de su época pero sobretodo es un clásico blaxploitation que aprovecha el tirón del probablemente personaje más conocido del género y que más éxito comercial obtuvo. En esta ocasión el investigador privado encarnado por Richard Roundtree es reclutado para desarticular una organización de trata de seres humanos. Si bien el tema es duro y actual, el tratamiento que le otorga su guionista, Stirling Silliphant, lejos de analizar factores explicativos o dedicarle el mínimo rigor necesario,se desarolla de manera frívola funcionando como pretexto para representar situaciones de acción o románticas en las que se ve envuelto el personaje. La importante temática plenamente vigente aún en la actualidad y el desplazamiento del equipo a Etiopía para rodar el filme podía haber dado más de sí y no sólo para mostrar las localizaciones del país africano.

Y si hay algún elemento característico en este tipo de películas no es otro que la música, obra en este caso de Johnny Pate, arreglista de Major Lance, entre otros. Pate realiza un esfuerzo al intentar integrar la partitura en la historia, objetivo que cumple por momentos, y cuenta con el mítico grupo The Four Tops para interpretar el tema principal firmando una correcta banda sonora pero que queda lejos de las grandes "soundtracks" del género (la propia de Isaac Hayes para la primera entrega del personaje, la impresionante de Marvin Gaye para Trouble Man o la exuberante Superfly de Curtis Mayfield).

El director John Guillermin firma con su peculiar estilo, distinguible entre otras cosas por el empleo de la cámara en mano lo que dota a la imagen de un movimiento que en multitud de ocasiones está presente en el cine y en las series contemporáneas, si bien más pulido, una película que cumple con unos mínimos estándares de calidad y que se entronca en el contexto temporal en el que fue rodada de manera notable tanto por la representación de ciertos aspectos como por el empleo de elementos cinematográficos (algunos movimientos de cámara y composiciones, el color). El cuidado en las escenas de acción está por encima de la media de los productos del género pero su guión es deslavazado provocando un ritmo irregular pese a la sucesión de peripecias, muchas de las cuales se ejecutan sin demasiado acierto y algunas acontecen sin orden ni concierto (el encuentro sexual con Aleme parece una imposición más que una circunstancia que acontece con naturalidad) desencadenando esto un desarrollo narrativo en ocasiones demasiado burdo, hechos que lastran el filme y a los que hay que añadir la poca seriedad con la que se afrontan temas como el tráfico ilegal de personas o la mutilación genital femenina. En el otro lado de la balanza se sitúan auto-referencias inteligentes (los inventos y James Bond) , el planteamiento de alguna situación y la acción casi continua además de poner sobre el tapete los temas nombrados así como también el mensaje de denuncia del racismo que exterioriza el personaje principal con una demoledora frase al comisario francés. No olvidemos que pese al "crossover" disfrutado por John Shaft las blaxploitation tenían como público objetivo mayoritario a la comunidad negra de los EEUU. Aunque esté lejos de los ambientes urbanos en los que generalmente se desenvuelven los relatos de esta clase de películas, Shaft en África puede ser una buena elección para conocer el género.

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