1/12/13

El Fantasma y La Sra. Muir


The Ghost and Mrs. Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947, EEUU, Gene Tierney, Rex Harrison, George Sanders.

Una de las más bellas, conmovedoras y delicadas historias de amor jamás filmadas para la que se suele emplear el adjetivo de encantadora de modo casi unánime a la hora de valorarla, El Fantasma y la Sra. Muir es la demostración evidente de que el cine es un arte que puede ser pleno en sensibilidad y emoción.
Basada en un libro de la novelista Josephine Leslie, firmado con el pseudónimo de R. A. Dick y convenientemente depurado por el guionista Philip Dunne, esta maravillosa historia de fantasmas más cercana a Oscar Wilde que a cualquier otro relato terrorífico se consolida como una película de ternura exquisita y singular poder sensitivo. Para quien la conozca su revisión parece parada obligatoria cada cierto tiempo, para quien nunca la haya disfrutado le espera una obra con una inmensa capacidad de emocionar. Y no lo olvidemos, el cine pretende conmover y hacer germinar la emoción en el espectador, al menos en algunos casos. Claro que sobre los fines y objetivos del cine podríamos abrir un extenso e infinito debate, tarea ciclópea alejada del propósito de este comentario. Volviendo a lo que nos ocupa, esta romántica historia agridulce que combina la apariencia de comedia con la del melodrama pero que queda coronada con un final más que hermoso que supera la etiqueta de los géneros, sólo cabe constatar su mágica belleza y su melancólica sensibilidad.


Producto de una época en la que el cine estaba dominado por los estudios pero prueba fehaciente del perfecto engranaje con el que estos podían producir joyas de un valor incalculable por lo inmaterial, en El Fantasma y La Sra. Muir se encuentran un esmerado cuidado en el texto y en la puesta en escena junto con una excelente dirección de actores, sellos personales de su realizador, Joseph L. Mankiewicz, atributos completados con una estupenda fotografía en tono alto de Charles Lang y la labor de uno de los más reconocidos compositores de música para el cine, Bernard Herrmann, que, como siempre y en concordancia con su experiencia de origen radiofónico, firma una partitura armónica con lo que acontece en escena, una música evocadora que se ajusta como anillo al dedo a lo narrado. Es Herrmann un compositor de estilo obsesivo y fuerza desesperada, de obra personal con gran influencia posterior y que aquí logra captar y transmitir los sentimientos de los personajes con maestría y fiabilidad. Como también es Mankiewicz un cineasta de exquisito tacto que ya demostraba al inicio de su relativamente corta pero interesante filmografía sirviendo ambrosías como este cuento mágico u otros más tenebrosos, veáse su ópera prima como director, El Castillo de Dragonwyck, también protagonizada por la frágil, melancólica y fría belleza de Gene Tierney.

Una belleza jamás captada con tanta justicia como en esta película, salvo quizá en otro film, El Diablo dijo No, de otro realizador de distinción extrema, Ernst Lubitsch, aunque a más de uno se le aparezcan otra clase de fantasmas. Fue Gene Tierney una mujer torturada como también lo fue su compañero de reparto George Sanders, ambos compartieron historias personales trágicas y los dos destacan en el reparto de este relato cuyo triángulo protagonista completa el magnífico trabajo de Rex Harrison. No se la pierdan en versión original: disfrutar de la interpretación del trío no tiene precio y escuchar la dicción y la voz del cínico y odioso personaje encarnado por Sanders es algo impagable. Claro que por algo este intérprete tiene una sólida reputación como actor de culto. Por cierto que entre el reparto aparece una jovencísima Natalie Wood y merecen mención los secundarios Robert Coote como el agente inmobiliario y tímido pretendiente de la viuda Muir, y Victoria Horne, actriz que incorpora a la estirada hermana del difunto Sr. Muir.


El Fantasma y La Sra. Muir es un fascinador cuento mágico- romántico pergeñado por Darryl F. Zanuck, quien por aquellos años ejercía de mandamás de la Fox empeñado en cuidar el nivel de las producciones de la compañía y, a su vez, no dudaba en dar la alternativa en la dirección a promesas talentosas, provinieran de la escena teatral neoyorquina, como Elia Kazan, o de la producción y escritura cinematográficas, como era el caso del propio Mankiewicz, cineasta éste que supo cultivar un cine con querencia por el mimo en el libreto, sostenido en el cuidado meticuloso de los diálogos y desarrollado a través de una precisa y sobria puesta en escena, sellos personales que se conjugan con la habilidad en la dirección de actores y elementos todos ellos presentes y de qué manera en este clásico menor y de culto, una obra esencial digna de ser degustada por los más exigentes paladares cinéfilos que ahonda, asimismo, en la profundidad de los personajes femeninos presentes en la filmografía de su director; pues es la Sra. Muir una dama atrevida y animosa, una mujer de delicada fortaleza, protagonista de este relato colmado de melancólica sensibilidad  y cargado con enorme poder evocador sensitivo. Demostración manifiesta de la magia del cine, si ya conocen esta comedia agridulce quizá convenga una revisión, si, por el contrario, no han tenido la oportunidad de acercarse nunca a ella, por favor, véanla.


Las imágenes se han encontrado en la Red tras búsqueda con Google y se utilizan únicamente con fines de ilustración.

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