30/1/13

Paisà/Camarada


Paisà, Roberto Rossellini, 1946, Italia, Carmela Sazio, Dots Johnson, Maria Michi, Harriet Medin, William Tubbs, Dale Edmonds.

Si con su anterior obra el realizador italiano Roberto Rossellini inauguraba el movimiento artístico denominado Neorrealismo, revolución de magna influencia transnacional y atemporal, con la que nos ocupa profundiza en sus postulados formales y consigue la ruptura definitiva con el cine normativo. Puede decirse que este cineasta ejerció de punta de lanza de la vanguardia cinematográfica que recoge influencias del cine  realizado en Francia, especialmente, por gente como Renoir o Pagnol, y que supone la renovación de este arte a través de la aceptación de presupuestos estéticos alejados del modo de representación institucional tales como la temática social y políticamente crítica, la manipulación de la linealidad temporal de la narración o el abandono del final feliz, entre otros. En suma, una escritura antípoda con las demandas del espectador  clásico. Así pues, Rossellini ejerce de capitán de una tendencia que surge a fines de la II Guerra Mundial en Italia de manera natural, dada la situación de derrumbe en la que se encuentra el país en general y la industria cinematográfica en particular, haciendo de la necesidad virtud y optimizando los precarios medios con los que se contaban para desarrollar narraciones sencillas y reales contrapuestas a la artificialidad del cine del régimen fascista producido hasta entonces de manera mayoritaria. Si bien es cierto, y esto hay que reseñarlo,  que el Neorrealismo no supone el fin del cine populista italiano y tampoco se erige en el factor fundamental de la rehabilitación de la industria cinematográfica de este país, más bien, si nos atenemos a los datos de producción, desempeñan este rol películas que continúan viejas tradiciones regionalistas (El Rapto de las Sabinas, 1945), se inspiran en el acervo operístico italiano (Rigoletto, 1946) o suponen el resurgir de la capa y espada (Águila Negra, 1946) y que se posicionan como grandes éxitos comerciales. Es más, la derogación de las disposiciones del anterior gobierno fascista por las que se limitaba la exhibición de películas norteamericanas en Italia, exigida por EEUU y efectuada en Octubre de 1945, abrió el mercado nacional a la rápida penetración del cine americano. Sin duda, otro factor relevante para que el público italiano no tuviera el cine neorrealista como primera opción. Sin embargo, los réditos conseguidos por Roma, Ciudad Abierta, le alcanzaron a Rossellini para aumentar el presupuesto de su siguiente filme que hasta contó con dólares americanos. Una película episódica cuyos segmentos, engarzados mediante imágenes de archivo de la campaña bélica de liberación, no están relacionados en su sinopsis pero que en su trayecto geográfico desde el sur hasta el norte del país nos ofrece una visión de la sociedad italiana en la época  de la liberación y nos plantea las interacciones generadas entre los habitantes italianos y los soldados de las fuerzas de liberación situando el tema de la comunicación-incomunicación humana en el epicentro. Una temática que se despliega con expresión objetiva otorgada por su aire semi-documental (no olvidemos que Rossellini había rodado documentales para el Régimen) que supera inclinaciones políticas. En este caso, y a diferencia de una de las premisas ideológicas de los primeros neorrealistas, se pretende una descripción de la realidad sin explicación ni análisis. Proposición que choca con el ideario del Neorrealismo social que pretende utilizar la realidad con la finalidad de exponer sus concepciones político-sociales y conseguir así la transformación de la sociedad. Pero Rossellini se inclina por ser testigo objetivo en la reproducción de los hechos sin otorgar intencionalidad a su discurso, la realidad no será alterada por ningún recurso dramático, superando así las tensiones sucedidas con el guionista Sergio Amidei en el rodaje de la seminal y ya citada obra. Diríamos que Rossellini persigue la constatación de los hechos frente a la concienciación social buscada por la corriente del Neorrealismo social.


Lo inmediatamente anterior es relevante cuando nos referimos a Paisà, es la finalidad por la expresión objetiva la que provoca la retórica anti-estética y niega la obligación dramática en el desarrollo de la narración la cual se aleja con ello, de manera ya definitiva, del canon normativo. Aquí no existe el sensacionalismo argumental y predomina la forma documental. La Modernidad irrumpe en el cine con la ruptura de las convenciones de la dramaturgia. La realidad de una determinada sociedad en un tiempo concreto, la interacción que se genera por las relaciones entre el pueblo italiano y las tropas de liberación, las miserias, el dolor y las víctimas provocadas por la guerra que vertebran de alguna manera los distintos relatos que forman la película, no requieren (re)interpretación de ningún tipo, serán mostradas como son. El  naturalismo en la iluminación y dirección artística, emplear actores no profesionales (con otros que sí lo son) sobre los que recae un protagonismo coral y el efecto dramático del recurso del escenario natural (aquí  sobresalen las localizaciones del Valle del Po, la ciudad de Florencia y las cuevas marginales de Nápoles, en sus respectivos  capítulos), son los elementos mediante los que se propone una exploración del pasado que nos ayuda a su comprensión y, por ende, a conocer el presente. Estas serán las piezas que coloque el Neorrealismo para reflejar el estado de la sociedad, sin duda, una imagen de la misma deprimente que mueve a la acción. La postura que aboga por la sencillez y la naturalidad, la "estética del arte pobre" originada en la escasez de medios, se apoya en la autenticidad para desarrollarse de manera formal y conseguir sus objetivos originales de transformación social. En el caso de Rossellini sus tesis documentalistas, sobre las que ahondará en el film que completa su Trilogía sobre la Guerra (Alemania, Año Cero), son las que dominan esta crónica objetiva no ya sobre la devastación derivada del conflicto bélico sino también sobre la interrelación entre culturas y la incomprensión/comunicación entre ellas, todo un documento histórico cuyas razones para visionar radican en esta condición y en su valor artístico. Razones de historiografía cinematográfica y social que obligan al aficionado al cine a acercarse a esta propuesta cuyo último episodio concluye de manera despiadada y cruenta. Una terminación durísima, testimonio y corroboración de unos hechos narrados  desde unos códigos diametralmente opuestos a los acostumbrados. Es posible que el visionado de Paisà, piedra angular de un movimiento cinematográfico de innegable trascendencia a nivel mundial, exija un pequeño o mayor esfuerzo, según el caso, al espectador pero por los motivos aducidos es recomendable.



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