25/5/11

Lo Que El Viento Se Llevó



Gone with the windVictor Fleming, 1939, EEUU, Clark GableVivien LeighLeslie Howard.

El productor David O'Selznick ha pasado a la historia del celuloide por obras como esta, un melodrama excesivo producido por el estudio que fundó él mismo cuando se decidió a ejercer como independiente, aunque distribuido por la Metro, que hoy en día pertenece a la cultura popular de más de medio mundo. El éxito incontestable e inmediato del filme sigue vigente y lo ha convertido en una de las películas más famosas de todos los tiempos.

Siguiendo los patrones del cine de estudios, período del que es paradigma, Lo Que El Viento Se Llevó se considera como cúspide de cine-espectáculo con independencia de sus aciertos y desaciertos. La ingente literatura que ha originado permite formarse idea de la notoriedad del film: desde las incontables anécdotas acaecidas durante el rodaje, la hábil estrategia de marketing desarrollada para promocionar la película (la búsqueda a lo largo y ancho de los EUA de la actriz protagonista) o sesudos análisis sobre ideologías subyacentes a lo narrado son conocidos por muchísimos aficionados al cine. Selznick se vio recompensado con un más que rotundo triunfo, como se ha apuntado, que nunca volvió a repetir pese a sus intentos (Duelo al Sol, 1946) y que fue coronado con el récord de estatuillas de la Academia Americana: nada más y nada menos que 10 en un año considerado especialmente fructífero para el cine americano (El Mago de OzCaballero Sin EspadaLa Diligencia). Hasta 1959 con Ben-Hur ninguna otra película se vería tan reconocida a nivel de galardones. Los Oscar son premios sujetos a discusión pero son un elemento indicador del éxito comercial de un filme y otras veces (dejo abierta la cuestión de si muchas, pocas o algunas) de su valor artístico. En esta ocasión, la carrera comercial de Lo Que El Viento Se Llevó no posibilita dudar de su magnitud popular y su suntuosidad en los decorados, en el vestuario y en el uso del color elevan a un nivel notable su validez estética.



Precisamente, la mayor cualidad del filme puede ser el fastuoso diseño de producción desarrollado por uno de los artistas visuales más importantes que ha dado la industria del cine, William Cameron Menzies que fue una de las pocas personas que gozó de la confianza del megalómano Selznick y pudo desplegar con muchos medios su ingenio, por otra parte ya demostrado a lo largo de su trayectoria cinematográfica desde la época silente (El Ladrón de Bagdad, 1924) o con su paso a la dirección (La Vida Futura, 1936). Desde luego que entre los aciertos de Menzies se sitúa el empleo del Technicolor con el que se asocia a la película y ello pese a que la MGM era reticente a utilizar esta técnica por su elevado coste pero Selznick y Menzies se aprovecharon de su anterior experiencia con el proceso para sacarle partido. Además de Menzies, la pieza clave en la concepción visual de la obra, el productor contrató a los más reputados profesionales en los diferentes ámbitos, desde Lee Garmes (fotografía, no acreditado por abandonar el barco), Walter Plunkett (vestuario) y, por supuesto, Max Steiner con su recordadísima partitura, hasta el auténtico Rey de Hollywood de aquellos años, Clark Gable, que coronaba el reparto de lujo trufado de nombres conocidos (Thomas MitchellOlivia De Havilland)...entre unas cosas y otras, el presupuesto se disparó hasta una cifra impresionante para la época. Y es que Selznick ya comenzó pagando una cifra récord por el best-seller de la escritora novel Margaret Mitchell.

Melodrama épico de enormes dimensiones la película se divide en dos partes desiguales: si la primera despliega un interesante juego visual (los recordados planos a contraluz, las escenas con los heridos en la estación) y aguanta con un ritmo ágil enmarcando los acontecimientos justo antes y durante la Guerra de Secesión, la segunda aún manteniendo el interés en los aspectos relacionados con el diseño de producción queda muy lastrada por el excesivo dramatismo expuesto. Si a ello añadimos la visión simplista de la esclavitud e, incluso, insultante (el personaje interpretado por Butterfly Mac Queen ofrece una representación de la población afroamericana lamentable, en línea con los roles protagonizados por Stepin Fetchit), la interpretación romántica del contexto histórico y la lectura de los estereotipos de género (la dependencia femenina respecto de la fortaleza e independencia -tan americana- del hombre ya que Scarlett al fin comprende que solo un macho como Butler la puede hacer feliz) concluimos que Lo Que El Viento Se Llevó no es una película redonda, probablemente esté lejos de serlo, pero es epitome del espectáculo desde sus opulentos decorados hasta su reparto. Sin duda el fagocitador de directores y guionistas Selznick acertó de lleno y consiguió realizar una de las grandes películas del Séptimo Arte como demuestra tanto su impacto cultural y comercial como sus sucesivas reposiciones en salas de cine -en EEUU- y televisión.

Si valió la pena quemar los últimos decorados que quedaban de otro gran clásico como King Kong para rodar un melodrama tan excesivo o una película tan grandiosa es otro interrogante que dejo abierto.



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