26/10/11

Las Tres Noches de Eva



The Lady EvePreston Sturges, 1941, EEUU, Henry FondaBarbara StanwyckCharles Coburn.

Probablemente la Screwball más extraña de todas las que se rodaron esta película del reputado Preston Sturges pasa por estar considerada por muchos su obra maestra. Desde luego que sirve como ejemplo del modo en el que el guionista y director concebía su cine que durante un lustro, el que transcurre desde 1940 a 1944, fue capaz de alumbrar éxito tras éxito siendo por aquellos años una figura muy importante del medio, no ya únicamente por la calidad de sus filmes sino por conseguir ser el primer guionista en dirigir sus historias, desbrozando el sendero para tipos como WilderHuston o Mankiewicz, por ejemplo. Cansado de la manera en que los directores llevaban a la gran pantalla sus guiones, Sturges decidió vender por una cantidad simbólica uno de sus libretos a la Paramount con la única condición de poder dirigir él mismo el filme, así se gestó El Gran Mc Ginty, ácida reflexión sobre la política que supuso el debut tras las cámaras de este particular cineasta.

Las Tres Noches de Eva se abre con unos originales títulos de crédito que anticipan las referencias bíblicas que se dan a lo largo del relato y la originalidad de su conjunto se gesta en la curiosa inversión de géneros que desarrolla pues si bien es algo común al subgénero de las Screwball el peso que recae sobre el personaje femenino, portador de la acción y generador de acontecimientos, en pocas ocasiones es tan claro el rol dominante de la fémina sobre el destino de la figura masculina. La humillación del heredero interpretado por un sorprendente Henry Fonda queda retratada en el desarrollo de la narración y en su caída física -en varias momentos de "slapstick"- y metafórica (la pérdida de la inocencia y su introducción en el mundo de las relaciones sexuales; sobre este último aspecto hay que resaltar que nos encontramos ante una película que sortea con rara habilidad el Código Hays).



Sturges era un cineasta que se desenvolvía a la perfección dentro del sistema de estudios de Hollywood pero que fue capaz de crear una obra con sello propio desplegada fundamentalmente en la serie de comedias que realizó en la primera mitad de los años cuarenta del siglo pasado, trufadas de fino sarcasmo, dotadas con ingenioso diálogo, discurren con un tono anárquico dentro del subtipo que causaba furor desde mediados del decenio anterior: las comedias disparatadas. Para Las Tres Noches de Eva el realizador se rodea de muchos de sus actores habituales, algunos secundarios de lujo (Eugene PalletteCharles Coburn) y se apoya en una pareja protagonista que ofrece una actuación sorpresiva ya que Barbara Stanwyck, recordada por sus papeles de mujer dura y estoica, destila una vis cómica inesperada que encaja con su imagen de decisión y con su presencia dominante que ya lucía por aquellos años y respecto a Fonda cabe resaltar la misma concomitancia de su rol de tipo inocente e ingenuo con la figura forjada cara al público de idealista sincero, además el actor ejecuta de manera correcta un dosificado humor físico.

Muestra representativa de la labor de Sturges, como se ha dicho, esta película es entretenida sin estar a la altura de otras Screwball, agradable pero no completa por así decir pero su sexualidad soterrada, sus interpretaciones y un giro inverosímil cual ninguno en su trama, además de desplegar muchos de los atributos de este tipo de comedias como el juego de identidades o su matiz irónico que sirve para definir a las clases privilegiadas como vulgares y simples, seres vivientes en su irrealidad, hacen de ella una obra a la que nos podemos acercar con cierta garantía de conseguir una dosis de entretenimiento, escapismo fundamental en el nacimiento y desarrollo del subgénero cómico en el que este filme se encuadra. Por cierto, mención aparte merece el vestuario que lucen los protagonistas, en especial los vestidos que se atreve a exhibir Barbara Stanwyck, diseñados por Edith Head.

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