15/3/09

Las Locas Vacaciones de Una Chiflada Familia Americana en Europa




National Lampoon's European Vacation, Amy Heckerling, 1985, EEUU, Chevy ChaseBeverly D'AngeloDana Hill.

La película de Harold Ramis Las Locas Vacaciones de Una Chiflada Familia Americana originó, tras su gran éxito comercial, toda una serie dedicada a la familia Griswold, en ésta su segunda entrega -para los seguidores de la saga la peor de todas- el clan se traslada a Europa después de conseguir ganar el premio principal en un programa de TV; una vez en el Viejo Continente los desastres se suceden sin gracia ni ritmo ninguno.

Con un reparto encabezado por Chevy Chase, cómico salido del famoso programa televisivo estadounidense Saturday Night Live que recientemente ha sido estrenado en formato nacional por una cadena privada en nuestro país, además de por la atractiva Beverly D'Angelo y por el que desfilan Eric Idle (antiguo miembro de los geniales Monty Python, totalmente desaprovechado), John Astin (su presentador del show televisivo es de lo poco salvable de la película) y la hija del rockero Frank ZappaMoon Zappa y con un guión comenzado por John Hughes, basado en una historia corta propia publicada en la revista cómica National Lampoon (de la que era colaborador también Chase), la directora Amy Heckerling realiza una comedia lenta, sin ritmo, con unos gags previsibles, la mayoria de ellos mal resueltos, en la que ni tan siquiera la persecución final, motivada por una subtrama con secuestro incluído, resulta entretenida, más bien todo lo contrario, es bastante sosa. Si a esto añadimos la mala elección de los actores que interpretan a los hijos Griswold, en especial la malograda Dana Hill, y el desaprovechamiento de algunos elementos potencialmente interesantes, como los decorados por los que transcurren las peripecias de los protagonistas, y el inexistente nexo de unión entre los diversos acontecimientos narrados, al contrario la peli es una sucesión de "sketches" sin trabajar y con poca o ninguna gracia (alguno aislado quizás consigue alguna sonrisa), tenemos como resultado final una comedieta plana y aburrida que solo disfrutan los fans de la saga y/o de Chevy Chase, quien, por cierto, está bastante correcto.

Por salvar algo, la banda sonora es aceptable y, como curiosidad, el novio de la hija (hija que llega a ser en algún momento bastante odiosa) está interpretado por el malo de otro éxito ochentero (Karate Kid) Billy Zabka...en resumen, la película carece de interés y la mayor preocupación del espectador es discernir el motivo por el que Ellen Griswold llegó a unir su vida con la de Clark W.Griswold.


11/3/09

La Parada de los Monstruos



Freaks, 1932, EEUU, Tod BrowningHarry EarlesOlga BaclanovaWallace Ford.

Definición de película de culto por antonomasia, obra perturbadora y fascinante a la par que incomprendida y mutilada en su momento, esta cinta de Browning supone para el espectador la radical exposición a sus miedos atávicos, una inmersión en las profundidades de su conciencia y una re-definición de los conceptos de belleza, amor y (a) normalidad.

Tod Browning, autor de una interesante filmografia que empezó a forjarse como actor en producciones de Griffith después de dejar sus trabajos en su amado circo que fueron desde payaso a hombre-bala, consigue tejer una suerte de documental psicológico y realista con la deformidad como eje central del mismo, una exposición de las relaciones de los"freaks", de sus sentimientos y de su código de conducta que resulta aterradora en este proyecto personal que elaboró durante un lustro y que contó con el apoyo de Irving Thalberg y un equipo de guionistas que se basaron en la historia Spurs, de Tod Robbinsescritor que ya habia colaborado con Browning en el guión de alguno de los filmes que el director realizó con Lon ChaneySr.

Vilipendiada por la crítica de la época por entender como gratuito el desfile de seres deformes y rechazada por el público que salía escandalizado de las salas de proyección (todo lo cual da muestras de la hipocresía de la sociedad puesto que en aquellos mismos años estaban en boga los circos en los que se reclutaban y exhibían a estas personas), así como vendidos sus derechos para desmarcarse de ella por la Metro al distribuidor Dwain Esper para su explotación en circuitos para público adulto con esloganes referentes al sexo ("¿Hacen las hermanas siamesas el amor?") y títulos alternativos, La Parada de los Monstruos tras su pre-estreno sufrió cortes (sobre los 26 minutos y entre los que se incluye la escena en la que Hércules canta con voz de "falsetto" tras su castración) que redujeron su metraje a poco más de una hora y añadidos de prólogo y final feliz, además de suponer el fin de la carrera de Browning que nunca se pudo rehacer del fracaso de esta obra y se retiraría pocos años después.

Esta inclasificable obra maestra, muestra del intento que la Metro (el estudio del" glamour" y de los musicales) hizo para entrar en el género del horror que tan buenos dividendos estaba dando a la Universal a principios de los años 30, traza unas lineas difusas sobre la normalidad y moralidad y es un acercamiento franco hacia personalidades humanas ordinarias y con sentimientos comunes al resto de la especie aunque presenten ciertas alteraciones físicas: la propuesta de Browning consigue la reflexión del espectador mediante el replanteamiento que se hace el mismo de la"normalidad" social y ello a través del uso de la exposición de la anormalidad física así como de la contraposición del honor y el respeto que impulsan la vida de los "freaks" frente a la corrupción moral de Cleopatra y Hércules (es de suponer que los nombres de los personajes no fueron escogidos al azar).

Cronológicamente enmarcada en el inicio del género de horror, uno de cuyos elementos principales es el maquillaje empleado para caracterizar a los monstruos (FrankensteinLa Momia), aquí el "monstruo" es gente real lo cual da lugar a unas interpretaciones de un realismo brutal, de absoluta pureza (puesto que no existen) ya que las personas deformes que salen en pantalla se comportan como son, quedando retratadas como seres humanos que se enamoran, que juegan (magnífica la escena en la que están correteando en el bosque bajo el manto protector de su "madre") y que son poseedoras de una capacidad de superación enorme.

Browning, maestro de de lo macabro y de lo mórbido, con este estudio sobre la moralidad humana con toques de humor negro (el parto de la mujer barbuda, los flirteos amorosos de las hermanas siamesas) hace que nuestros sentimientos viren desde la simpatía y comprensión respecto a los "freaks" hasta el horror y la repulsión que nos generan mediante el clímax final que supone la escena de inusitada tensión y violencia en la que que se nos obliga a cambiar nuestra interpretación moral ya definida durante el filme cuando comprobamos la cruel venganza llevada a término; en definitiva los "freaks" como humanos que son tienen claroscuros (es notable en este sentido la comparación que se puede hacer entre la bucólica escena en la que se nos presentan y la de la terrible venganza cimentada en su código de protección frente al mundo exterior).

Una de las películas más controvertidas de todos los tiempos (en el Reino Unido estuvo prohibida por más de treinta años), re-descubierta en los años sesenta, sigue siendo objeto de debate y no ha perdido ni un ápice de su tremenda capacidad de impacto a pesar de que el recorte cercano a la media hora afecta al desarrollo de los personajes y de algunas situaciones (el antagonismo entre la pareja Frozo-Venus y la que forman Cleopatra y Hércules). Una obra que nos deja un mensaje meridiano y rotundo: los deformes tienen derecho a la misma dignidad y al mismo respeto que los "normales" y son iguales en sentimientos a estos (aunque los auténticos monstruos parecen ser la bella Cleopatra y el forzudo Hércules). Un film de un poderoso magnetismo que nos enfrenta a nuestros prejuicios y emociones haciéndonos sentir compasión y repulsión, perturbándonos al reconocer nuestro rechazo hacia estos seres, algo que nos incomoda y nos causa desasosiego e inquietud en grado extremo...quizá la reacción de Cleopatra en esa bellísima e impactante escena de la ceremonia nupcial, en ese ritual de iniciación en el que se ve inmersa, no sea tan diferente de la que podríamos ofrecer la mayoría de nosotros.