8/4/16

La Langosta

Trailer e info
La oscura y distópica coproducción europea de cine independiente imaginada por Lanthimos y Filippou le deja a uno con mal cuerpo. Y no porque a uno no le guste, no, más bien es que la estudiadísima manera de presentar los serios temas acaba resultando hasta cruel...muy demoledora, sí. Correctas interpretaciones de las estrellas que se embarcan en el proyecto (algo muy en boga, no sé si para demostrarnos que pueden actuar más allá de la acción FX y del circuito más comercial o, si acaso, se lo toman como reto personal y/o "actoral"), cuidadísima iluminación grisácea y lo mismo vale para el vestuario, sugerente banda sonora, ritmo lentíiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo son utilizados por el realizador griego nombrado ("úsease", Lanthimos) para lanzarnos un derechazo raro y directo a las neuronas, las cuales acaban sacudidas, abriéndose un interesante proceso reflexivo sobre la soledad.

Surrealismo y rareza
Pero también -o mejor, quizá por ello también- podemos meditar sobre qué es para nosotros y para la sociedad la relación de pareja e, incluso, a través del uso que hace la película de los hijos, la prole. Querido/a lector (lectora) haga memoria ¿Es posible que haya escuchado alguna vez aquello de que fulano y mengana tuvieron un niño/a "como para salvar una relación" que pasaba por turbulencias? Pues aquí se introduce esto con elegancia irónica. Las festividades se rematan con un formidable final cuya ambigüedad deja al arbitrio del espectador la resolución que toma el protagonista. Y ya que acabo de emplear una palabra con pedigrí sólo puedo añadir otra cuando digo que Lanthimos no ha dejado nada al albur en esta más que interesante película que supera su aridez expositiva por el calado y enjundia de lo planteado. Su deliberada factura formal puede resultar tan artificial y extraña como los vínculos establecidos por la humanidad retratada a lo largo de la historia, característica que la acaba por convertir en otro acierto más de una película que hay que ver con ganas, en honor a la verdad.

Soledad estudiada
Fotos y vídeos ilustrativos, los derechos están reservados por sus creadores.

27/3/16

Deadpool

Trailer e información oficial
Confieso que desconocía las andanzas de este irreverente personaje de la Marvel que comparte las habilidades dialécticas con las que Stan Lee dotó a Spiderman (sin duda, todo un guiño que tuvieron los creadores Rob Liefeld y Fabian Nicieza para con el gurú de la Casa de las Ideas y su una de tantas célebres criaturas) pero con una vis más gamberra y virulenta. Una línea unida a un talante "freak" que en estos tiempos es caballo ganador y más si se amplifica con altas dosis de acción y violencia. Pero es que, además, el personaje en cuestión cuenta con alicientes específicos para convertirse en éxito asegurado, unos atributos que le confieren cierto encanto personal y me refiero a sus continuas referencias a la cultura popular y a la frecuente rotura que practica de la cuarta pared. Si esto se complementa con alusiones a usos y costumbres de la posmodernidad (observen los nombres de personalidades que aparecen en la tabla de apuestas, por ejemplo, o al empleo del móvil por una de las acompañantes del protagonista en cierto momento culminante de la acción), constatamos que Deadpool supone una bocanada de aire fresco en el mundo de los superhéroes al que Hollywood viene recurriendo desde unos años a esta parte con tal asiduidad que podemos constatar ya como subgénero.


La Cuarta Pared y su fractura
Eso sí, no podemos decir que estemos ante la figura de un héroe ya que su conducta cruel y amoral, gratuita muchas veces si se quiere, merece que nos planteemos un distanciamiento para con sus actos. Una manera de entender el personaje que no creo que lo haga apto para todos los públicos y menos aún si atendemos la exagerada violencia gráfica o las escenas de alto contenido sexual que se exhiben a lo largo del metraje. Resulta sorprendente comprobar como la sala a la que asistí estaba abarrotada de un público mayormente adolescente cautivado por una nueva operación de marketing de la industria que provoca situaciones como la del niño sentado a mi lado que demandaba de su acompañante adulta información sobre la cocaína o la "postura del perrito". Supongo que con algo más de madurez y habiendo vivido algunas experiencias más este Deadpool se comprende y se saborea mejor. En esto me reafirmo pese a reconocer que la complicidad con el adolescente surge de esas bromas que explotan el "pedo-caca-pis + paja" y aquí habría que reflexionar sobre la deshumanización que supone la alta exposición a la más extrema violencia a la que estamos sometidos con habitualidad en nuestra sociedad puesto que si ese esquema de "pedo-caca" supone un estadio de la trayectoria vital, generalmente inocente, la sarta de miembros amputados, puñetazos y tiros en las pantallas debería ser harina de otro costal (y digo debería porque en nuestros días parece tan normal como el ir a clase). Hechas estas apreciaciones sobre la trivial y frívola manera actual de exhibir actos violentos en las películas como si fueran mecánicos y rutinarios (y en esto Deadpool no es una excepción, antes al contrario, es exagerada confirmación), sólo queda decir que la película entretiene, fundamentalmente por ese personaje central marcado por su desfachatez, aunque desarrolle un hilo argumental nada novedoso con sus habituales clichés y  momentos de mamporros, acción y efectos especiales por ordenador (eso sí, estupendamente ejecutados), pero como digo la idiosincrasia del personaje interpretado por un divertido Ryan Reynolds supone un soplo de aire fresco y hace del conjunto un tebeo distraído y recomendable, aunque no por aparecer un tipo con mallas, apto para todos los públicos.


Deadpool persigue de un modo poco convencional a su enemigo. Las apariencias engañan, no es un método inocente.
Este carisma que posee el personaje no se refrenda en los hábitos de los espectadores a pesar de la escena final (que, por cierto, presenciamos cinco personas) a tenor de la cantidad de vasos de plástico que una vez consumidos los refrescos y palomitas que habían contenido fueron abandonados y desperdigados a lo largo y ancho de la sala con un desdén absoluto por ese objeto de nombre papelera que pudiera servir para depositar los restos de los ágapes que la audiencia contemporánea nunca pasa por alto cuando presencia una película. En fin, un epitafio de la película que uno se pregunta si no resulta un guiño más que demuestra lo ingenioso de la propuesta.

Las imágenes encontradas con Google se utilizan con fines de ilustración y sus derechos están reservados por sus creadores.

3/1/16

La Carrera del Siglo

¡¡¡¡¡Uuuuuuoooooooooh!!!!!
The Great Race, Blake Edwards, 1965, EEUU, Jack Lemmon, Tony Curtis, Natalie Wood.

Bienvenidos al pastiche de géneros que se inventa el señor Blake Edwards, que, por cierto, le costó un "egg" (volveremos sobre esto). Mil y una veces repuesta por la tele hoy traigo una propuesta ideal para estas fiestas por aquello de ver cine en familia y tal. Y encima como es larga casi se pasa la tarde/sobremesa sin tener que hablar como quien dice. Las dos horas y pico que dura la películita dan para parodiar las del Oeste y las de Capa y Espada y, sobre todo, para homenajear las comedias mudas (para demostrar este aserto ver la dedicatoria a Laurel & Hardy -el Gordo y el Flaco, vaya- incluida en los títulos que abren la función) con las que el Sr. Edwards mamó su oficio desde pequeño y que parece que le gustaban un "egg" (siguiendo matemáticas de primaria este sería el otro). No olvidar que el Sr. Edwards era nieto de un director de los inicios del Hollywú. Hay que decir también que el Sr. Edwards conocedor quizá por ese lazo familiar de los entresijos del cine y de sus mecanismos consiguió destilar con sus películas un cine siempre personal en el que destacan sus comedias por las que el gran público lo conoce. Para la ocasión escribe una historia inspirada sui géneris en un pionero acontecimiento de principios del siglo pasado (aquí información sobre un documental que no he visto pero que queda bien enlazar) el cual queda re-interpretado en clave de humor a veces absurdo, otras físico. El Sr. Edwards recurre a la parodia para referirse a situaciones variopintas, desde socio-políticas hasta el mismo cine, y/o mediante dosis de ironía define el carácter estereotipado de sus personajes (que funcionan así por el interés de la acción, que están hechos adrede, vaya, y por eso uno va de blanco inmaculado (porque es perfecto e invulnerable) y el otro de negro, negro (siniestra que tiene el alma)).


Uno de los momentos más recordados por los niños
Como es algo cuasi-endémico en el cine del Sr. Edwards no podía ser que esta carrera no tuviera altibajos, cosa bastante lógica por lo larga que es y por apoyarse casi todo el asunto en estereotipos que viven un porrón de aventuras y desventuras sucedidas en un sinfín de decorados, sin más pretensión que la de entretener y rendir tributo a los grandes del mudo. Por eso, todo se acaba convirtiendo en una especie de peripecia nostálgica y episódica, algo envejecida pero trufada de bromas y guiños (incluso autoparódicos para el propio negocio) que sin ser redonda sí se le tiene cariño porque por momentos llega a conseguir ser divertida y durante la mayor parte es entretenida y con algo que llevarse a la boca. Estoy seguro que más de uno le tiene cariño, servidor incluido, no sé si por aquellos pases recurrentes en la tele de hace unos años o por el encanto que tiene pese a sus defectos. El caso es que uno la llega a recomendar y más para los domingos por la tarde, ale (ya tenéis otra opción además del "fúmbol", creo, porque uno ya no sabe si el espectáculo sigue siendo los domingos, es los martes o quizá los viernes). 


El Malo
Y entre lo bueno no se puede dejar de lado a Jack Lemmon cuyo personaje principal de Dr. Fate (o sea, Destino) puede que no permita un especial lucimiento pero a mí me resulta un modo Coyote divertido. Nótese que digo "cuyo personaje principal" y es que Lemmon también hace de Príncipe de un reino imaginario en cierto tramo-parodia-homenaje a las de aventuras, confirmando algo que nosotros ya sabíamos ¿o no? cuento con un sí, querido visitante, pero, no obstante, lo digo, por si alguno anda despistado, que el Sr. Edwards se adelanta con todo su equipo a las "spoof movie" que triunfaron tanto algunos años después y también hace relativamente poco (no hace falta decir ninguna, a buen seguro el avispado/a lector/lectora tendrá en mente ya más de una que hay hasta ejemplos patrios). Total, que Lemmon con su acompañante (al que muchos conocerán por su nombre clave de Colombo) y los personajes de ambos me divierten y me recuerdan a los dibujos animados que inspiraron. También los títulos de crédito en plan ilustración son graciosos.


El Bueno
Como dije todo nostalgia para el Sr. Edwards y su generación pero también para la siguiente. Del bueno hace el resultón Tony Curtis y de guapa sale (y es) Natalie Wood cuya muerte nunca esclarecida "reflotó" hace poco tiempo y, además, por aquí aparecen caras famosas como la del citado Peter Falk, alias Colombo, conocidas para el cinéfilo de postín cual la de George MacReady y su cicatriz, que suenan tal cual la de Arthur O' Connell, y otras que recuerdan a personajes de otros lares como la de Keenan Wynn. En fin, toda una pléyade de rostros más o menos reconocibles que se unen con otras figuras reputadas en sus respectivos campos (Edith Head en los trajes y vestidos, el veterano fotógrafo Russell Harlan)  para ayudar al Sr. Edwards en esta película, mitad homenaje, mitad parodia, toda Technicolor, comedia respetuosa pero sarcástica que presume de tartas.



Además, por aquello de tratarse de una carrera de coches los fans del motor tendrán un aliciente ahora que la temporada de F1 no está operativa. También podrán deleitarse con los modelos de autos creados ex profeso -alguno de ellos ha acabado como pieza de museo- aquellos a los que les llame el tema de las antigüedades (bueno, y los amigos del motor, otra vez, que hasta la guapa de Natalie parece que estaba en la onda). Y es que para hacer esta película el Sr. Edwards se dejó un dineral entre coches, vestuario y decorados. Eso sí, aunque tuvo una acogida tibia por los críticos que manifestaron disparidad de opiniones (pitos y aplausos para el castizo), funcionó lo bastante bien entre el público como para ganar algo de dinerillo. Por si todo lo dicho fuera poco la partitura es de Henry Mancini, así que cada vez hay menos excusas para no marcarse esta película uno de estos días. Volviendo al tema de los coches, ¿alguien sabría decir por un tartufo, por supuesto, qué icono del siglo pasado nació en la misma ciudad en la que está expuesto el coche de Leslie?


¿Preparados para el tartufo definitivo y para la foto de Natalie?
Antes de despedir hay que jugarse -otra vez- esos tartufos, delicia para los lectores de este blog, siempre dispuestos a degustarlos respondiendo a las cuestiones que planteo. La segunda oportunidad de esta entrada es seria y fácil: ¿qué récord ostenta Natalie Wood en el manido tema de los celebérrimos Oscar?


¿Es Leslie Daredevil o es el Profesor Fate? Nótese el original juego que me marco con el oficio y beneficio de los protagonistas de la película del Sr. Edwards.
Recuerden aquello de los derechos. Sólo se ponen las imágenes y vídeos encontrados con la inestimable ayuda de Google con ánimo de completar las palabras vertidas en la entrada.


Documento gráfico que demuestra el impacto de la película comentada (los coches están más conseguidos, la verdad).

25/12/15

Marte/The Martian


Tenía previsto desde su estreno ir a ver la última de Ridley Scott, un tío al que le perdí hace años la pista por la falta de interés que tienen para mí sus proyectos cineros, excepción mediante de la precuela de aquella interesante Alien o de esta otra incursión en la ciencia-ficción. Así que ante el riesgo inminente de abducción definitiva por la Estrella de la Muerte por fin he podido, y esto es un decir, disfrutarla. La cosa empezaba bien: ganas -aunque bien es cierto que cada vez menos porque el momento ya había pasado y es que muchas cosas son como el fumar, que hay que aguantar el arreón inicial, apretar los dientes, cerrar los ojos y hacer un "OOOmmmmmm" (ale, ya tienen muchos y muchas el propósito de año nuevo y su libro de instrucciones)- y un estupendo hilo musical sonando en el momento que despachaba un asunto que hay que atender cuando uno se dispone a encerrarse durante más de dos horas en cualquier sitio, como es el caso para ver una película o como lo pueda ser cuando uno sube al tren o al avión. Lo cierto es que la costumbre de amenizar este momento me parece de lo más curiosa pero como digo estaba muy bien con Marvin y Tammi entonando aquella canción redescubierta para muchos hace unos años, ya no recuerdo si por un anuncio o por su inclusión en una banda sonora.


Tengo tiempo para aburrirme y aburrirte
En fin, que de esta guisa me sentaba yo en la oscuridad de la sala (hoy en día algo así como el lado oscuro si uno no va a ver la que ustedes ya saben) donde se proyectaba esta nueva "americanada". Porque esto es, ni más ni menos, esta laaaarguíiiiiisima aventura espacial de supervivencia por la que, por un lado, desfilan multitud de clichés y estereotipos propios del cine más comercial junto con situaciones  y reacciones más que inverosímiles y, por el otro, una verborrea más o menos científica que nos intenta alumbrar la peripecia del astronauta perdido en el planeta más fascinante por goleada para los humanos pero que no consigue ni por asomo adentrarnos en la tensión que una lucha por sobrevivir debería tener. La cascada de acontecimientos trillados y por ello esperados hace que uno se pregunte ya durante la proyección si todo el dineral que ha debido costar esto no se podría haber destinado a algo más provechoso. Andaba yo con ese pensamiento cuando otro me asaltó y es la inevitable comparación con la famosa madre que de casi todas las películas espaciales se acaba haciendo uno mismo e intuyo que muchos, hasta el propio Scott diría yo. Y, quizá por ello, éste haya optado por una banda sonora con varias canciones disco (lo digo por aquello de contraponer la música escogida por Kubrick con una que se considera en las antípodas y a la que sea dicho de paso servidor le profesa cierta simpatía, aprovecho para lanzar un consejo: esperen al menos hasta el inicio de los títulos de crédito). Precisamente, lo mejor de la película es el extraordinario tema de Bowie que suena -sin olvidar el de los O'Jays que parafraseó aquel programa televisivo-, y también salvo la recreación que se hace de Marte con la que, a veces, se consigue transmitir esa supuesta soledad que debe sentir el personaje central, y poco más, acaso los artilugios y decorados científicos y el tímido esbozo que se plantea del trabajo conjunto entre países (de hecho, un poquito antes de salir los chinos andaba yo discurriendo que una misión conjunta multilateral podría salvar al héroe y podría ser algo un pelín más original que los derroteros escogidos. Pero claro, quién soy yo para decirle nada al señor Scott).




Por lo demás, aburrimiento y, además, bastante. Ni las ganas con las que uno iba han podido vencerlo y es que estas han desaparecido tras la introducción, cuando he caído que no debí mirar la duración de la película porque es ahí, cuando el planteamiento arriesgado se ha puesto en marcha, cuando he temido que  decidir estirarlo hasta las casi dos horas y media y que resultara algo entretenido podía ser harto complicado. Mis premoniciones se han cumplido. Ahórrensela.

El vídeo y las fotos se ponen para aclarar más las cosas. Por si acaso aquí queda dicho lo de sus derechos.

6/12/15

La Costilla de Adán




La sexta película de las nueve que protagonizaron la pareja Spencer Tracy-Katharine Hepburn puede que sea la más famosa y, sin duda, mantiene un grado de frescura que hace de su visionado hoy día algo ciertamente entretenido. Ello ocurre gracias a un inteligente guión, elogiado por muchos entendidos a lo largo de los años y hasta reconocido en la ceremonia de los célebres Oscar con su nominación al premio en su categoría, pero, principalmente, es posible por la innegable química que desprendía la pareja protagonista cuya afinidad en la vida real, demostrada en su idílico y duradero romance, se transfiere a la pantalla con pasmosa naturalidad. Naturalmente, esto se debe también a la capacidad interpretativa de ambos. Así que Cukor sólo debe dejar fluir ese estado de cosas para que la función se desarrolle de manera divertida, amena y ágil. De hecho, el director opta por una realización que lejos de distraerlo consigue que el espectador se siente en el patio de butacas de un teatro como si estuviera disfrutando de una obra tal cual. Una cámara inmóvil y escenas largas acercan a esta película a ese otro arte, para muestra recuerden la declaración que le toma el personaje de la abogada a su defendida. Esta dirección sencilla y discreta consigue dejar en el epicentro a los actores y, en este caso, los actores son excelentes. Porque el dúo protagónico es rodeado de un elenco de secundarios estupendo. El divertido Tom Ewell y la gran Jean Hagen quedan eclipsados por las loas mayoritarias hacia la "barriobajera" Judy Hollyday (parabienes bien merecidos, por otra parte) pero este trío muestra una forma envidiable en sus primeros papeles en el cine y/o sus casi primeras apariciones en el mundillo, según el caso (podemos considerar que La Costilla de Adán es el debut oficioso de Hollyday, por ejemplo).


Pero, como se ha dicho más arriba, detrás de la realización de Cukor que cede el protagonismo a los maravillosos intérpretes se descubre un libreto que aunque parta de una premisa quizás inverosímil no esconde su inteligencia como tampoco la exposición diáfana de cuestiones feministas. Un argumento, por cierto, que tiene su origen en una situación real como la vida misma y en el que la presencia de ciertos estereotipos de género existe pero el carácter dinámico, decidido y seguro de sí mismo del personaje que encarna la Hepburn (y tan habitual por otro lado para ella) pone sobre el tapete y boca arriba las cartas que barajan Ruth Gordon y Garson Kanin. Dicho sea de paso que esta fue otra pareja sentimental cuya parte femenina también era una mujer de enorme vitalidad y de un carácter polifácetico aún pendiente de reconocer y, desde luego, digno de admirar. Recordemos para los amantes del terror una de sus caracterizaciones más conocidas. Deducimos sin dificultad la importancia del otrora llamado sexo débil en la génesis y resultado final de este filme si nos atenemos a un somero examen de su participación en él. Desde las labores de escritura de Gordon hasta las descollantes interpretaciones de Hollyday y Hagen y, por supuesto, la arrebatadora personalidad de Hepburn.

Tal fue el éxito obtenido que tres años después se intentó repetir la fórmula con La Impetuosa en la que director y pareja protagonista se volvieron a reunir para ejecutar de nuevo un libreto del mismo dúo de guionistas y hasta se emitió una breve serie de TV en los setenta, década en la que la obra que nos ocupa ya era considerada un clásico. Categoría que sigue ostentando en la actualidad junto con la de paradigmático ejemplo del que podríamos llegar a considerar como subgénero cómico de la "Guerra de los Sexos". En definitiva, una película a la que nos podemos acercar cuando queramos disfrutar del cine clásico de Hollywood y/o de una de sus parejas estelares. No defraudará a ninguno de sus seguidores, seguro.



Las imágenes se utilizan exclusivamente con fines de ilustración y se han encontrado tras búsqueda en Google. Sus derechos están reservados por sus creadores.

12/10/15

Desafío en la Ciudad Muerta

En fin, ya sabemos como terminará nuestra historia...
The Law and Jake Wade, John Sturges, EEUU, 1958, Robert Taylor, Richard Widmark, Patricia Owens.

Y hoy, una del Oeste, para que no se diga que aquí no cabe de todo. Pues eso, Desafío en la Ciudad Muerta es para bien y para mal una del Oeste, con muchos de sus clichés, virtudes y defectos. Si hasta salen indios, oiga usted. Por salir hasta sale la Caballería. Y todo en (más o menos) hora y media. Paisajes espectaculares y duelo final a tiro limpio también quedan incluidos en el "pack" preparado por John Sturges, al que muchos recordarán por otras del Oeste (Los Siete Magníficos), otros tantos por una de aventuras (La Gran Evasión) y algunos menos por una psicológica inclasificable y de visionado ultra-recomendable (Conspiración de Silencio). Como ven, un tío sabedor del oficio "cinero" que rodó unas cuantas películas famosas y otras tantas más que decentes. Aquí, sin pasarse y con un estilo sencillo y directo (lo cual puede considerarse mérito y virtud) remata una del Oeste típica, más bien entretenida pero a la que le falta algo para ser memorable. De hecho, a más de uno/a le puede dejar indiferente.

Sólo le pido a Dios que no me haga "caer" indiferente
Punto y aparte es la presencia de Richard Widmark que vuelve a hacer de Tommy Udo y que es un tipo de actor que supongo que tendrá detractores que consideren que es propenso a la sobreactuación y que, por lo tanto, para nada deja indiferente. Aunque yo diría que tiene una buena colección de "fans" (entre los que me incluyo), algo que no es óbice para reconocer que puede haber contrarios con los que, evidentemente, no compartiré ningún tartufo nunca jamás. De hecho, la película se sostiene en buena parte por él y su personaje, mucho más interesante que el del bueno, vestido de negro y al que el otrora galán cuyos días de gloria habían pasado, Robert Taylor, le presta su presencia. La base de la historia suscrita por William Bowes (la novela original es del prolífico y varias veces adaptado al cine Marvin H. Albert) pivota sobre la relación de estos dos personajes: el amoral villano Clint Hollister (Tío Richie y su aspecto de alemán) y Jake Wadeel soso bueno atrapado por su pasado (un toque noir, por favor) que da el título original a la película (el mencionado antiguo galán que aquí está en punto neutro pero como es algo que le va bien al personaje pues, digamos, que lo acaba interpretando de manera aceptable). Como digo, la tensa relación entre estos dos es la piedra filosofal de la película, aunque en algunos momentos pasen a ser relevantes las demás interacciones que se establecen entre los distintos personajes. Los conflictos surgidos de ellas mantienen o intentan incrementar la tensión dramática. Así, el antagonismo entre los dos tipos duros se puntea con otros choques como el que vive Ortero (Richard Middleton, actor con cara de bonachón), el leal lugarteniente de Clint que se ve obligado a enfrentarse con el resto de la banda dispuesta a abandonar en determinado momento a su jefe, o como el que desata "el más malo que el malo" Rennie -matón encarnado por Henry Silva, algo así como el doble no reconocido de Jack Palance-, miembro del "gang" dispuesto a encararse hasta con el mismísimo Clint, o el conflicto que sufre, nuevamente, Ortero, un tipo legal que se debate entre seguir siendo fiel a su jefe y amigo o ayudar al antiguo camarada Jake, un tío éste que realmente nunca le hizo nada.

Escaramuzas antes del duelo
Y todo esto queda dicho para que vean que la película sigue la línea de las del Oeste que se hacían por aquellos años: la tensión entre los personajes completa la clásica que desprenden las aventuras propias del género (aquí es donde salen los indios y su tendencia a la más iracunda belicosidad que los impulsa a atacar de manera "natural" en esta clase de películas). Y, faltaría más, también tenemos la parte romántica, superflua y carente de interés y que, mire usted por dónde, nos va a dar el juego tartufero, allá va: Patricia Owens, la actriz que da réplica al otrora galán es la protagonista de un clásico de la Sci-Fi, así, sin consultar en el oráculo contemporáneo por antonomasia ¿alguien sabría decir el título de la "películita"? Además, en la banda del malo sale otro actor relacionado con la ciencia-ficción, pueden buscarlo tranquilamente en "San Google" que seguro que dicen algo así como que "les sonaba" o "vaya, así que sale aquí".

¿Dónde vamos a terminar con nuestro asunto?
Bueno, sigo a lo mío y ahora digo que a Desafío en la Ciudad Muerta (por una vez el título traducido tiene su aquél y no desmerece al original aunque desvela algo del desenlace, pero, bueno, todo el mundo supone que la función va a terminar con el consabido duelo de pistoleros ¿o no?), aún jugando con la mencionada vertiente psicológica que nos dan las relaciones interpersonales de y entre sus protagonistas, podemos situarla en cuanto a profundidad emocional un peldaño por debajo de los westerns de Delmer Daves, sin ir más lejos y para introducir como quien no quiere la cosa la la ya clásica auto-publicidad y por citar otro cineasta fundamentalmente conocido por las que hizo del Oeste. El propio Sturges exploró con más tino unos años antes esa tirantez relacional por la que intenta apostar aquí, vean la ya citada  y recomendada Conspiración de Silencio (¿a qué están esperando? ¡no será a terminar de leer esta entrada!). La historia trillada, el desigual duelo "actoral", incluso la anticlimática resolución final (que sabe a poco, la verdad), (¿la irrupción de los indios?) las salva Sturges sin florituras y con oficio, aprovechando tanto la habilidad de Robert Surtees para sacarle jugo al salvaje "landscape" americano en Scope y a todo (Metro)color, como el sólido material escrito de Bowes que incluye personajes secundarios con solvencia y también algunos diálogos brillantes (la auto-referencia al honor de Clint o las espartanas exequias en el entierro de alguno de los componentes de la banda de "malosos"). En suma, Sturges dirige con mano firme y experta. He dicho que la confrontación que cierra la historia de la manera que todo el mundo se imagina sabe a poco, aún así Sturges la rueda sin música, elección que eleva la tensión dramática del encuentro, pero quizá -y como al resto de la película- le falte algo, ese factor que en ocasiones aparece en cualquier ámbito de la vida, no sólo en el cine, y que hace que cualquier cosa, persona u obra pase del aprobado al notable, o, en definitiva, a ser especial. En Desafío en la Ciudad Muerta se desgranan los clichés de las del Oeste con profesionalidad, de manera económica y amena y los fans de Tío Richie seguro que la disfrutan, por no decir los de las del Oeste que en ella encontrarán todo lo que buscan. Y para completar el programa echen un vistazo a este otro tesoro enterrado.

Éste parece un lugar como cualquier otro, sin testigos, ideal.
Las imágenes se han encontrado en la red tras búsqueda con Google y los derechos pertenecen a sus creadores, lo digo por si acaso y tal.





27/9/15

El Demonio de la Armas



Mítica cima de la más genuina serie B, esta joya del cine negro y obra de culto que sirve de portada para libros temáticos sobre el género es parada obligatoria no ya para los amantes del mismo sino también para todo aquel que dice gustarle el cine. Rodada con una clarividencia envidiable por Joseph H. Lewis, uno de esos directores cuasi-olvidados (por no decir absolutamente desconocido para la mayor parte del público actual) de la época dorada del Hollywood más clásico, quien aquí deja patentes sus extraordinarias dotes cinematográficas legando para la posteridad el plano-secuencia más reconocido de la historia del género (con permiso del inicial de Sed de Mal, como ven estamos pronunciando palabras mayores), El Demonio de las armas es una obra de auténtico cine, puro deleite para el cinéfilo de pro, además de una cinta rompedora en su aspecto visual y demoledora en su tratamiento de la sexualidad que, ya de paso, ha ejercido magna influencia en movimientos emblemáticos de la historia del cine y en obras más conocidas que ella misma.



Partiendo de un relato de Mac Kinlay Kantor que el "blacklisted" Dalton Trumbo se encargó de adaptar bajo seudónimo la película despliega a través de una modernidad apabullante una historia de "amour fou" vivido por unos protagonistas sin futuro y condenados a una mortal marginalidad de la que no hay escapatoria. Un extraordinario, imponente y vanguardista ejercicio de cine que captura el etos de la sociedad norteamericana de posguerra mediante la exposición del más crudo y descarnado realismo, podríamos decir, parafraseando al Dr. Luis Lapuente cuando define el sonido destilado en la factoría Stax que estamos refiriéndonos a una obra dura, afilada y carnosa. Desde luego, la carne y la pasión son motor de la historia, algo ejemplificado de modo contundente en la magistral escena en la que Peggy Cummins, envuelta en su albornoz, marca el destino del vulnerable John Dall, arrastrándolo de manera inevitable hacia el fin, consecuencia lógica del descenso a tumba abierta que ya habían emprendido ambos desde el momento en el que se conocen, un duelo de tiro al blanco que se constituye como otra colosal prueba de las dotes de Lewis para poner al espectador en la piel de los protagonistas y hacerle comprender que el destino de la pareja está sellado. En este sentido, el último acto desesperado de Bart no es más que la consumación de la fuerza de carácter absoluto que ejercen los hados sobre su compañera y sobre él mismo.


-"I want to do a little living...Bart, I want things, a lot of things, big things. I don't want to be afraid of life or anything else. I want a guy with spirit and guts".
La narración, caracterizada, por una parte, por la economía, desarrollada sin concesiones y dominada por la violencia más despiadada pero no por ello carente de una carga emotiva extrema presente en algunos instantes de máxima belleza como el de la fugaz -por imposible- separación de la pareja protagonista, y, por la otra parte, por la que sobrevuela la más descarada sexualidad permitida (y no permitida) por las normas del Código Hays, dirigida con pulso firme por Lewis nos adentra de pleno en el corazón de las películas de carretera con ese aura rebelde de la pareja y la huida hacia ninguna parte en la que viven los protagonistas, nos golpea con temas tabúes y plantea otros muy vigentes. Así, la factura formal vanguardista se conjuga con la modernidad y el interés de su temática, siendo notorio el uso del sexo en el avance del relato. Es la carnalidad, como tantas otras veces en el noir, la que hace sucumbir al anti-héroe. Es el uso de la lujuria el mecanismo con el que la mujer fatal pretende alcanzar el estatus de vida deseado, pero aquí surge una particularidad respecto a otras congéneres: Annie Laurie Starr está enamorada hasta el tuétano de su víctima, para la que acaba siendo una especie de Mantis personal.


La liturgia carnal de los protagonistas sobre la que se va a edificar su relación queda plasmada de manera alucinante con el cortejo que es el duelo ya citado que transcurre en la feria, a partir de ahí una profunda y poderosa puesta en escena enfatiza la atracción fatal que sienten los protagonistas cuyo comportamiento jamás es juzgado, es expuesto sin moralismos ni ambages. La pareja cae víctima de un extraño encantamiento marcado por la atracción sexual que la condena a vivir para matar, camino emprendido con el amor como impulso del crimen y allanado por la compulsión incontenible que sienten hacia las armas de fuego, una suerte de fetiche propio que comparten y que los acerca hasta casi ser uno. Para dar corporeidad a los amantes, a ese inestable y violento trasunto de Annie Oakley que es Annie Laurie Starr y al vulnerable y sensible buen chico Bart Tare, unos actores cuasi desconocidos de los que el director quedó más que satisfecho, Peggy Cummins y John Dall (del que, por cierto, Hitchcock -¡cómo no!- ya había sabido sacar su lado oscuro ).



Desde las profundidades de la serie B y valiéndose de un realismo brutal y sorprendente que, por momentos, se empareja con el tono documental, Joseph H. Lewis logra la estilización del noir  y consigue encontrar una forma única y específica que hace de "El Demonio de las armas" una película reconocible, de estética marcada y en la que destacan sobre el conjunto algunos instantes imborrables, como el del atraco al banco o el que se comete en el matadero, ambos rodados de manera brillante pero bien diferente, que hacen de esta cinta una obra moderna, ágil, dinámica, fresca, innovadora e inventiva. Lewis, seguro de sí mismo y conocedor de los entresijos de su oficio, apoyado, fundamentalmente, en el manuscrito de Trumbo y en la labor del operador Russell Harlan y del montador Harry Gerstad mece los sucesos duros y violentos que cuenta en las redes del negro, la textura del género se hace visible con este realizador que fue capaz de decir no a la industria con su temprano retiro y que, comenzando como ayudante de cámara y montador, pasó a dirigir westerns de bajo presupuesto que le valieron el apodo de "Wagon-wheel Joe" por sus imposibles composiciones que ponían los radios de las ruedas de carro o cualquier otro elemento en primer término, para llegar después al género negro y terminar su trayectoria profesional en la pequeña pantalla con series del oeste, allá por los años sesenta.



Puede que los espectadores de la época no estuvieran preparados para la audacia de esta película o puede, como el mismo Lewis reconoció, que su obra no tuviera detrás una organización para su distribución ya que la compañía United, estudio que la compró a sus productores, los hermanos King, estaba en pleno proceso de reconstrucción, sea como fuere, la película fue un fracaso en toda regla y eso pese a que a algún iluminado (para desgracia de Lewis como el mismo dijo en alguna ocasión) se le ocurrió exhibirla con el título "más comercial" de Deadly is the Female. Pero hoy podemos concluir que Gun Crazy es una extraordinaria película, sin ánimo de extenderme más ya que los hechos hablan por sí solos:




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