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11/6/17

Comanchería

High Hell or High Water, D. Mackenzie, 2016, USA, C. Pine, B. Foster, J. Bridges.
Hete aquí una interesante muestra de cine contemporáneo independiente USA que ha triunfado en taquilla con nominaciones oscarianas incluidas, lo que abre la polémica de si consumimos lo que nos dan o elegimos lo que consumimos...sí, sé que el elenco protagonista es una carta-anzuelo que hace que mucha gente vea la peliculita pero su desarrollo la aleja bastante de lo que nos dicen los blockbuster sobre los gustos mayoritarios de nuestros días...en fin, como los cerros de Úbeda quedan lejos para la mayoría nos centramos en lo que nos tenemos que centrar.

Uno de los momentos de más humor de la película.
Los nuevos talentos aún no corrompidos Mackenzie y Sheridan (cada uno en lo suyo: dirección y escritura) proponen una historia anclada en la crisis socioeconómica que dicen algunos que ha terminado y que sitúan (nada menos) en el epicentro del género USA por antonomasia (sí, el western). Pruebe el espectador a sustituir los caballos por los coches y fíjese en el recurso del paisaje como elemento descriptivo y singular que domina las emociones de los protagonistas. Pero, además, son capaces de salir bien librados de puros homenajes al cine negro de verdad. Total que hacen un neo-negro postcrepuscular western con atisbos sociales contemporáneos e históricos (referencias a la conquista del territorio de los nativos americanos por un lado y por el otro algunas imágenes del desolado paisaje petrolifero que parecen sacadas de un documental de ese supuesto grano en el culo del establishment USA que para algunos es Moore) muy estudiado en su vertiente formal y muy cuidado en su construcción de personajes (aunque la reproducción de ciertos clichés es evidente) y en sus significativos diálogos. Y algo muy importante: los estallidos de violencia secos y concisos se dan con dosificación ejemplar...cuando toca, vaya.

Violencia la hay: dura pero en su justa medida.
Claro que no todo es cuestión de rosas y la historia debería cortarse en el momento en que el hermano pequeño - Chris Pine, al que no me extraña que eligieran bien afeitatadito y aseadito, claro, para coger el testigo de William Shatner para hacer de Capitán Kirk- se gira al empleado de banco preguntándole si en su sucursal puede tramitar el papeleo para transmitir la granja familiar a sus vástagos...todo lo demás sobra, y me refiero a esa escena conclusiva en la que los caracteres antagónicos del Ranger y de él mismo exponen las motivaciones de sus actos que han sido plasmadas más que bien en lo que ya se nos ha mostrado.

El díscolo Cabeza Loca a punto de descubrir qué significa ser Comanche
Para el final dejo la banda sonora de Nick Cave y su fiel Warren Ellis que es curiosa pero parece acrecentar una tendencia en el cine moderno de cuidar este aspecto aunque no acabe de encajar en el desarrollo del relato de lo que se propone en pantalla (cosas del post-tarantinismo) y, para rematar, no se puede obviar la interpretación del Sr. Bridges, un tipo que a estas alturas está más allá del bien y del mal y que se acerca peligrosamente a la sobreactuación desde hace unos años. En este caso su alabada composición de un agente de la ley y el orden cansado acusa ese rasgo "hiper" especialmente en sus primeras apariciones cuando no se ha conocido al personaje. Quitando estas cositas la película queda muy recomendable y uno se va contento después de verla y termino con una premonición nada rappeliana: la escena con la que se quedará mucha gente será la del casino en la que el hermano mayor se enfrenta con el indio Comanche de pura cepa y voz ultragrave.

Y para que no se diga allá va un juego de espejos: 





Las imágenes se han encontrado tras búsqueda con Google y se utilizan como ilustración. Los derechos reservados por sus creadores y/o propietarios.

20/1/17

Danzad, Danzad, Malditos

They Shoot Horses, Don't They? Sydney Pollack, 1969, EEUU, Jane Fonda, Michael Sarrazin, Gig Young.
Aquí traigo para la ocasión una meritoria adaptación de una novela de la Depresión, o sea, bastante dura que, todo sea dicho, tuvo poco éxito en su día (el libro, digo, porque la película fue llegar y besar el santo y seguir besándolo hasta hoy en un no parar). El libro por si alguien se lo quiere leer es relativamente corto y lo firma Horace McCoy, un tipo que sabía algo del Hollywú de la época por estar trabajando por allí (era un aventurero de aquellos años que desempeñó un sinfín de trabajos, fue héroe de la I Guerra Mundial y después hizo sus pinitos como actor para terminar de establecerse como guionista en la "Meca del Sine"). La película supongo que se habrá visto por mucha, muchísima gente ya que es archiconocida y gusta un montón pese a lo deprimente del tema. Desde que se presentó en Cannes (en nuestros lares lo hizo en 1970 en otro ínclito festival pero fuera de concurso) no paró de cosechar galardones y nominaciones (Oscars, BAFTAS, Globos de Oro). Hombre, mira, aprovecho para poner en solfa un tartufo: ¿Qué récord tiene esta película en los celebérrimos Oscar? Ya sabéis, el primero/a que acierte podrá degustar un delicioso tartufo, por si no hubiera tomado suficiente dulce en estas fiestas navideñas que ya se han marchado.

¡Y, ahora, Señoras y Señores, para su regocijo y diversión, El Gran Espectáculo de Perdedores y Desesperados!
Volviendo a lo dicho, Gig Young se llevó el Oscar a Actor de Reparto y el mismo Pollack fue nominado por su labor directiva de alto standing: brillante, estudiada y cuidada pero algo carente de "punch" porque todo es muy deprimente, sí, pero falta algo "natural" en esta recreación de la Depresión. Eso sí, oiga Sr. Pollack (¿puedo llamarle Sidni? Gracias) todo muy currado: las vestimentas, la recreación del concurso de baile, ¡Si hasta en la orquesta hay profesionales que tocan temas de la época en la que pasa todo!. Y claro, Sidni, tú tampoco te quedas corto ordenando  y dirigiendo el cotarro: que si ahora la cámara lenta, que ahora lo montamos con un flash-forward por aquí (unos segmentos que parecen cuasi-subliminales) y llegamos al culmen con la famosa escena de la carrera, vertiginosa, asfixiante y muy celebrada por los entendidos. Sidni, eres un fenómeno, pelín manierista si me lo permites, te suele pasar, pero creo que es la época, pero, oiga que yo por la del cóndor lo paso todo. Y ésta tampoco está mal, qué va, está bastante bien. Y es un referente del Nuevo Hollywú, ese nuevo cine aperturista que hacía gente que (como Sidni) venía de la tele en unos tiempos que cambiaban (como decia el Nobel) y que para lo que nos interesa ahora (que es el mundillo del celuloide) estaban marcados por el fin de los estudios y la "aparición" de (precisamente) la tele. Voy a simplificar mucho para ser gráfico y para que se compruebe la magnitud de la convulsión que se vivía: Pasamos de ver pelis "a favor" de una guerra (II Guerra Mundial) a otras en contra de otras (Corea y Vietnam).

Antes de la Gran Carrera todo son nervios y susto
Los ejecutivos de Hollywú saben lo que se llevan entre manos y ahora toca hacer pelis para jóvenes: con algo de sexo serio, esto es, con visos de problema existencial (allá te va El Graduado), si se trata de tus ansias de evasión y libertad, toma Easy Rider, ¿quieres levantar acta del poder de la Congregación?, pues ¿qué te parece un documental (ale, incluyo un trocitosobre la reunión festivalera de Woodstock?. ¡Ay, los jóvenes! ¡Era tal su ferocidad que hasta en Hollywú hicieron oreja! Las huelgas y barricadas del Mayo francés eclosionaron en la sociedad occidental y hollywú alimentó a los chicos y chicas del amor fraterno (oigan que en Broduey también se notó) con reinvenciones de géneros nacionales (Grupo Salvaje), subversiones románticas de la norma (Bonnie y Clyde),  coladas de prendas íntimas sin lavar (Midnight Cowboy), contestaciones jocosas a la autoridad y sus decisiones (MASH) y un montón de cosas más (La Noche de los Muertos Vivientes). Y que digo yo que mucho antiestablishment y tal ¿pero quién ganó el Oscar a mejor actor el año de la peli que he traído hoy por aquí? Ale, un tartufo fácil.

Filósofos de postín animando a la turba
Pero, bueno, que Sidni y otros como Allen, Bogdanovich, Altman, Penn, Cassavetes y Parks abrían caminos en plan Nueva Ola USA, cada uno con sus filias y fobias pero haciendo marcha. Una cosa, muchas pelis de las que he citado antes están por el blog, así que podéis leer las sesudas disertaciones sobre ellas con un sólo click. 

Y cómo no podía ser de otra, pues, también surgen rostros que representan los nuevos tiempos, porque mucha contracultura pero al final la fagocitación del sistema todo lo puede y tenemos nueva hornada de guapos y guapas. Como la bella Jane (Fonda, hija de actor star-system) que protagoniza esta película en su primer papel serio-serio. Una joven estrella que venía de hacer una psicotrónica de culto con la que era sexploitada por su, de aquellas, marido (el listo de Roger Vadim) y que podía haber hecho el Gran Trío de Pelotazos si no hubiera dado calabazas a Bonnie y a Rosemary que pudieron ser ella, pero ella estaba a otras cosas (¡Ah, el Amor!), aunque, bueno, ni falta le hizo y no es menester recordar su itinerario desde Musa de la Contracultura USA (FTA) hasta gurunesa del Aerobic y Gran Dama Cinera que es ahora, casi que Más Allá del Bien y del Mal y que, mira tú por dónde, permitirá ganar a quien sea otro tartufo si nos dice con qué cineasta de la Nueva Ola francesa experimentó fílmicamente (¡¡¡y ya van tres tartufos, yowzah, yowzah, yowzah!!!). En esta función su pareja de baile (nunca mejor dicho, eh) es Michael Sarrazin, un actor que viene como anillo al dedo con su cara de pánfilo y por el reparto hay viejos conocidos de la pequeña pantalla: Michael "tengan cuidado ahí fuera" Conrad, Al Lewis. NO, no hay tartufos para quien diga las series en las que aparecían estos dos, pero, mira, sí habrá uno y muy grande para quién diga qué conexión cósmica existe entre un famoso cómico que usaba gafas y Sidni (y este, queridos y queridas, veteranos y veteranas del blog, es el tartufo MÁS DIFÍCIL jamás puesto en juego en este espacio).

¡Váyase usted a-a... adónde diría Max Dembo!
La verdad es que Sidni consigue transmitir la angustia existencial del personaje encarnado por la Musa de la Contracultura USA (Gloria, una chica tejana que emigra a Hollywú para intentar ganarse la vida en eso del cine, aunque según se la describe en el libro "(...) era demasiado rubia y demasiado menuda y parecía además demasiado mayor" y cuya desesperanza vital la hace declarar en determinado pasaje también del libro que "(...) Debe de haber multitud de personas en el mundo como yo que desean morir pero carecen del valor necesario para matarse"). Esto lo digo para que quien no haya visto la peli sepa que, saltándonos los guiños comerciales y superficiales que en algún momento mete Sidni, sí se alcanza a crear un ambiente triste y hasta deprimente y que aquí uno se encuentra con una historia sórdida de loosers que con sus trucos (cámara lenta, episodio chico pierde chica) funciona como crítica a la sociedad USA dejando al descubierto sus miserias morales, sociales y económicas.

Los participantes a lo suyo, con su triste rutina alegórica de mecerse y moverse
Así que Sidni transpone de manera acertada la fuente original, una novela seca y dura que denuncia la hipocresía de la sociedad USA y a la que claro está hace algunos cambios: caracterizar a Gloria con más malas pulgas y con más orgullo -esto hace que cambie lo que entendemos con su conducta sexual- unificación de los personajes del MC (esto es, Master of Ceremonies, ¿alguien se acuerda de MC Hammer?) y del promotor en uno al que lo define mucho más inescrupuloso, desaparición de otros como las mujeres de la asociación de nombre sospechoso -Liga de Madres de Familia en Defensa de la Moral- y de algunos elementos como el mismo final de la Sra. Layden -la groupie de la pareja protagonista- y también se atreve con el añadido de escenas como la famosa de la ducha con Susannah York volviéndose...no spoilearé, u otra de enjundia porque cierra la película con el mensaje de que todo continua girando pase lo que pase y esté quien esté. Aviso para los cineros, se mantienen las numerosas referencias a personalidades del Hollywú de la época de las que la novela está plagada pero cambiando de tipos y tipas (se cambia la letra pero no el espíritu). Cambios aceptables (unos mejores, otros peores) para llevar el meollo al cine y acabar haciendo un clásico moderno (o un clásico de aquellos años contestatarios, si preferís) que demuestra que para muchos peatones todo esto de la vida que tenemos montada en nuestras sociedades es una carrera en círculo parecida a la que deben correr los participantes en el concurso de resistencia de baile de la película, un fenómeno este de los maratones bailongos que cuajó más allá de las fronteras USA.

Testimonio del furor que hizo a nivel mundoccidental esto de los maratones de baile en los años 30. Este se hizo por aquí, en Valencia, ¡sí, señor!
Muy alegre el tema como que no es pero tanto el libro como lo que hace Sidni demuestran la deshumanización de una sociedad integrada por personas que son capaces de tratar como bestias a sus congéneres, llegando a explotar sus miserias. Podemos terminar recordando las palabras con las que concluía un insigne autor patrio una de sus obras a la que servía de escenario otro popular festejo, éste con seres de cuatro patas y cuernos: "(...) De pronto, el circo rumoroso, lanzó un alarido saludando la continuación del espectáculo. (...) cerró los ojos y apretó los puños. Rugía la fiera: la verdadera, la única".

¡The Show must go on, yowzah, yowzah, yowzah!
Las imágenes, vídeos y demás se han encontrado con el Google.Yo sólo los pongo para que se vea lo que digo pero sus derechos los tienen sus propietarios y creadores. La foto de Valencia está en este libro de fotos antiguas. El extracto con el que concluyo la reseña es de la novela Sangre y Arena de Vicente Blasco Ibáñez y se pone para ilustrar.

8/4/16

La Langosta

Trailer e info
La oscura y distópica coproducción europea de cine independiente imaginada por Lanthimos y Filippou le deja a uno con mal cuerpo. Y no porque a uno no le guste, no, más bien es que la estudiadísima manera de presentar los serios temas acaba resultando hasta cruel...muy demoledora, sí. Correctas interpretaciones de las estrellas que se embarcan en el proyecto (algo muy en boga, no sé si para demostrarnos que pueden actuar más allá de la acción FX y del circuito más comercial o, si acaso, se lo toman como reto personal y/o "actoral"), cuidadísima iluminación grisácea y lo mismo vale para el vestuario, sugerente banda sonora, ritmo lentíiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo son utilizados por el realizador griego nombrado ("úsease", Lanthimos) para lanzarnos un derechazo raro y directo a las neuronas, las cuales acaban sacudidas, abriéndose un interesante proceso reflexivo sobre la soledad.

Surrealismo y rareza
Pero también -o mejor, quizá por ello también- podemos meditar sobre qué es para nosotros y para la sociedad la relación de pareja e, incluso, a través del uso que hace la película de los hijos, la prole. Querido/a lector (lectora) haga memoria ¿Es posible que haya escuchado alguna vez aquello de que fulano y mengana tuvieron un niño/a "como para salvar una relación" que pasaba por turbulencias? Pues aquí se introduce esto con elegancia irónica. Las festividades se rematan con un formidable final cuya ambigüedad deja al arbitrio del espectador la resolución que toma el protagonista. Y ya que acabo de emplear una palabra con pedigrí sólo puedo añadir otra cuando digo que Lanthimos no ha dejado nada al albur en esta más que interesante película que supera su aridez expositiva por el calado y enjundia de lo planteado. Su deliberada factura formal puede resultar tan artificial y extraña como los vínculos establecidos por la humanidad retratada a lo largo de la historia, característica que la acaba por convertir en otro acierto más de una película que hay que ver con ganas, en honor a la verdad.

Soledad estudiada
Fotos y vídeos ilustrativos, los derechos están reservados por sus creadores.

31/7/15

Dos Semanas en otra Ciudad

Les voy a contar una historia sobre cine...
Two weeks in another town, Vincente Minnelli, 1962, EEUU, Kirk Douglas, Edward G. Robinson, Cyd Charisse.

Pues sí, ya estoy aquí de nuevo, esta vez con una sobre cine pero antes de comensar allá que se ponen en juego los tartufos: en esta peli salen como "feliz" matrimonio los monstruos de Claire Trevor (La Gran Dama del Cine Negro) y Edward G. Robinson (EG para nosotros, a partir de ahora y para siempre), pero ¿alguien sabría decir que otra peli comparten como cabezas de cartel, ella haciendo de ¡hampona!? (La siguiente pista es que también sale un tipo que años más tarde acabaría superándolos en fama y estatus icónico). Después del tartufo...


Podríamos ir a retozar a la playa (cosecha del tiempo)
Un melodrama del colorido Minnelli, un tío recordado por el pueblo gracias a sus musicales pero empeñado en hacer otras cosas llenas de luz y de color, hasta el punto que muchos aficionados (y aficionadas) también se acuerdan de él por cosas como -¡ups! está es en blanco y negro- Cautivos del Mal (ya sabréis asiduos visitantes de este entrañable lugar que la auto-promoción se me da más que bien) y seguro que a más de uno (y una) se le vienen así sin pensarlo demasiado alguna que otra más del colorido Vincente. La verdad es que Minnelli tiene caché en la actualidad y que los tenía bien puestos era atrevido, vaya, sólo hay que reparar en su ópera prima íntegramente interpretada por actores y actrices negros a principios de los cuarenta para comprobar esto último (y aquí también canta una artista de color cual es Leslie Uggams, lo que me da para hablar de la soundtrack que incluye canciones pop como el Dracula Cha Cha Cha que sigue a continuación). 



Aquí, Vincente, con un reparto estelar encabezado por su conocido Kirk Douglas (a día de hoy quizás el último superviviente del Hollywú Clásico que tanto nos gusta en este espacio, bueno, Olivia aún sigue por aquí también) y por un EG que actúa como premonitorio trasunto del propio realizador al encarnar a un viejo director aferrado al pasado, no puede evitar incurrir en estrepitoso fracaso comercial corroborando los estertores de la MGM y casi, casi que de una época. Ni la chica de las piernas taaan largas, ni savia nueva como el galán a lá Dean -doble del guapo Beatty (no dejen de leer la reseña de Bonnie y Clyde en este blog) - de George Hamilton, ni la aparición de algo así como estrellas europeas o proyectos de (Rosanna Schiaffino, Daliah Lavi), ni contar los trapos sucios de los rodajes y el mundillo, salvan el asunto de la bancarrota.


La soledad del cineasta ante su obra
Lo que no se le puede negar a Vincente, uno de los cineastas que mejor supo contraponer la realidad y el sueño-escape-deseo que le son propios a esto del cine, es que en esta película crea una sensación de sueño-pesadilla que en la borrachera de Kirk (spoiler) se eleva a potencias cósmicas. Vale que el clímax final con esa arcaica escena en el coche quede deteriorado y no sólo por la apariencia "viejuna", pero antes hemos captado un poquito del frenesí de un rodaje cinero que aunque no resista las comparaciones (que siempre son odiosas e inevitables) con su hermana mayor (o sea, Cautivos del Mal) y tenga un resultado irregular, puede picar la curiosidad de aquellos a los que les mola esto de las pelis sobre el cine (vamos, lo que en el blog llamamos MetaCine. Sí, podéis pinchar en la etiqueta en cuestión para leer sobre más pelis de este rollo). El conjunto parece sincopado, como incómodo de ver, estridente diríamos, incompleto puede ser, pero hay que reconocer que la versión definitiva está (como Vincente denunció en su momento) mutilada. Aún reconociendo que muchos personajes acaben desdibujados y funcionando como estereotipos y esa sensación de película incompleta ¿disculpamos a Vincente? Ay, pero las tijeras sí me permiten discernir el tono decadente y neurótico del mundo cinero que expone Vincente y lo que para servidor es un acierto mayúsculo: la captura de la vida nocturna y la de la calle romana.


Perdido entre varias aguas

Estamos ante un melodrama para bien y para mal y estéticamente muy de su época que seguro que en pantalla grande gana, que traza líneas en torno a las inseguridades/dependencias, los fracasos personales y las crisis existenciales, pero que acaba siendo algo raro, con unos cuantos (auto) guiños vía los clips de Cautivos que introduce Vincente (si EG es ese remedo del propio Vincente es algo que ud, amigo, debe juzgar) y que, además, tiene la curiosidad de ver a la chica de las piernas taaaan largas en un (esto va a quedar fino) cometido dramático. Ahora, para terminar y por fin, una de curiosidades que tanto suelen gustar pero va a ser usted el que las va a desmenuzar: Vincente se basa en una novela -sobre la que efectuó los oportunos y correspondientes cambios que consideró, faltaría más- de un reconocido escritor, uno de cuyos otros trabajos dio pie a una exitosa serie de TV (muy popular en nuestro país en su momento) por la que aparecía un superhéroe que se cabrea mucho (y que en origen era gris pero por problemas en la impresión acabó siendo del color por el que todo el mundo lo reconoce hoy). Así que, tenga un papel activo y averigüe quien es el novelista, la serie y el superhéroe y de paso el actor que lo encarna y, para rizar el rizo, compre un libro del caballero, vea la serie y lea un tebeo del personaje en cuestión que el verano es largo y da para esto y más, pero antes...


...una pista.

Tened en cuenta lo de los derechos de autor, sólo pongo las fotos por darle color a lo Minnelli, vaya, así que:

¡Acción!

3/4/15

Yo Confieso

Un cura con pasado

I confess, Alfred Hitchcock, 1952, EEUU, Montgomery Clift, Anne Baxter, Karl Malden. 

Pues ya que en este blog se acaba de comentar una de Monty yo no voy a ser menos y aquí les traigo otra de este mito-icono sexual del Hollywú de siempre. Y es que este tío bien podría pasar por un sex-symbol de los de hoy, puede que Clark Gable parezca viejuno, las andanzas y tropelías con o sin bigotito de Errol siempre dan que hablar, el salvaje de Brando es de armas tomar, a mí Cary siempre me parecerá lo más (¡qué elegante!) pero los rasgos de Monty son los que se llevan ahora y para colmo siempre tendrá ese poso de tormento que bien le para para papeles como los de este Padre Logan, todo culpa y atado hasta decir basta a su código deontológico, "uséase" no poder propagar a los cuatro vientos lo que le han contando en confesión, aunque esto sea un asesinato. Tal es la premisa de esta película del grande entre los grandes Alfred Hitchcock que pese a no acabar muy contento de todo el meollo nos prepara un entretenimiento que bucea en sus obsesiones de siempre. Qué tío este Hitchcock que supo manipularnos como nadie. Como digo el mismo orondo realizador le comentó a Truffaut (corran a comprar ese libro mítico de entrevistas si es que no lo tienen ya) que esta película no le salió todo lo bien que quería pero aun así yo creo que la podemos salvar, claro que sí. Sus temas recurrentes aderezados con elementos religiosos a tope (bueno, uno de sus fetiche era la culpa cristiana, así que, al fin y al cabo, la cuestión religiosa siempre andaba por ahí) y una nueva demostración de formalismo cinero hacen que la salvemos.


Nótese el peso de la cuestión religiosa
Y para esta gótica película con esos contrapicados de las iglesias de Quebec y el fondo de su famoso hotel (una city que en la mejor tradición del cine negro cobija de manera retorcida los recovecos del asunto) Hitch se basa en una obrita de principios de siglo de Paul Anthelme, convenientemente adaptada con sus acostumbradas concesiones a la verosimilitud  y pone sobre el tapete lo que muchos entendidos en la materia piensan. Esto es, que estaba en plena madurez y podía conseguir momentos sublimes como el del pasaje onírico en el que el futuro cura regresa de la guerra y pasa un rato agradable con su amiga. Este pasaje de la película es toda una premonición del aura que desprende la obra maestra entre las obras maestras (para entendernos y para que quede claro hablo de Vértigo). Además, el tío consigue otros momentos logrados como el de la salida del Padre Monty tras el juicio, un hombre marcado al que seguimos en su descenso desde la sala hasta la calle y lo acompañamos en su incredulidad desconcertada ante la multitud que se apiña para condenarlo socialmente. Lástima de esa resolución con la que se da por finiquitado el asunto que queda como traída al pelo, muy melodramática ella porque antes el punto de partida, ese problema moral al que se enfrenta el párroco Monty que antepone su obligación religiosa al esclarecimiento de un asesinato, resulta sugerente. Quizá el cura esté torturado también por otros secretos inconfesables que carga en su mochila vital desde antes de ser cura pero precisamente por ser cura son inconfesables. Como esto último recuerda a los populares trabalenguas hay que decir que el sacerdote se siente culpable y guarda secreto por el juramento religioso al que se halla obligado (conocer la identidad del asesino a través del confesionario) pero también por su misma posición religiosa (la sociedad puritana no podría entender que antes de ordenarse pudiera haber tenido sus pinitos amorosos e imagínense que estos sean pinos al tratarse de ¡una mujer casada!). Total, que esto le viene como anillo al dedo al místico y atormentado Monty para lucir palmito y martirio (no me dirán que no viene bien esta película para estas fechas) y a Hitch para indagar un poquito sobre la culpa y la angustia. Pero sólo un poquito porque al final la transferencia de culpabilidad queda como inexplorada, cuando uno acaba de ver la película le parece incompleta en su tema hitckoniano en cuyo centro se halla un tipo inocente "culpable", una propuesta cercana a la posterior Falso Culpable.


Un flashback, irrealidad, escaleras, pues sí, cine negro á la Hitch
Pero ya digo que la premisa que propone un combate entre la tradición religiosa y la justicia moral (o así) junto con las multicapas con las que Hitch siempre barnizaba sus cosas, sea a nivel formal o emocional, hace que este experimento acabe siendo recomendable pese a que el famoso suspense no aparezca demasiado (sabemos desde el principio quien es el asesino, no tardamos mucho en conocer las relaciones del protagonista con la víctima). Un apunte para cinéfilos, o mejor, aquí se ponen en juego los tartufos: el cine de Hitchcock representa, sin duda, todo un universo personal en el que cada elemento que se muestra en pantalla juega un papel determinado y repensado, como lo es aquí la escena en la que el Padre Monty desayuna con sus colegas mientras la mujer del asesino sirve la mesa, pero ¿alguien sabría "disir" por lo menos dos películas de la etapa inglesa del Maestro en las que como aquí aparezcan escenas con funcionalidad dramática en las que los protagonistas desayunan? Ale, ahí queda eso.


El expresionismo y las sombras, otro ingrediente negro presente en las tribulaciones del Padre Logan.
Pues nada, ya pueden empezar a ver esta demostración de madurez de uno de los mejores directores en esto del cine, aunque sea una obra de transición por así decir pero que vale la pena por variados motivos: Por Monty, por la fotografía de Robert Burks que pasa como desapercibida para la mayoría y por la relación explícita que guarda la película con el más puro cine negro, desde su posición naturalista representada en el despacho sucio y austero del profesional policía Larrue (soberbios Karl Malden y su nariz que al igual que el cura creen firmemente en lo que hacen) hasta el fragmento onírico que refleja las pesadillas propias del género. Y, por supuesto, por Hitch, por ver una de Hitch, ese gran proyector de obsesiones que si no son colectivas casi que acaban siéndolo una vez concluye con su hábil proceso de manipulación. Puede que estemos ante el hombre que mejor ha entendido los mecanismos con los que el cine opera en la mente humana.



¿Las dos parejas de niñas más aterradoras de la Historia del cine?
Para terminar y dada la dificultad del tartufo puesto en juego así como que se han nombrado varios guapos, nos jugamos otro (un tartufo, que no es lo mismo que un guapo aunque pueda -ser que lo es- un tartufo guapo): uno de esos guapos comparte con Monty método y otra cosa más mundana o más sencilla o más de trivial, si se quiere ¿Cuál es la cosa?

Las imágenes se han encontrado tras búsqueda con Google y sólo las pongo para ilustrar la entrada, que si no queda "muu" sosa. Los derechos están reservados por quien los tenga. 

17/3/15

La Heredera


The Heiress, William Wyler, 1949, EEUU, Olivia de Havilland, Montgomery Clift, Ralph Richardson.

Esta es una de esas grandes películas de cabecera que todo buen cinéfilo que se precie debe tener. De una precisión milimétrica y un exquisito gusto la puesta en escena marca de manera indeleble esta muestra del saber hacer de William Wyler, uno de los grandes realizadores del cine clásico que supo dotar a su obra de un sello personal. El mimo en el detalle que practicaba este director y que encontraba cobijo en un carácter perfeccionista y rayano en la tiranía según algunos que tuvieron la "suerte" de trabajar con él, queda más que patente en esta recreación de la encorsetada época Victoriana que adapta una obra teatral de los propios guionistas Augustus y Ruth Goetz inspirada en la novela de Henry James, Washington Square. En definitiva, aquí tenemos cine con clase. Los quilates de esta película se pueden pesar partiendo desde la meticulosa dirección con devoción por el encuadre virtuoso o poniendo en la balanza las extraordinarias interpretaciones que justifican la fama de excelente director de actores que tenía Wyler. Merece la pena recalcar el trabajo del conjunto del elenco protagonista, desde la aclamada Olivia de Havilland (a día de hoy toda una superviviente del Hollywood Clásico) que, caracterizada de manera convincente y en pleno apogeo de su carrera, aborda con éxito su papel de reprimida y acomplejada joven solterona condenada a vivir una existencia oprimida y claustrofóbica por el carácter arrogante y autoritario de su rico progenitor. Un padre, interpretado con brillantez por el reputado actor inglés Ralph Richardson, que no duda en humillar a su hija y ejercer un control absoluto sobre su vida que termina por provocar un tenaz enfrentamiento con el pretendiente encarnado por el icono sexual Montgomery Clift en sus comienzos cinematográficos. También Clift sale bien parado con un protagonista ambiguo cuyas verdaderas intenciones nunca quedan claras, bien sea por exigencias de la casa derivadas de su condición de estrella en ciernes o por mor del dramatismo de la historia. No se puede dejar de mencionar en este reparto a la veterana Miriam Hopkins quien ejerce con gracia y oficio de locuaz casamentera, personaje que funciona como cierto aliviadero del peso dramático de la historia. Si excelentes son las actuaciones no lo es menos la inspirada partitura de Aaron Copland que se hizo con el Oscar en su categoría. No fue el único galardón con el que la Academia obsequió a esta notable película ya que fue un buen aluvión de premios el que se llevó ésta, entre ellos el de mejor película, director y actriz principal.


Un reconocimiento merecido, sin duda, puesto que a la meticulosa, detallista y precisa ejecución de la puesta en escena se une una profundidad dramática basada en la sobria construcción emocional de los personajes que dan fuste a una sinopsis que se desarrolla casi en un único escenario. Una situación a la que Wyler retornaría años más tarde en un tono menor pero igualmente recomendable, firmando algo parecido a un díptico al menos en lo que tocante a este desarrollo argumental en pocos escenarios. Es este aspecto el que nos recuerda el origen teatral de La Heredera aunque sea como fuere queda manifiesto el dominio del espacio de su director, ya con estatus de estrella y que había realizado obras de gran calado como Desengaño, otra incursión psicológica profunda, más si cabe que esta, me atrevería a decir. Estas virtudes se redondean con un diseño de producción exquisito que, por ejemplo, deja espacio para el lucimiento de las prendas de la quizá más conocida sastre de Hollwywood con permiso de Walter Plunkett, Edith Head, mujer de longeva carrera, y, por otra parte, y tratándose de Wyler, no podemos desdeñar la iluminación servida por el operador Leo Tover. En definitiva, una excelente y cuidada recreación de la rígida y amanerada sociedad de finales del XIX de la que James Ivory tomó buena nota, que destaca por ser un ejercicio de cine de calidad, sobrio y sin fisuras, y que para postre concluye con un final agridulce que deja un sabor amargo y, por lo tanto, un poso de melodrama como debe ser. Si alguna vez visita a alguien que dice ser cinéfilo y no tiene una copia de esta película en las estanterías, desconfíe.


Las imágenes y el vídeo se utilizan con fines de ilustración. Los derechos están reservados.

3/3/15

La Isla Mínima


Tenía ganas de acercarme a la goyesca película de Alberto Rodríguez antes de ser goyesca, pero por h o por z el tema siempre quedaba pospuesto hasta que un buen día, ya siendo goyesca la cosa...me quede subyugado (como diría aquél) ante tamaña demostración de poderío fílmico. Oye, tú, mira, esto es cine con empaque, con poso pa que lea la gitana. Todo el mundo con el que comentas la jugada te dice: "la fotografía, qué fotografía", pero, ozú, que el sr. Gutierrez se sale, la historia te atrapa y la música te arrulla como si fuera el canto de todos esos pajaritos y pajarracos (por eso de su gran tamaño, no por otra cosa) que aparecen en pantalla. Sí, tiene un par de detallitos cara a la galería pero es que hasta la historia queda con cordones sin atar, un regalo para los fans del cine negro clásico que siempre somos incapaces de ponerle el lacito al regalo o de abrir por el lugar indicado el sobre de sopa preparada (leáse cualquier artilugio cerrado a cal y canto en cuyo exterior se puede encontrar impresa la enigmática palabra abrefácil). Todo se riega con un chorrito de crónica social de una época pasada pero presente para nosotros que al igual que define al par de policías protagonistas, nos marca en la actualidad (aunque muchos no se paren a pensarlo). Magníficamente ambientada, narrada con mimo y tomándose su tiempo, no me extraña su reconocimiento goyesco o cualquier otro que pueda recibir, y es que sus personajes definidos con maña, las relaciones que se desarrollan entre ellos y la tensión palpable en el medio en el que les toca desenvolverse, me hicieron disfrutar de un rato de cine "mu" bueno. Ah, y seguro que más de uno y de una ha escuchado otro comentario recurrente sobre la película: "y es cine español" (se admiten variantes tipo "parece mentira que sea española", "y es española"). Bueno, pues sí oiga como el aceite y la oliva. Ahora que, ¿saben que España es un país importador de aceite? (acojonante, ¿verdad?). Y me he pasado pero es que La Isla Mínima bien vale la pena.

Los derechos del vídeo deben estar reservados, yo sólo lo pongo para animar a que la vean y eso que el traíler a mí no me "dise ná". 

12/2/15

Trash, Ladrones de Esperanza


Bueno, bueno, iniciamos sección-etiqueta con esta peliculita brasileira-inglesa que chupa rueda de Ciudad de Dios y que intentaré destripar en...105 palabras, ni má ni menos (a partir del punto siguiente, me van a disculpar pero esto era la necesaria intro). Ahora sí, a ello voy, sin más preámbulo ni alharaca podemos decir que es una (aquí -me van a permitir- empiezan las 105 palabrejas) aventura juvenil que juega con la complicidad de situar a los niños en el centro de la acción para desarrollar una historia más que trillada, con todos los tópicos típicos y estereotipos a nivel argumental y de factura formal. Lo primero la acaba volviendo por momentos muy forzada y lo segundo, echemos un ojo al montaje. Un argumento facilito que pretende transmitir de manera amable y moderna un mensaje revolucionario que resulta increíble. Pese al fallido guión y la dirección comercial hay que decir que se consigue que la amistad entre el trío protagonista surja con fuerza. No llega a emocionar pero sí a entretener.

El vídeo es ilustrativo, los derechos están reservados.

29/8/14

Sólo para...(24)

...investigadores y curiosos y...fans de Luis Buñuel.

Las Hurdes (Tierra sin Pan), L. Buñuel, 1933, España.



20/7/14

Testigo de Cargo

Vamos con una del género de la toga que sé que muchos sois adictos y así yo sigo a lo mío, o sea, con el Dr. Wilder. Y es que esto de las películas de juicios engancha y viene de lujo para entretenerse en esta canícula con granizado en la mano (o con un poleo bien calentito en lo más crudo del frío invierno bien arropadito con la manta a cuadros que todo buen hijo de vecino tiene). La del Dr. Wilder no es una excepción y es muy resultona, la verdad. Los aficionados a esto de los juicios que también lo suelen ser al género policial ya encuentran miga en el asunto en la autora de la obra de teatro en la que se basa que es una adaptación propia de un relato corto del mismo título de Agatha Christie. Aunque, todo sea dicho, en esta exitosa y recordada versión cinematográfica destacan otras cosas y la historia queda algo tramposa aunque funciona su misterio con sus efectistas y efectivos giros que conducen a un sorprendente final. La cosa es tan fiesta sorpresa que el estudio añadió un aviso al final de la película en el que pedía a los espectadores que no se contara para no fastidiar al personal que aún no había ido a verla. El argumento de la Reina del Crimen cumple con creces como ejemplo de la clásica obra problema (¿Quién lo ha hecho?) y seguro que a los adeptos al misterio les atrapa pero el Dr. Wilder le añade sus puntos cómicos introduciendo personajes como el de la enfermera (sí, Elsa Lanchester esposa en la vida real de uno de los protagonistas, Charles Laughton*, y novia en la ficción de cierto monstruo**) y otros detalles más sutiles como el juego que da el juez, vamos, una pincelada por aquí y otra por allá, aunque tampoco se puede decir que sea algo tan personal como su Testamento.

Una de las más míticas entradas del "Sine mondial"
Tranquilidad que no voy a decir nada del final (por si aún existe algún rezagado que no la haya visto) pero sí de los actores y actrices y en plan delicatessen/cinéfilo de postín o pedante tal vez para unos cuantos o no tanto para otros que se fijan en estas cosas (que muchos somos en las viñas), sobre el trabajo de Alexandre Trauner. Este es notable como casi siempre y ellos y ellas están "essshtupendos". Un montón de secundarios de nivel y reputación y con más o menos seguidores (Elsa, John Williams -que no sé si también haría sus pinitos con la música en la intimidad, nótese el divertido guiño cinéfilo-, Ian Wolfe, Una O' Connor) y unos protagonistas de primera fila como el sorprendente Tyrone Power que demuestra sus dotes dramáticas, el veterano Charles Laughton que consigue una aclamada y reconocida composición y, por supuesto, la diva Marlene. La Dietrich es una de las indiscutibles diosas-mitos del celuloide, esas figuras de principios del sonoro que han seguido cautivando a generación tras generación, esas actrices que acabaron representando un papel paralelo en la vida real del que bien dejó constancia, precisamente, el Dr. Wilder en El Crepúsculo de los Dioses o en su Testamento. La Garbo, Bette, Crawford o Marlene, unas se recluyeron, otras siguieron al pie del cañón con mejor o peor fortuna y Marlene, pues Marlene, que evidentemente ya no tenía nada que demostrar por estas fechas, estaba por la labor de proseguir con su faceta musical y de vez en cuando se dejaba caer por el mundillo del cine y se ponía delante de las cámaras que tanto la querían. Por los años de Testigo de Cargo estaba entretenida con el gran Burt Bucharach puliendo sus afamados numeritos musicales y en esto del cine le quedaban un par de balas en lo que eran ya y definitivamente sus últimos coletazos cineros. Aquí está espléndida, aun siendo ella misma y para variar víctima de los encantos masculinos. De ella es la película, de ella, de sus piernas -y eso que sólo enseña una- y de su acordeón.

Y ella nos da el juego tartufero porque ¿cuál es la película tardía del Dr. Wilder que éste quería que interpretara Marlene?***
Las magníficas actuaciones (voy a ser original y voy a destacar también a Torin Tatcher haciendo de implacable fiscal) y la eficaz historia, incluido su efectista quiebro final (¡sorpresa!) hacen de esta representativa película de juicios una elección ideal para no calentarse mucho la cabeza y pasar un rato entretenido. Es obligada para los que les gusten las de juicios y los, como dicen los americanos, whodunits. Y ya en modo para curiosos es la última del galán Power y también de la casi octogenaria O' Connor y de las últimas de Marlene y de Sir Charles. Siguiendo con este plan curiosón y añadiendo una más que probable y enfermiza morbosidad la película se puede relacionar con los ataques al corazón ya que no sólo el abogado protagonista de la ficción encarnado por Sir Charles se encuentra convaleciente de uno, sino que el co-guionista Harry Kurnitz, el secundario Henry Daniell y la estrella de la película, el galán Power, murieron víctimas de esta causa. Por cierto ¿sabían ustedes que los herederos de Agatha Christie no autorizan la publicación de sus relatos breves en antologías? Este y no otro es el motivo por el que cuando usted compra una colección de cuentos policiales de diversos autores no ve entre ellos ninguno de la célebre escritora. Resuelto el misterio ya puede comenzar a desplegar sus energías en hacerse con los tartufos puestos en juego o limitarse a ver esta Testigo de Cargo con un granizado en la mano (o un buen té moruno, según el solsticio en que lo haga) y comprobar si el apuesto Vole es o no homicida como diría nuestro ínclito grupo patrio.

Tú desir verdad ¿Dónde estar tartufo?
La lucha por los tartufos es peligrosa
* Parece que esto hay que decirlo, so pena de obviar el Factor X de esta película pero ya digo yo que hay otro con más peso en la trama (mirar izquierda, por favor). Fiuu, fiuuu (silbido) + mirada al techo = actitud de disimulo.

** Juego tartufero: ¿A qué entrañable monstruo me refiero y, atención porque si no se contesta esta segunda parte de la pregunta uno se queda sin tartufo, cómo se presenta en los títulos de crédito al actor  que lo inmortalizó en la película de la reseña enlazada? La pista está en verde. Enhorabuena, si has contestado correctamente es posible que hayas sobrevivido al ladrillo del amigo Ca o que te hayas ahorrado su lectura tras una inteligente interpretación de la pista o que por tu útil -en todos los ámbitos de la vida- sapiencia cinera ya lo supieras y, lo que es más y muy importante, lo hayas podido demostrar. O sea, puedes degustar tu tartufo en paz.

*** Al contestar correctamente esta pregunta además de ganar un tartufo puedes demostrar tu fidelidad a este blog, con lo cual puedes ganar tres ¡sí, tres! tartufos. ¿Quién da más?

No olvidéis que los derechos de las fotos y vídeos pertenecen a sus creadores. Yo sólo las pongo para dar colorido y ambiente al blog.

¡Silencio, silencio, aquí viene su Señoría!

30/6/14

Fedora

Fedora, Billy Wilder, Ale. Occ.-Fr, 1978, William Holden, Marthe Keller, Jose Ferrer.
¡Yaaaa estoooooy aquí de nuevo! ¡Y con algo especial, tú, (para variar) El Testamento del Dr. Wilder! ¡Ná más y ná menos! Pero primero, lo obligado cuando se trata de la película traída a colación en esta entrada: es la penúltima del gran Billy Wilder, todo un mito en esto del cine. Y digo lo de "lo obligado" porque todo el mundo empieza así al referirse a ella. De la última ya se encargó el jefe de este espacio internáutico hace un tiempo, pero la mía es mejor porqué lo digo yo, ¡o-hó! Bueeeno, vale, para gustos los colores, pero la mía es como un testamento, el Testamento del Dr. Wilder. Su mirada sobre una época de la que él mismo fue un elemento destacado se refleja en este melodrama a reivindicar. Por suerte, la película lleva unos años revalorizándose después de su fría bienvenida a finales de los setenta. Y es que se trata de una buena película, no una obra maestra pero sí una sólida apuesta que ha tenido su "revival" en el festival que la presentó en su día. Ale, todos esos seguidores de Wilder que lo asocian a la comedia y que no la hayan visto tomen nota, aunque aquí no se vayan a encontrar con faldas y a lo loco (un título decididamente singular que vamos a dejar como ejemplo de las traducciones de los originales y que en el género prohibido alcanza paroxismo y parecen alucinaciones de viajes psicotrónicos de ácido o de maría, aunque, claro, el cómo se llame a la película en cuestión en ese género quizá sea lo de menos para el espectador, ávido de otras emociones) sí que descubrirán una especie de secuela del crepúsculo, todo un drama psicológico impregnado de nostalgia y con un poso de amargura, una reflexión del Dr. Wilder sobre el Viejo Hollywood que es una ilusión pasada. Y ¡atención! ¿nadie ve en las escenas de la clínica un aire de cine de terror? No sólo por esto:

Desde luego a ningún cinéfilo se le escapa el parecido con el clásico Ojos Sin Rostro, pero y ojo al dato que viene el juego tartufero ¿cuál es la película -siguiente en el tiempo a estas dos- de un ínclito director de cuyo nombre no quiero acordarme en la que se ve un motivo parecido al de estas ambas dos fotos? 
A mí me parece un digno colofón a la carrera del Dr. Wilder este triste y maduro homenaje-reflexión (con algún dardito untado en vitriolo- algo que no puede faltar cuando está el Dr. Wilder por ahí- hacia el ego de las estrellas) y mirada cínica pero comprensiva hacia el Hollywood Clásico que si a finales de los setenta le parecía pasado al Dr. Wilder, imagínate ahora. Además, tiene un aire irreal e ilusorio tan de cine y sale el maduro y alcohólico pero sobrio actor William Holden (de paso recordemos su triste y crudo final en un apunte para morbosos y curiosos, lo sé). Por no decir que la melodramática historia es sólida y pese a su final forzado funciona. Ya se encarga, como tiene que ser, Miklós Rózsa de resaltar el melodrama, ya y, al final,  todo consigue transmitir cierta tristeza y melancolía, emocionar y evocar, que de eso se trata. La música, la nebulosa y vaporosa atmósfera creada con la fotografía de Gerry Fisher que estaba de dulce por aquellos años, el diseño de producción del Maestro Trauner, el consistente guión del Dr. Wilder y su compinche Diamond y, por supuesto y claro está, la manera de contar la historia. Por ejemplo, el impactante final que se conoce desde el principio no es lo importante. Quien quiera poner el misterio en primer plano se aburrirá porque en otro de los muchos guiños al Hollywood Clásico que deja caer el Dr. Wilder en su testamento lo que prima es la manera de contar las cosas y cómo se va desarrollando la tragedia, una narración clásica con un aire enigmático que llega a conmover no fue suficiente a finales de los setenta para enganchar al personal que estaba por otras cosas (ale, quien quiera comprobar los estrenos de esos años que se lo curre y se lo mire por Internet, que no todo van a ser linkeos).

Un Vals (clásico) para una película clásica
Elegir rodar y contar a la manera clásica una historia sobre el mundo del cine, la fama, la vanidad, el paso del tiempo, que contrapone realismo a ilusión, que tiene amor y tragedia en vena melodramática, es una apuesta personal y arriesgada y el público soberano no la digirió muy bien. Una buena historia no puede con los FX y demás y la ilusión se va como el cine clásico, pero el Dr. Wilder se monta una película interesante sin castillo de fuegos artificiales mediante. El Dr. Wilder construye todo a partir de su oficio: dominio narrativo que hace avanzar el drama mediante flashbacks dentro de flashbacks consiguiendo que fluya desde diferentes puntos de vista y movimientos de cámara que recuerdan a otros grandes experimentos de cine dentro del cine. Fedora es conmovedora por el drama que cuenta (¿ven como puede ser una de terror la historia de la niña/hija-doble?) y a los aficionados al cine les toca la fibra por las continuas referencias al Hollywood Clásico. El Dr. Wilder se pone nostálgico y ya de paso nos pone a nosotros ídem también y se gasta una función melodramática decadente, añeja, con una estética como fría y envejecida que ni todo el sol mediterráneo-estival de Corfú es capaz de calentar para quitarle la melancolía (esto no es lo que va a ganar quien solucione cualquiera de los juegos tartuferos de esta entrada pero como muchos estarán pensando en las inminentes vacaciones desde este blog se aprovecha y se proponen destinos sin tener ni puñetera responsabilidad ni idea alguna sobre precios, posibilidades de cada cual y demás y sin cobrar comisión ninguna, no se vayan a pensar). Y eso que las escenas en la isla son luminosas y antagónicas de la oscuridad del bulevar Sunset (de nuevo aviso: no hay publicidad sobre este posible destino veraniego, que el lector decida lo que le convenga o lo que pueda, que en estos tiempos...).

Marthe Keller pese a su controvertida actuación posa con el tartufo bajo la forma de Oscar que se gana El Testamento del Dr. Wilder.
Total, que la película está bastante bien, tiene una especie (mitad y mitad para no discutir) de Fräulein Rottenmeier o de Mrs. Danvers (esto SÍ es promoción), salen cameos, se hacen muchas referencias al mundo del cine y se enseñan cosas de los rodajes (lo que ahora llamaríamos "making-of"). No sé que hubiera sido de todo esto con Marlene (sí, la mismísima diva Dietrich que también sabría lo suyo de la época de esta Fedora á la Garbo) y Faye Dunaway en los papeles principales, como parece ser quería el mismo Dr. Wilder, pero la película es un digno colofón y testamento a la imponente carrera de éste que, por cierto, tuvo que estrujarse las meninges para solventar el tema de las voces de Fedora. No voy a entrar en detalles porque abriría la caja de "spoilers" (que dicho así parece que sean armas de una distopía futurista) pero uno que es sagaz y espabilado se iba preguntando a lo largo de la película y una vez descubierto el misterio si nadie repararía en el tema de la voz de la protagonista. Uno ya barruntaba que una solución y muy propia de las mejores historias de terror/ciencia-ficción podría ser la de achacar la diferencia de timbres a efectos secundarios del fatal tratamiento; en fin, sé que es burdo y propio de -como digo- otro tipo de producciones (ya sabéis, esas cintas que hacen las delicias de muchos) y, claro, el Dr. Wilder lo solucionó de otra manera, tuvo que recurrir a doblar a las actrices (a una para el mercado francés mientras la otra ponía las dos voces y a la otra para el alemán mientras la una "cantaba" por las dos, un lío, vaya, que aumenta cuando en la versión USA una actriz que no sale dobla a las dos que salen). Y ahora voy a permitirme parafrasear al mismísimo Dr. Wilder y voy a decir que Fedora es una buena película (aunque ya lo he dicho-escrito pero aquí viene el parafraseo que da para el segundo juego tartufero*), no es perfecta pero...nadie lo es.

Una pizca de terror: imagina cómo se balancea la silla de ruedas mientras la habitación se encuentra en un silencio sepulcral sólo roto por el lejano pero continuo chirriar de cada ida y venida de las ruedas. El calor reinante que emana de las potentes estufas y la falta de ventilación te enturbian la cabeza. Lentamente la vieja gira la cabeza y su cara te mira directamente a los ojos...
Por fin, el definitivo juego tartufero que se divide en dos partes pero antes el *: ¿qué película del Dr. Wilder nombrada de manera casual en esta entrada es la base del parafraseo? y ahora el último y definitivo en el que hay que poner todos los tartufos: ¿a qué icono mundial de la música recuerda la caracterización de la heroína de la película reseñada?


¿Vio Michael la película y como buen cinéfilo supo apreciar sus virtudes rindiéndole tributo con su imagen?
Y la segunda y más importante  para la cinematografía del lector/a ¿a qué actriz y en qué polémica y denostada película se parece la protagonista de la (nuestra) historia del Dr. Wilder?


Casi veinte años después la gran Fedora confirma la amenaza de su mirada y pasa al ataque. (¿Existe Fedora? Nuevo elemento de terror, ¿será verdadera esta truculenta historia?)

Recordad que los derechos de las fotos y vídeos tienen propietario. Aquí nos sirven para ilustrar el asunto, nada más. Hablando de vídeos y ya que ha salido Michael, vamos con él pero de jovencito: