31/5/13

26/5/13

Forajidos


The Killers, Robert Siodmak, 1946, EEUU, Burt Lancaster, Ava Gardner, Edmond O'Brien.

Como no podía ser de otro modo una obra que reúne muchos de los elementos definitorios del género negro acaba convirtiéndose en contundente arquetipo del mismo. Forajidos es un decálogo negro con todas las de la ley. Una estructura narrativa desarrollada mediante analepsis, una línea dramática subrayada con estallidos de violencia extrema o un relato por el que deambulan personajes prototípicos (mujer fatal o delincuente simpático) que dan cuerpo al desencanto que dominaba la sociedad norteamericana inmediatamente posterior a la II Guerra Mundial, son piedras angulares del negro más puro y están presentes, entre otras constantes vitales del género, en esta muestra del mismo. Precisamente, en el catálogo de caracteres que pueblan el universo oscuro dibujado por el realizador de origen europeo Robert Siodmak, que se apoya en las sombras estilizadas del operador Elwood Bredell, surge un paradigmático ser, encarnación del fatalismo que sobrevuela las ficciones criminales, un auténtico perdedor que no puede más que aceptar su destino. El Sueco, interpretado por el debutante Burt Lancaster, ocupa un lugar privilegiado en la galería de personajes del género. Pero también los dos "profesionales" han adquirido peso singular en el devenir de los relatos criminales hasta el punto de influenciar su iconografía actual (veáse el trabajo del celebérrimo, para las generaciones de hoy, Quentin Tarantino).

Pero ¡ay! El Sueco...un tío normal que acaba atrapado en su propio destino, un "looser" de todas todas que no puede sino sucumbir y convertirse en marioneta ante la depredadora felina que no duda en utilizar sus atributos naturales para manejar los hilos de la vida del desdichado. Es El Sueco el que representa el drama de la desesperanza que supone esta oda al fatalismo. El pesimismo de buena parte de la sociedad norteamericana se encuentra en la actitud resignada de este hombre cuya verdadera muerte ya se había producido antes de la llegada de los matones y es que el destino se desliza por los vericuetos de la trama contada de manera canónica. El Sueco pierde la batalla contra Tánatos (encarnada en Kitty Collins, la voraz Ava Gardner de camino al estrellato) y no es víctima de las Keres (la pareja de fríos ejecutores). El Sueco se mueve en la clásica ambigüedad moral de los grandes protagonistas del género y cuenta también con la rica complejidad psicológica que los suele caracterizar. Un gran personaje para una notable película que no alcanza la excelencia por algunos deslices, en parte derivados por la dificultad en desarrollar la narración con flash-backs contados por los diferentes caracteres, circunstancia que en determinado momento deja al relato como inverosímil y forzado. No obstante, Forajidos es una obra seca y dura. Un magnífico molde de cine negro que años más tarde disfrutaría de una también espléndida revisión a cargo de Don Siegel, realizador que trabajó en el primer tratamiento del guión y que se sacó la espina de no ser elegido para dirigir esta primera adaptación para el celuloide del relato corto homónimo escrito por Ernest Hemingway. Fue Robert Siodmak, cineasta asociado al género negro y de amplia trayectoria en el mudo alemán y en la Serie B americana, el que se encargó de dirigir la función ideada por el Nobel y auspiciada por otro nombre relevante para el "noir", Mark Hellinger, quien ya había firmado el libreto para algunas películas de temática criminal y producido otros títulos de frontera entre el cine de gánsteres y el cine negro. Cabe decir que Siodmak despliega la historia tejida por  el guionista Anthony Veiller (con la inestimable colaboración no acreditada de John Huston -otra figura del género- y al parecer, también, de Richard Brooks) con fuertes tonos expresionistas y una estilizada iluminación, moviéndose por el distrito urbano propio del género. Un tipo de cine que bebe de relatos dominados por avaricias y traiciones y se alimenta de aspectos formales como el uso de la profundidad de campo o los encuadres inusuales. Sustentos que se sirven en este plato bien condimentados, incluso el deporte quizá más negro, el boxeo, tiene cabida en el guiso. Siodmak logra filmar con maestría absoluta el atraco y alcanza brillantez en otros momentos como el del restaurante en el que se encuentran el agente de seguros, empeñado en solucionar el misterio que sirve de motor a la acción (encarnado por el versátil Edmond O'Brien), y la mujer fatal que lanzó la carrera de Ava Gardner.


Un prólogo alucinante que supone uno de los inicios más reconocidos de la historia del género (y del cine) sitúa las coordenadas de la obra en la violencia más feroz y sirve para fijar en la pareja de pistoleros la personificación del destino, fuerza dominante de la narración ya que la obra está marcada por el fatalismo definitivo. La reconstrucción de la vida del protagonista cuya actitud ante la muerte da pie a la encuesta que inicia el investigador demuestra que la voluntad del hado es sobrenatural y abrumadora. Poco se puede hacer ante ella, nada cuando su brazo ejecutor es una mujer colmada de codicia, podrida hasta el alma como dictan los mandamientos, veneno mortal para los que gravitan a su alrededor y capaz de cualquier cosa por alcanzar sus deseos. La serie de flash-back "à la Kane", elemento habitual en el género y  que hilvana la narración resuelve el misterio de la conducta del protagonista, aporta hondura dramática y significación narrativa e informa del peso del destino en la vida de las personas. El pesimismo inherente al género deja su poso en esta historia de pasión, amor y obsesión, de atracos y traiciones, de avaricia y ambición. Una obra que bien podría ser inmejorable elección para adentrarse en el cine negro. Esta quintaesencia del género podría completarse en un programa doble con su hermana menor que reúne unos años más tarde a algunos de lo miembros principales de este gran éxito de público y crítica, de nuevo bajo los auspicios de Hellinger Siodmak, Lancaster y el compositor Miklós Rózsa, cuyo trabajo en esta Forajidos es notable, volverían a coincidir para conseguir otro interesante ejercicio negro.


Las imágenes se han encontrado en la Red tras búsqueda con Google y se utilizan únicamente con fines de ilustración. Los derechos están reservados por sus creadores.


18/5/13

Sólo para (9)...


...investigadores y curiosos.

La Sonriente Señora Beudet (La Souriante Madame Beudet), G. Dulac, 1922, Francia.




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11/5/13

Sólo para...(8)


...investigadores y curiosos.

Las Dos Huérfanas (Orphans of the Storm), D. W. Griffith, 1921, EEUU.



5/5/13

Arde Mississippi


Mississippi Burning, Alan Parker, 1988, EEUU, Gene Hackman, Willem Dafoe, Frances McDormand.

Película que supuso uno de los mayores éxitos comerciales de finales de los ochenta, refrendado con unas cuantas nominaciones y algún premio mayor en varios certámenes (Oscar, BAFTA, Berlín), Arde Mississippi levantó cierta controversia en el momento de su estreno en su país por el tratamiento que acomete sobre los hechos reales en los que está basada. El asesinato de Michael Schwerner, Andrew Goodman y James Chaney en pleno apogeo de la lucha por los Derechos Civiles en los EEUU sacudió los cimientos de la sociedad norteamericana y se convirtió en un caso mediático de primera magnitud, uno de los acontecimientos que precipitó la firma de la Ley de Derechos Civiles de 1964 y que ha dado pie a varias adaptaciones tanto en el cine como en la televisión. Ahora bien, quizá quien espere encontrar en esta propuesta de Alan Parker una descripción concienzuda sobre el hecho histórico o una reflexión honda que se acerque a una situación social de indudable interés y trascendencia debería optar por el visionado del más reciente documental Neshoba, testimonio que alcanza mayor interés histórico-social combinando material de archivo y contemporáneo para constatar la evolución que en el seno de la sociedad que albergó el incidente ha desarrollado el racismo desde los tiempos del suceso hasta hoy y documento que recoge los esfuerzos por reabrir el caso que, llevados por parte de la población civil del Condado de Neshoba, culminaron con la condena por asesinato de Edgar Ray Killen, uno de los implicados en el linchamiento perpetrado cuarenta años antes. Dicho esto, cabe subrayar que no parece situarse en la base de la película de Parker intención alguna, ni mucho menos por parte de su guionista, Chris Gerolmo, en arrojar luz sobre el grave asunto, así como tampoco la de analizar en detalle la situación ocurrida, sus claves o condicionantes o en provocar una reflexión exhaustiva sobre "Jim Crow". Vaya por delante que la opción escogida por Parker es una manera válida de presentar los hechos aunque adolezca de una excesiva dramatización y se apoye en recursos efectistas y manidos. Si bien es cierto que la fuerza potencial del sujeto de la película no acaba de ser aprovechada pese a las buenas intenciones también lo es que el producto se acaba conformando como entretenido y nunca cae en la violencia gratuita. Existe una evidente labor de documentación, se consigue una notable recreación histórica y los personajes cobran vida a través de unas correctas interpretaciones, poderosas como la de Gene Hackman (su amigo Dustin Hoffman se llevó el Oscar al que estuvo nominado), tiernas y hondas como la de la estupenda Frances McDormand (en su "debut" para el gran público y cuyas escenas con Hackman destilan un aroma especial), serenas y prácticas como la de Willem Dafoe (llegando a la cima de la popularidad tras su irrupción como el Sargento Elías en Platoon) o sorprendentes como la de Michael Rooker (hoy disfrutando de enorme popularidad merced a la serie de TV basada en el estupendo cómic de Robert Kirkman, Los Muertos Vivientes). Los anteriores son motivos suficientes para valorar el disfrute de Arde Mississippi que, además, tiene el valor de descubrir o presentar ante la mayoría un hecho histórico, grave y polémico, delicado e ignominioso. Y relativamente reciente.


Es cierto que Alan Parker no ahonda en la materia y que trata el Movimiento por Los Derechos Civiles de soslayo (la visión que sobre el papel que los propios negros ejercieron por sus derechos se situó en el ojo del huracán de muchas de las críticas que recibió la película), que opta por un desarrollo narrativo convenientemente dirigido en el que interpreta situaciones con indisimulada impostura para dotarlas de mayor impacto dramático y que, derivado de ello, la línea argumental no acaba de saber acercarse al hecho, más bien se decanta por elaborar la típica apuesta de la investigación llevada por la pareja de policías o agentes de caracteres antagónicos que comienzan su relación con tirantez para acabar en el respeto mutuo, salpimentada con los correspondientes choques originados en sus diferentes concepciones vitales y aderezada, por supuesto, con la oportuna subtrama romántica (que en esta ocasión se inserta plenamente en la narración con el papel fundamental  y "ad hoc" que en el caso desempeña el personaje femenino, caracterizado a vuela pluma como amiga de los negros en una sospechosa maniobra del artificioso libreto para justificar sus motivaciones). Todo ello está en Arde Mississippi, si bien se evita en su conjunto el exceso sentimental o melodramático. La película podía dar más de sí, sin duda, pero la sensación final con la que se queda el espectador es la de haber presenciado un producto correcto. Una película ligera y de fácil digestión sobre un episodio que forma parte de un hecho histórico de indudable trascendencia. Claro que la elección de Alan Parker para dirigir una obra ya apunta hacia los derroteros que va a tomar el resultado final. El realizador inglés proveniente del campo de la publicidad, y del que, por cierto, aún esperamos una gran película, acomete la empresa a través de una dirección comedida que no despliega grandes fuegos de artificio pero que no aporta hondura ninguna al estudiado guión de Gerolmo, aspecto que redunda en el tono comercial y fácil de la obra. Es mucho suponer que la conexión con el tema que podía sentir Parker por motivos de cualquier  tipo, como, por ejemplo, ser gran amante de la música afroamericana (recordemos Los Commitments, un sentido homenaje al Soul) elevara sus prestaciones y su capacidad cinematográfica hasta la excelencia pero el director que participó con las andanzas de un grupo de  jóvenes en una escuela de Artes Escénicas (Fama) en el renacer del musical acaecido a finales de los setenta y principios de los ochenta (Fiebre del Sábado Noche, Hair, Granujas a Todo Ritmo) y que cuenta en su filmografía con productos tan exitosos como El Expreso de Medianoche, aquí se limita a cumplir sin profundidad emocional, histórica, social, dramática o narrativa alguna. Tan sólo apostar por la emotividad cómoda y vista tantas veces hace que Arde Mississippi se quede en su condición de obra menor, entretenida y que, eso sí, tiene el mérito de subrayar un apunte sobre una inmoral y abyecta realidad. Salvando las distancias no estaría de más considerar que en la actualidad ciertos derechos parecen inalienables y consolidados. Conviene recordar de cuando en cuando que en otros momentos no fue así antes que alguien actuando presto y en avieso nos lo haga entender a las bravas y, quizá, no haya que mirar muy lejos para esto. En este sentido, Arde Mississippi funciona como chivato agradable: objeto interesante, buena ambientación, notable fotografía a cargo de Peter Biziou y más que correctas actuaciones que dan cuerpo a unos personajes de estereotipada caracterización, salvan el rutinario y efectista desarrollo de la narración culminado con la solución que aboga en la más fiel tradición populista por los métodos expeditivos para resolver los conflictos.


Las imágenes se han encontrado tras búsqueda con Google y se utilizan únicamente con fines de ilustración. Los derechos están reservados por sus creadores.